“Nuestros hogares tienen la capacidad de reevangelizar la cultura”

El hogar, según las escritoras y madres de familia numerosa Carrie Gress y Noelle Mering, puede llegar a ser un anticipo de la vida en el Cielo
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Por Isis Barajas / Fotografía por Kim Baile, de los libros Theology of Home

Carrie Gress es escritora, doctora en Filosofía y madre de cinco hijos. Un día, mientras hacía ejercicio, tuvo una intuición. Se dio cuenta de que, a pesar de que hoy hay un interés creciente por cuestiones como la cocina o la decoración, existe un rechazo hacia el trabajo doméstico como tal. Por eso, junto con su amiga Noelle Mering, decidió escribir dos libros que muestran el valor de crear un hogar: Theology of Home y Theology of Home II (TAN Books).

Mientras que el primero es una guía para equipar nuestros hogares con una visión trascendente, el segundo pretende mostrar cómo el trabajo doméstico puede convertirse en un arte espiritual. Ambos títulos, que están llenos de preciosas fotografías de casas y familias, han despertado en muchas mujeres de EE. UU. la conciencia de que el hogar puede convertirse en un lugar sagrado, que la vida cotidiana tiene un valor sacramental y que incluso el trabajo doméstico, tantas veces tedioso, puede vivirse como un servicio al crecimiento espiritual de los demás.

¿Qué es la “teología del hogar”?

Es la idea de que nuestros hogares comunican algo importante acerca de Dios y de que pueden ser un anticipo del Cielo: lugares donde nos conocen, nos cuidan y nos aman. Pero, desgraciadamente, también pueden ser un anticipo del infierno, porque hay mucha debilidad y quebranto en el mundo. Pero podemos profundizar un poco más, porque muchas de las cosas que ocurren en una iglesia también ocurren en nuestras iglesias domésticas, como el alimento y la hospitalidad. En ambos lugares, experimentamos la luz, la felicidad y la esperanza. Así que el hogar y la iglesia tienen misiones similares: revelarnos al verdadero Dios.

«No damos consejos sobre cómo decorar tu casa, sino que profundizamos en por qué hay que decorarla»

¿Por qué le pareció que era el momento de hablar de este tema?

Al documentarme para escribir The Anti-Mary Exposed me di cuenta de que las mujeres han sido engañadas por la cultura a través de las revistas, la televisión, la moda, los libros… y noté lo poco que los católicos estaban haciendo para ofrecer una alternativa a los medios de comunicación promovidos por las feministas radicales en los EE. UU.

A la vez, pensé en lo gigantesca que es la industria del hogar, porque a la gente le encanta hacer que sus casas sean como santuarios. Vi que este era el modo ideal para conectar con las mujeres católicas –y en realidad con todas las mujeres, porque todas tenemos un hogar (o reconocemos la tragedia de no tenerlo)– e iniciar un diálogo sobre temas importantes. Por eso en los libros no damos consejos sobre cómo decorar tu casa, sino que profundizamos en por qué hay que decorarla. Es fácil cansarse de la decoración en sí misma, pero si se añade a Dios, llegas a capas más profundas del alma, te abres a la oración y a la conversación con los demás.

¿De qué manera los objetos decorativos del hogar pueden contribuir a que la familia crezca espiritualmente?

Necesitamos recordar que estamos hechos para Dios. Tener elementos a nuestro alrededor, ya sean imágenes de los santos, de la Virgen, un crucifijo, etc., nos ayuda a “orar sin cesar”, como dice la Escritura. De igual manera que decoramos nuestros hogares, marcar nuestro tiempo con el rezo del rosario en familia, el Ángelus, el ofrecimiento de las comidas, son formas de dedicar tiempo a Dios. Mantener estos elementos, tanto temporales como espaciales, es vital para ayudarnos en nuestro camino espiritual.

«Gracias a la hospitalidad, las personas notan que hay algo diferente en una familia que ama a Dios»

¿Cómo puede el hogar convertirse en un espacio para reevangelizar nuestra cultura?

Nuestros hogares tienen la capacidad de reevangelizar porque pueden contar una historia. Gracias a la hospitalidad, las personas notan que hay algo diferente en una familia que ama a Dios y vive una vida sacramental. Es posible que no logren explicar la diferencia, pero pueden percibirla o sentirla. Tras pasar un rato en esa familia se marchan con la sensación de que han sido alimentados de una manera diferente, pero hermosa. Hay alegría, hay algo luminoso y bueno que surge de una noche de buen vino, comida y conversación. Puede que no siempre podamos llevar a la gente con nosotros a la iglesia, pero casi siempre podemos lograr que vengan a comer a nuestra casa.

Frente al “empoderamiento” de la mujer y el control de la fertilidad, Theology of Home propone la fecundidad y el “liderazgo de servicio”, ¿por qué?

En los últimos 50 años hemos pasado mucho tiempo comparándonos con los hombres y esto ha hecho que las mujeres hayan perdido el sentido de lo que realmente significa ser mujer. En nuestro segundo libro, analizamos lo que significa ser fecunda en lugar de tener el control o de ser poderosa (que es lo que el mundo nos dice que debemos ser). El poder y el control no son ideas bíblicas. Cuando se dan en las mujeres, se trata de distorsiones del carácter enraizadas en el orgullo, la avaricia, la gula, etc. Las verdaderas mujeres son fecundas, y esa fecundidad comienza en la entrega, como hizo la Virgen cuando el Ángel Gabriel vino a anunciarle la encarnación de Cristo. Cuando decimos “sí” a Dios, Él puede hacer cosas notables en nuestras almas. Es cooperando con Él como nos volvemos verdaderamente fecundos (no meramente productivos).

¿Cuál es el papel específico de la mujer en el hogar?

Históricamente, las mujeres fueron entendidas como recipientes. Podemos ver esto biológicamente en nuestras caderas y brazos (ligeramente doblados para acunar a un bebé), y en que tenemos vientres. Pero estos signos biológicos también apuntan a realidades interiores: llevamos a las personas en nuestros pensamientos, oraciones y en cómo las amamos. Incluso los antiguos paganos lo reconocían, pero la idea llegó a su plenitud con Nuestra Señora. Ella es el Arca de la Alianza. La Virgen llevaba a Jesús.

Nosotros también estamos llamados a llevar a Jesús, no exactamente como Ella, pero sí en un sentido espiritual. Esta es una hermosa imagen de lo que significa ser fecundo y exploramos muchas otras en el libro. Pero el hogar es quizá el mejor ejemplo, porque es donde se desarrolla nuestra vida. Incluso un hogar refleja a menudo a las mujeres que lo han hecho. Si es una mujer con una fe profunda y un gran corazón, quienes lo habitan se sentirán amados y cuidados, sin importar las circunstancias materiales.

«Toda mujer está llamada a la maternidad, no necesariamente a la maternidad biológica, pero sí a ser madre de otros: en casa, en la oficina o en la residencia de ancianos»

Algunas mujeres sienten que cuando se quedan en casa están enterrando sus talentos… ¿Qué opina de ello?

Es un concepto erróneo que, de nuevo, tiene que ver con lo que nos han dicho durante décadas que nos hará felices. Todas las mujeres están llamadas a la maternidad; quizás no todas estemos llamadas a la maternidad biológica o incluso a la adopción, pero sí a ser madres de otros. Esto puede hacerse en cualquier lugar: en casa, en la oficina, en el mercado, en el hospital, en la residencia de ancianos, etc.

Todas estamos llamadas a acoger a los demás en nuestro corazón y no solo dejarlos allí, sino ayudarles a ser realmente quienes son, a mejorarlos. Esto es lo que las mujeres siempre han hecho y hacen sin saberlo. Todo esto es fecundo: cuando acogemos la vida de los demás y les ayudamos a ser quienes son, parafraseando a santa Edith Stein. Seamos religiosas, monjas de clausura, solteras o madres, hay un patrón real de amor a los demás sirviéndoles, ayudándoles y viéndoles como son realmente.

¿Cómo pueden las mujeres encontrar armonía entre el trabajo fuera y dentro del hogar?

Esta pregunta solo puede contestarla cada mujer, con su marido y quizá con su director espiritual. Varía en cada situación. En mi caso, mi padre falleció cuando yo era adolescente, así que mi madre tuvo que volver a trabajar a tiempo completo. La gente pierde el trabajo o enferma… Rara vez hay un escenario ideal, pero lo importante es mantener a Dios en primer lugar. Cuando las mujeres (y los hombres) ponen sus egos o sus deseos limitados por encima de la familia, entonces es casi imposible construir bien el hogar. Estamos hechos para servir y amar a los demás, y cuando olvidamos eso, perdemos de vista quiénes somos realmente.

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