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MARK TWAIN

Mark Twain: tres libros para conocer de jóvenes y amar por siempre

Mark Twain, uno de los escritores más universales, nos dejó obras que han hecho volar la imaginación de millones de adolescentes. Su obra incluye un título más desconocido que él mismo consideró el mejor y que está centrado en su admirada santa Juana de Arco.

Por Miguel Sanmartín Fenollera

Mark Twain (1835-1910) es el más célebre de los escritores estadounidenses y, con toda probabilidad, el más leído. Abandonó muy pronto el pequeño pueblo de su infancia, Hannibal (Misuri) para formarse como impresor, pero su espíritu inquieto le llevó a pilotar barcos de vapor en el Misisipi, a buscar oro en Nevada y, finalmente, a ejercer como reportero.

Más tarde, una vez instalado en la fama, viajó por Europa impartiendo conferencias y escribió libros que sorprendieron y maravillaron al mundo, repletos de un humor refrescante e impregnados de un espíritu entrañable y pasión por las cosas bien hechas.

Tom Sawyer y Huckleberry Finn

Sin embargo, su mayor fama se debe a sus novelas juveniles. Para deleite nuestro y de nuestros hijos, recreó en ellas los días de su infancia y adolescencia a orillas del río Misisipi, encarnando aquellas vivencias en dos de las figuras más queridas de la ficción infantil y juvenil: Tom Sawyer y su amigo Huckleberry Finn.

Sus peripecias se recogen en dos obras que, según muchas voces autorizadas –entre ellas la de Hemingway–, marcaron el inicio de la literatura estadounidense moderna: Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn. Dos clásicos de las letras universales; dos obras maestras con las que Twain nos devuelve, con nostalgia y gozo, a una infancia auténtica donde los niños conforman su propio universo y escapan del confinamiento de los horarios, supervisiones y controles de los adultos; un mundo donde los chicos son como deberían ser.  

Tom Sawyer y  Huckleberry Finn nos devuelven a una infancia auténtica

Tom y Huck representan a cualquier niño digno de ese nombre y son vívida expresión de lo que siempre hemos entendido como infancia. Les aseguro que sus hijos se verán reflejados en ellos nada más comenzar la lectura y no querrán dejar de leer (aunque, ciertamente, la historia de Huck encierra una mayor complejidad moral).

La campesina santa

De aquella niñez idílica, Twain rescató también otro recuerdo, singular y atípico en él dado su conocido escepticismo  y con el que nos brindó un regalo adicional. En uno de aquellos días de su infancia en Hannibal, el viento arrastró hasta sus manos un trozo de papel que relataba la historia de una campesina que tenía trato con los ángeles. 

A pesar de su éxito mundano, el escritor nunca olvidó a aquella muchacha que escuchó voces celestiales, comandó un ejército, ganó batallas decisivas, revivió a una nación moribunda y coronó a su rey, y a quien, como pago a tal entrega, encarcelaron injustamente y quemaron cruelmente en una hoguera: una santa de nombre Juana. La admiración y compasión que Twain sintió en su juventud por aquella campesina analfabeta, capaz de cambiar el destino de una gran nación, lo acompañaron siempre.

Ya en su madurez y en la cima de la fama, le dedicó un libro: Recuerdos personales de Juana de Arco. Según su propia estimación, este fue el mejor libro que jamás escribió y el pináculo de sus logros literarios. Una obra que sus hijos adolescentes también deberían leer.

Según el propio Mark Twain, su obra sobre Juana de Arco fue el mejor libro que jamás escribió

De estos tres títulos de Mark Twain me atrevo a afirmar lo que un famoso crítico dijo una vez de uno de ellos: “Hay pocos libros que podamos llegar a conocer tan jóvenes y amar durante tanto tiempo…”. Que así sea.  

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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