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Testimonio Provida

Eneida Martínez, víctima de la cultura del aborto: «El día que di a luz a mi hija, volví a nacer»

Eneida Martínez se quedó embarazada de manera inesperada estando sola en un país que no era el suyo. Llevada por la corriente del “empoderamiento” de la mujer, abortó a su hijo convencida de que aquello era lo correcto y su única salida. Esto ocasionó que “muriera, aunque seguía respirando”, como ella misma dice. Pero Dios se sirvió de todo para acercarla a Él y está sanando su maternidad.

Por Alicia Gómez-Monedero / Fotografía: Dani García

Eneida, hoy sonríe, pero su vida no ha sido fácil.

Así es, soy la última de cuatro hermanos. De pequeña sufrí el abandono de mi padre, la pobreza extrema, la ausencia de mi madre –que estaba trabajando para poder sacarnos adelante– y el maltrato de mi pareja. En Colombia tengo dos hijos a los que cuida mi madre, ya que me puse a trabajar y a formarme para poder darles una vida mejor que la que tuve yo. Me hablaron de la posibilidad de salir del país para tener más oportunidades de éxito y llegué a Madrid en 2019.

Y se quedó embarazada. 

Conocí a un chico, nos fuimos a vivir juntos, pero después de unos meses la relación empezó a ponerse tensa, con faltas de respeto. Estaba decidida a dejarlo cuando me enteré de que estaba embarazada. Se me vino el mundo encima. Él me dijo que hiciera lo que quisiera, pero que la relación tenía que acabar y me habló de una amiga suya que había abortado.

¿Consideró esa opción?

Me pusieron en contacto con una trabajadora social que me aseguró que el aborto era gratuito y que estaba tomando la mejor decisión. Hizo el papeleo y me proporcionó un sobre con información por si me echaba para atrás. No lo abrí por miedo, y firmé la autorización para la intervención.

¿Qué recuerda de ese día?

Era agosto de 2021. Estaba muy nerviosa. Me recibió una enfermera con cara de pocos amigos. Recuerdo que había más chicas y que estábamos todas en unas camillas donde nos ponían la vía. Una de ellas estaba con su madre, y ahí mi corazón se enfrió del todo al recordar que mi madre me había advertido de que no tuviera más hijos. Me invadió el dolor que me causaba pensar en ella. Me hicieron una ecografía que yo no pude ver ni oír. Empecé a hacerle preguntas a la enfermera, pero me dijo que me callara. Entré llorando al quirófano, no eran capaces de calmarme. El médico se enfadó, así que me pusieron la anestesia por la vía, en lugar de por la mascarilla. Lo último que vi fue su cara. Recuerdo que pensé que iba a morir. Me encomendé a la Virgen, como me había enseñado mi abuelo de niña, y le pedí que, si moría, cuidase de mis hijos y de mi madre.

«Solo me salía agradecimiento, Dios me había dado un corazón nuevo con este embarazo»

Pero despertó.

Sí, en la camilla de un hospital y llena de sangre. Había tenido una hemorragia durante la intervención y me tuvieron que trasladar e ingresar. Estaba muy nerviosa. Entró una enfermera que trató de tranquilizarme. Le pregunté si ya no estaba embarazada y ella me respondió que no. Me puso un rosario en la mano y me dijo: “No te preocupes, la Virgen todavía te está esperando”.

¿Después su vida siguió igual?

Para nada, me dejé el corazón en ese abortorio. Eneida seguía respirando, pero ya no era la misma. Había muerto y nada tenía sentido para mí. Me volví una persona fría, comencé a tener ataques de ansiedad y de pánico, e incluso intenté quitarme la vida.

¿Logró superar esa etapa?

Sabía que no podía seguir viviendo así, entonces llamé a una amiga que tenía relación con la asociación Lazos de Amor Mariano y me invitó ese mismo viernes a un rosario. Allí sentí mucho alivio, aunque recuerdo pensar que no merecía estar en la presencia de Dios. En ese tiempo, conocí a un hombre y empezamos a salir; le dije que no quería nada serio porque mi cuerpo ya no tenía ningún valor. A los seis meses dejamos la relación y justo me llamó mi amiga de Lazos de Amor Mariano para decirme que me había pagado un retiro espiritual.

¿Su amiga sabía lo que le pasaba?

No, pero se había dado cuenta de mi cambio de actitud y quería ayudarme. En el retiro hicieron una bendición de María Auxiliadora y cuando me la dieron pensé: yo no merezco nada, pero aquí estoy. En ese momento vi a la Virgen con mi bebé entre sus manos y me decía que Ella iba a sanar mi maternidad.

¿Ocurrió lo que le mostró la Virgen?

Sí. Justo entonces empecé a encontrarme muy mal y tras acudir a urgencias confirmé que estaba embarazada de nuevo. La doctora que me atendió me dijo que era muy pronto y que podía optar al aborto con pastillas. Pero la amiga que me acompañaba, la misma que me había acercado a Dios, dijo que yo no iba a hacer aquello. Pero la idea ya rondaba en mi cabeza porque no tendría que pasar por quirófano y, en teoría, no había riesgo.

¿Cómo cambió de opinión?

Mi amiga empezó a pedir oraciones por mí, y dio mi número a varias personas, entre ellas, a Ana, de 40 Días por la Vida. Ella me llamó, me dijo que había mucha gente rezando por mí y que podían ayudarme.

¿Eso la hizo recapacitar?

En absoluto. Tenía cita con la trabajadora social y estaba convencida de volver a abortar. Mi amiga lo sabía y aquella mañana se fue al Santísimo. Resultó que la trabajadora social que me tocó ese día era diferente. Me dijo que no podía darme la autorización para las pastillas y me habló de las opciones para seguir adelante con el embarazo. Empecé a cambiar de opinión. Acudí a Lazos de Amor Mariano y una señora me entregó un papel que ponía: “Proyecto Raquel: si has pasado por un aborto y estás sufriendo, por favor llama a este número”. Ese día, delante del Santísimo le dije sí a la vida. Llamé a Proyecto Raquel y comenzó mi proceso de sanción.

¿Y ahora cómo está viviendo esta ma­ter­nidad?

Volví a nacer con Mariana, mi cuarta hija. Di a luz en mayo de 2023. Mi amiga, la que me acercó a la Iglesia, me acompañó al hospital y rezamos juntas el rosario. Recuerdo que sólo me salía agradecimiento hacia Dios porque me había dado un corazón nuevo con este embarazo. Ya no veía a los hijos como una carga sino como un regalo.

¿Todavía se siente sola?

No, tengo a Mariana, en primer lugar, pero también a mucha gente que me he ido encontrando por el camino. 40 Días por la Vida es para mí como mi familia. También me han ayudado mucho en el Proyecto Raquel, en el Hogar de María y en la Fundación Madrina. La vida sigue sin ser fácil, pero ahora me sé amada y querida.

Después de todo lo que ha pasado, ¿cambiarías algo de su historia?

Ha sido un camino de mucho dolor, pero gracias a la misericordia de Dios he visto que Él no me quiere perfecta, sino tal como soy, pero dejándome moldear por Él.

Artículo publicado en la edición número 78 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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