Por Javier Lozano
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
“Estas semanas de misiones en Argentina han sido una experiencia inolvidable, de la que he sacado unos aprendizajes enormes que me van a ayudar muchísimo. Ha sido un antes y un después en mi vida”. Este es el testimonio de Adrián Cameo, uno de los jóvenes estudiantes de la Universidad Francisco de Vitoria que ha decidido dedicar, o mejor dicho invertir, sus vacaciones de verano a ir a las misiones que cada año organiza la universidad para ofrecer a sus alumnos una formación integral, más allá de lo académico. Las misiones de la UFV siguen creciendo y este año se han realizado en países como México, Paraguay, Marruecos, Etiopía, Argentina, Tanzania, Uganda o Kenia, a las que han respondido más de 200 entusiastas estudiantes.
Un choque de realidad
El grupo de Adrián ha estado en dos villas miseria, nombre por el que se conocen las barriadas más pobres de la ciudad de Buenos Aires. Concretamente en Villa Soldati y en Ciudad Oculta, lugares donde la pobreza extrema, la abundante delincuencia y los efectos de las drogas marcan el día a día de sus vecinos. “Ir a las villas ha sido un choque de realidad enorme: no estamos acostumbrados a ver tanta pobreza en el día a día y todo lo que ello supone. Comparar las vidas de los chicos de allí con las nuestras en España te da que pensar y mucho”, asegura a Misión este joven de 19 años y estudiante del Grado de Dirección Internacional de Negocios, que decidió acudir a las misiones de la UFV como agradecimiento por todo lo que ha recibido.
“Pese a su pobreza siempre tienen algo que dar a los demás con alegría”
En estas villas han ayudado a los sacerdotes en su trabajo evangelizador y, además, atendiendo a una inabarcable cantidad de necesidades materiales. Adrián colaboró en el Hogar de Cristo, un centro de la Iglesia para personas con graves adicciones a las drogas. Los datos de Ciudad Oculta son aterradores: el “paco”, una droga realizada con pasta de cocaína y tremendamente adictiva, llegó a “enganchar” al 80% de la villa. En este centro, los jóvenes españoles acompañaron a los usuarios, organizaron talleres y echaron una mano en el comedor social. Y por las mañanas llevaban comida a personas mayores.


Recibir más que dar
“Un momento muy especial para mí se produjo durante la despedida con uno de los chicos del Hogar de Cristo. Me dijo que se acordaría de nosotros, que no éramos conscientes del bien que hacíamos a la comunidad yendo a ayudarles, que es un apoyo que les da esperanza para seguir luchando cada día y no caer de nuevo en las adicciones”, comenta emocionado.
Lo que tienen las misiones, y que han podido experimentar Adrián y el resto de estudiantes de la UFV, es que al final acaban recibiendo más de lo que dan. Esta es la lógica del cristianismo y que se cumple también aquí. “Lo que más me ha llamado la atención de las misiones es que las personas, aun viviendo en condiciones de gran pobreza, siempre tienen algo que dar a los demás, y lo hacen con una alegría y una esperanza que ojalá todos tuviéramos”, añade este joven.
¿Repetiría? “Sin pensarlo”, responde veloz Adrián. Y deja un mensaje para todos: “Ir a las misiones es algo que todo el mundo tendría que hacer al menos una vez en la vida”.
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





