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Mercedes Salisachs, la redondez del cuadro

En Misión vamos teniendo historia. Y estamos orgullosos de que un cuento escrito para nuestras páginas diese lugar a la novela El cuadro (Libros Libres, 2011) de Mercedes Salisachs (Barcelona, 1916-2014). Nos reconocemos en ese libro por su cuidado literario, por su valiente mensaje a favor de la vida, y por la energía de su autora, una de las escritoras más longevas en activo hasta su muerte.
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Por Enrique García-Máiquez

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Se cumplen ahora 10 años de la publicación por la editorial Libros Libres de aquella novela “tan nuestra”: El cuadro. Escrita cuando Mercedes Salisachs tenía 94 años, bosquejó su argumento en el relato “El niño que buscaba un padre”, que publicamos en el número 17 de Misión. En su prólogo, nada menos que el sabio Carlos Pujol señala que: “el secreto de la literatura está más en lo que se sugiere que en lo que se dice”; y nos adelanta que, aunque “se titula escueta y enigmáticamente El cuadro […] también hubiera podido llamarse La búsqueda”.

Se sobreponen dos tipos de ocultamiento en la breve novela: el del secreto y el del misterio. El primero nace de la delicadeza de la autora frente a la dureza inicial del argumento. El segundo, a través del asombro y la oración, de la trascendencia casi inefable. Gracias al secreto, Salisachs nos cuenta los aspectos graves de la historia de Elena sin ñoñerías, pero sin ninguna morbosa delectación. Se trata de un equilibrio magistral, ejemplar.

Cuando tiene que cambiar de registro y la historia se adentra –con pies descalzos– por lo sobrenatural, el secreto se disuelve en una sobrevenida insignificancia. Se enciende el misterio, y la escritora hace la transición sin que le tiemble el pulso. El temblor existe, sí, pero es el de nuestra alma a flor de piel. Decía el poeta A. E. Housman que, al final, la única prueba definitiva de la calidad de un texto literario era la piel de gallina. Y esta novela nos la pone.

No era fácil, por lo duro del secreto y por lo hondo del misterio. En unas manos menos expertas, el relato hubiese naufragado en esa contradicción extrema. A lo que hay que sumar su explícito mensaje religioso y, todavía más difícil, descaradamente provida. Los personajes, a pesar de tanto velo pudoroso y tanto silencio ante el misterio, se permiten este diálogo inusitadamente claro: “Así que piensas tenerlo”, le dice una “amiga”. Y contesta Elena: “Naturalmente. No voy a matarlo”. También zanja con contundencia los consabidos argumentos socioeconómicos: “Tener un hijo siempre enriquece”. Quizá esta conversación suponga la línea en la que se acaban los secretos y comienzan los misterios.

Salisachs salva las fronteras y las contradicciones. Quizá porque hace pie firme en la perfecta naturalidad de la relación maternofilial. Ahí, aunque hay silencios, no hay ni secretos ni misterios. Por seguir el juego propuesto por Carlos Pujol, yo más que La búsqueda hubiese titulado al libro El encuentro o Los encuentros, porque hay varios. Aunque el mejor título es el que tiene: El cuadro, que salió redondo.

La diferencia
A la vez que celebramos los diez años de la novela de Salisachs, hemos de alegrarnos de la traducción de un libro de relatos de Marisa Madieri (Fiume 1938 – Trieste 1996): María y otros relatos (Minúscula, 2021). Comparten ambas la delicadeza de sus respectivas voces femeninas sin afectación ni impostura, pero, sobre todo, la militante postura provida. El relato de Madieri “El ángel con alas” es como para que este Gobierno abortista lo prohibiese. Pocos textos tan inocentes y alegres, pero, en efecto, después de leerlo resulta difícil defender el aborto. Todavía son más asombrosas las similitudes entre El cuadro y el relato que da título al libro de Madieri, María, aunque en este pesan, por desgracia, mucho más los secretos que los misterios. Por eso, el final de uno es tristísimo; y el de Salisachs es radiante. Esa es la diferencia, pero las autoras comparten dos elementos esenciales: el reconocimiento de la sacralidad de la vida desde su inicio y la convicción de que ni la dignidad de las mujeres ni sus derechos son rivales del feto, sino sus defensores últimos y sus primeros beneficiados.

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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