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María San Gil: “Si fuésemos conscientes del potencial de fe, cultura e historia de la Hispanidad seríamos imbatibles”

Entre el 13 y el 15 de noviembre se celebrará en Madrid el XXVIII Congreso de Católicos y Vida Pública, que este año abordará el fenómeno de la Hispanidad desde las perspectivas religiosa, cultural, social y política, poniendo en valor el gran tesoro compartido por los pueblos de ambos lados del Atlántico, cuya riqueza no siempre se ha reconocido suficientemente.

Por Javier Lozano

María San Gil dirige por primera vez en solitario el congreso anual organizado por la ACdP, que en esta edición se centrará en una cuestión que toca a todos muy de cerca: América y España: La fe nos une. Un viaje de ida y vuelta .

San Gil, que durante años se jugó la vida en el País Vasco defendiendo la libertad, ha charlado con Misión sobre estas jornadas que pretenden impulsar la Hispanidad como una respuesta a una sociedad occidental en decadencia. Una civilización forjada por una fe que puso siempre en primer lugar la dignidad de las personas y que propició el surgimiento de una cultura común a ambos lados del océano.

Políticos, periodistas, académicos, líderes de la sociedad civil y representantes de numerosas realidades de la Iglesia se darán cita en un congreso que se celebrará en Madrid y cuyas inscripciones están ya abiertas.

¿Por qué han elegido este tema para el Congreso?

La relación con nuestros países hermanos de América está un poco abandonada. Tenemos un punto de fortaleza impresionante, que es la civilización conjunta que creamos, pero muchas veces estamos más pendientes de creernos la Leyenda Negra que de poner en valor los lazos que nos unen: 500 años de historia común, una lengua, una cultura y una misma fe. Por eso había que hablar de la Hispanidad.

¿Qué tiene que decirnos hoy el concepto de Hispanidad?

Hablamos de los lazos que nos unen a un lado y otro del Atlántico. Dice el manifiesto de este congreso, y así quiero expresarlo yo, que “la Hispanidad no se agota en el ámbito político ni en las relaciones entre Gobiernos y naciones. Exige un cambio de actitud profundo, radical si es preciso, para defenderla, expandirla y desarrollarla, y exige también una dimensión cultural y moral a la altura de su historia: reconocer que la fe ha sido uno de los cimientos más firmes de esa civilización, y que recuperarla en el centro de nuestra vida pública es parte esencial de la respuesta a la crisis que atraviesa Occidente”.

¿Debe trascender las coyunturas actuales?

La Hispanidad no tiene que depender de quien gobierne en México, en Chile o en España. Esos cimientos son mucho más profundos y van más allá de los vaivenes políticos. Con este congreso queremos poner en valor ese cordón umbilical que nos sigue uniendo y que es irrompible.

¿Qué papel ha tenido la fe?

La fe lo impregna todo en relación con la Hispanidad. Es un pegamento fundamental que todo lo une. Y aquí hay que destacar la figura de Isabel la Católica, para la que la fe fue desde un primer momento un elemento clave. Sin esta fe no habríamos sido capaces de mantener durante quinientos años este nexo que tenemos unos con otros. De ahí se deriva toda una cultura.

¿Llegará a ocupar algún día la Hispanidad el lugar que le debería corresponder en el mundo?

Nos falta creérnoslo. Yo creo que sí. Queremos, sobre todo, poner en valor el potencial que tenemos y la civilización tan estupenda que somos. Ahora vemos que Europa está en decadencia debido al relativismo y al individualismo. A una sociedad carente de valores, ¿qué la salva? La fe.  Nosotros somos países de tradición católica y esto es lo que nos va a dar la fuerza y la unión para que, en algún momento, podamos actuar unidos. Es verdad que hay muchas coyunturas en muchos países, y que quizá no podamos actuar como un bloque, pero sí podemos hacer que las cosas que nos unen sean lo suficientemente potentes. Mira cómo los anglosajones presumen siempre de lo suyo.

¿Necesitamos también un chute de autoestima?

Claramente. Nuestra historia tiene luces y sombras, como todas, pero no nos quedemos sólo en las sombras. Tenemos muchas más luces: grandes conquistadores, religiosos, académicos y artistas que han ido allí, y luego mucho de todo eso está también volviendo ahora.

¿Cómo sería el mundo si consiguiéramos plasmar este ideal?

Si tuviéramos la fe como pilar de nuestras vidas, el mundo sería muchísimo mejor. Si cada uno de nosotros empezara a ser consciente del potencial de fe, cultura e historia que tenemos en América y España, verdaderamente seríamos imbatibles. Isabel la Católica fue una visionaria: una mujer del siglo XV que tuvo la visión de entender que las personas del otro lado del Atlántico eran personas con toda la dignidad que les confería el hecho de ser seres humanos. Y fue así porque lo veía desde una fe muy profunda que le hacía ver que todos éramos iguales.

Ya ha citado a Isabel la Católica dos veces…

Sí, porque ella no puso en marcha una conquista, puso en marcha una civilización, como dice el manifiesto. Con ella empieza todo. Lo cito de nuevo porque lo explica muy bien: “Isabel la Católica lo fundó, la historia lo pensó, las Leyes de Indias lo escribieron, quinientos años de instituciones compartidas… Solo nos queda estar a la altura de lo que hemos heredado y hacerlo crecer, porque juntos somos más fuertes”. Es que es así.

Además de la reina Isabel está la Escuela de Salamanca. ¿Es otro espejo en el que deberíamos mirarnos?

Sí. Es otro caso en el que no tenemos que irnos tan lejos. A veces buscamos referentes o liderazgos en otros sitios, en otras culturas, y dices: “Pero si lo tienes aquí, son nuestros”. Pero nos cuesta. Nos falta un poco el chauvinismo de los franceses. Si los franceses hubieran hecho esta gesta…

En el congreso habrá políticos de distintos países. ¿Esta transformación debe darse desde arriba o debe provenir de la sociedad civil?

A mí me ha tocado jugar los dos papeles. He sido política y ahora soy sociedad civil. Cuando estaba en política creía que eran los políticos los que cambiaban el mundo. Ahora que soy sociedad civil, pienso: “Muy bien, pero ¿los ciudadanos de a pie no podemos hacer nada?”. Creo que cada uno de nosotros tiene que asumir el papel que le corresponde y tener el protagonismo social que le toca. Nuestra área de influencia es pequeña, pero la tenemos. Creo que eso también es un aldabonazo para que todos nosotros sintamos que formamos parte de esta Hispanidad, que al final tiene que ser algo mucho más fuerte que nosotros.

¿En España es posible que haya cambios desde la política?

En el programa del congreso aparece Hernán Larraín, que fue ministro de Justicia en Chile; Adriana Tudela, que ha sido congresista en Perú; y también la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, que es una mujer extraordinaria. Todos ellos son políticos católicos y nos muestran una carencia que hay en España: tenemos muy pocos políticos que se declaren católicos. Es curioso, porque en otros países del mundo no les preocupa denominarse católicos, hablar de Dios y tenerlo muy presente. Creo que también es ejemplarizante ver cómo en tres países de Hispanoamérica hay políticos que han declarado su catolicidad de una forma absolutamente transparente y no les ha ido mal.

¿Cree que la gente joven empieza a tomar más conciencia de nuestra historia?

Muchos jóvenes a los que se les han hurtado el sentido trascendental de la vida lo están buscando. Son jóvenes a los que no se les ha hablado de Dios y que se dan cuenta de que en esta sociedad ultramaterialista en la que tienen de todo, les falta lo más importante. Creo que eso son brotes verdes. No hay un cambio generalizado, pero es algo que nos indica que las cosas están empezando a cambiar. El congreso también quiere contribuir a que todos esos jóvenes que buscan algo más encuentren esta historia, de la que ellos también tienen que sentirse orgullosos.

Para más información sobre el XXVIII Congreso de Católicos y Vida Pública

Para inscribirse al congreso pinche aquí

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