literatura que forja el carácter

“No basta con que los hijos lean, hay que hacerles preguntas sobre las historias”

Literatura que forja el carácter.

Por Isabel Molina Estrada

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

La pedagoga norteamericana Karen E.Bohlin explica a Misión cómo la buena literatura es un camino certero para forjar en los jóvenes un carácter sólido: virtuoso, capaz de elegir el bien, atento a las necesidades de los demás y regido por sólidos principios morales.

Educar el carácter a través de la literatura (Didaskalos, 2020) de Karen E. Bohlin es un libro muy aprovechable por padres y profesores. Partiendo de la trayectoria de uno de los personajes en las novelas Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, Historia de dos ciudades de Charles Dickens, Sus ojos miraban a Dios de Zora Neale Hurston y El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, la autora desgrana cómo utilizar la ficción para forjar el carácter de los jóvenes lectores.

Bohlin está convencida de que los padres pueden valerse de buenos libros para ofrecerles a sus hijos mejores compañías.  “Hay que plantearse: ¿Con quién pasan el tiempo mis hijos? ¿Con youtubers e influencers?… No para entrar en pánico, sino para decir: ¿Cómo voy a ofrecerles compañías que les den una experiencia vital más rica?”.

27 años como académica en la Universidad de Boston, donde ha ejercido entre otros cargos como directora del Centro Superior de Ética y Carácter, ya sería carta de presentación suficiente para Bohlin, pero es que, además, desde sus años como profesora de literatura en Secundaria consiguió hacer de las novelas una fuente inagotable de reflexiones sobre la amistad, la familia, el sentido del sufrimiento, el amor…

“Los jóvenes disfrutan comentando el crecimiento o la decadencia moral de un personaje”

Una vuelta de tuerca 

Retrocediendo en el tiempo, Bohlin cuenta a Misión que durante sus años de instituto ella misma lo pasó mal con las lecturas escolares.  “Leíamos los libros deprisa, solo para aprobar los exámenes”, comenta. Todas aquellas lecturas, por desgracia, cayeron en saco roto:  “El primer personaje con el que quise caminar fue Jane Eyre, de Charlotte Brontë –¡una chica joven que ve morir a su mejor amiga!…–, pero nadie me interpeló a hacerlo…”, recuerda aún con nostalgia. 

Lo curioso es que fue un profesor en la carrera de Biología (un grado ajeno a las humanidades) quien consiguió despertar su gusto literario:  “Nos leía poesía en clase:  ‘Una violeta entre las piedras musgosas medio escondida a la vista…’. De repente hacía una pausa y preguntaba: ‘¿Qué nos revela esto sobre lo que significa ser humano?’. Utilizaba poemas para plantearnos los grandes interrogantes del ser humano”.

Aquella experiencia la marcó tanto que no solo decidió dedicarse a impartir clases de literatura tras obtener el título universitario, sino que aún hoy va de paseo por el campo en busca de violetas…

 “Mis alumnos eran chicos de 14 y 18 años, y muchos de ellos habían asegurado que no leerían nunca. Así que creé estrategias para poner a volar su imaginación”, anota. Pero no es suficiente con elegir bien los libros, hace falta crear espacios para la  “reflexión ética”  sobre el crecimiento o la decadencia moral de los personajes.

Literatura y carácter

A primera vista eso de la “reflexión ética”  parece abstracto y aburrido, pero con su estilo pedagógico Bohlin consiguió que sus alumnos  “¡se engancharan a las historias!”, y además fue notando que los personajes literarios comenzaron a ser parte de sus inter­acciones cotidianas. “Recuerdo una conversación entre dos alumnas que estaban leyendo El Gran Gatsby.

En el descanso comentaban sus planes del fin de semana y de repente una le dice a la otra: ‘Eres una Daisy Buchanan [personaje frívolo de la historia]’. La otra se enfadó tanto que pensé que iban a pelearse a puñetazos, y tuve que separarlas. Aquel episodio me demostró que las dos habían entendido la superficialidad de Daisy y estaban haciendo conexiones profundas con la historia”. 

¿Pero qué es exactamente la educación del carácter a través de la literatura?, le preguntamos.  “La literatura puede ayudar a jóvenes a aspirar a una vida buena, a trazarse objetivos nobles, a madurar en la virtud y a hacerse más humanos”, responde

Y puntualiza que no se trata de intentar que lo hagan todo bien, como pretenden a veces los padres –porque se aprende tanto de los aciertos, como de los errores–, sino de  “darles modelos para recalibrar el rumbo y avanzar, poco a poco, hacia la persona que les gustaría llegar a ser”. 

“Permaneciendo de espectadores, en la ficción se puede adquirir la sabiduría práctica que da la experiencia”

Sabiduría práctica

Aristóteles hablaba de tres tipos de conocimiento: el teórico, que se obtiene de los libros de texto; el productivo, que se adquiere con la fabricación de artefactos; y la sabiduría práctica, que se gana con la experiencia. “Leer buena ficción –apunta Bohlin– ofrece a los jóvenes esa sabiduría práctica, la de la experiencia vivida, permaneciendo como espectadores”. En otras palabras, es una forma indirecta, muy enriquecedora, de adquirir conocimiento práctico.

Y para que esa sabiduría se traduzca en un cambio real, Bohlin enseña a detectar los puntos de  “inflexión moral” en la historia: esos acontecimientos que hacen que los personajes maduren. “En las novelas que utilizo invito a los jóvenes a ver en qué momento un personaje se da cuenta de que ha estado en una relación vacía, descubre que ha sido superficial, o vuelve en sí mismo y se propone reenfocar su vida…”. 

Aspirar a una vida mejor

Los cambios en un personaje no ocurren de la nada. Suceden gracias a la combinación de cuatro elementos que Bohlin desglosa para Misión: “Una relación que lo transforma; una reflexión sobre lo que está ocurriendo en su vida; un sufrimiento que lo despierta o un nuevo placer que le resulta atractivo; y, como resultado de estos tres elementos, toma una decisión: ‘Tengo que enfocarme en este tipo de amistades’,  ‘necesito dejar de beber’…”. Es lo que ella llama una  “epifanía moral”. 

Y pone el ejemplo del famoso Sydney Carton, protagonista de Historia de dos ciudades, quien se considera a sí mismo un borracho empedernido:  “Es un abogado excepcional, pero está deprimido y se automedica con el alcohol. Llora pensando en la persona que podría haber sido…  y no es. Entonces, nos preguntamos: ¿qué le ha ocurrido? En el relato lo vemos despertar a la posibilidad de vivir de otra manera… La amistad lo saca de sí mismo”. 

Por último, Bohlin advierte que la literatura ayuda a forjar el carácter de los jóvenes, pero más importante aún es que los educadores conversen con ellos sobre lo que leen.  “Cuando a los hijos les ocurren cosas malas, lo que importa es cómo aprovechamos esa oportunidad para preguntarles: ‘¿Qué has aprendido?’  ‘¿Cómo está influyendo en ti esta amistad?’ …

Porque nuestros peores momentos no nos definen. Nos define el paso que damos después, nuestra capacidad para levantarnos”.  Y concluye:  “Las grandes novelas no se enfocan en el pasado de un personaje, sino en el drama de recomenzar”. 

Relatos que cautivan

La literatura permite a los jóvenes enamorarse de lo que es bueno, verdadero y bello. En este sentido, Karen Bohlin asegura que las buenas historias –fantásticas y reales– son poderosas: “Cuando lees a Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido ves a un hombre que lo perdió todo en el campo de concentración, incluida su esposa, y descubres cómo es capaz de usar su memoria y su imaginación para pensar en el amor que tenía a su esposa y seguir adelante. En Invencible (Unbroken) te encuentras con un artillero de la Segunda Guerra Mundial capaz de perseverar en medio del sufrimiento y, al final, descubres su capacidad de perdonar. Estas historias hacen que el perdón y la resiliencia sean atractivos. En otras historias donde no hay tanto sufrimiento, como Matar un ruiseñor, descubres que la belleza puede hacer que un niño conozca a Scout Finch, y diga: ‘Quiero ser como ella’”. 

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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