Orar Biblia en mano

¿De verdad quieres escuchar a Dios? Aquí encontrarás las principales claves para oírle en su Palabra
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Por EditorAdmRev

Por Isabel Molina Estrada 

La teóloga y experta en estudios bíblicos Sonia Ortega Sandeogracias asegura que “la Sagrada Escritura es el lugar privilegiado para escucharle”.

¿Por qué orar con las Escrituras? 

Porque la Sagrada Escritura es el testigo privilegiado de la revelación de Dios a los hombres, a cada hombre, a cada uno de nosotros. La Escritura es el lugar donde la revelación, y por tanto la oración, llega a su expresión plena, es decir, cuando el hombre entra en relación con Dios y se abre el acceso para el diálogo. 

¿Qué sentido tiene orar con textos tan antiguos como los de la Biblia, que nos hablan de culturas y épocas que no son la nuestra? 

La oración es un acto de apertura y de elevación del corazón a Dios. En diferentes épocas, culturas y religiones, los hombres se sienten llamados a realizar ese deseo, porque está inscrito en todo corazón. Por eso las personas sentimos la necesidad de transcender lo material y alzar la voz hacia la divinidad, hacia algo o Alguien que nos ayude a comprender el sentido de lo que vivimos. Pero esta elevación del corazón solo alcanza su sentido pleno cuando es Dios mismo el que se revela. ¡Y eso es lo que hace a lo largo de toda la Sagrada Escritura! 

En la Palabra, Dios nos habla, pero también enseña cómo otros hombres le han escuchado. ¿Cómo era la oración en el Antiguo Testamento? 

Tenemos varios modelos: Abraham es modelo de oración porque escucha y obedece a Dios, y busca la salvación de los pecadores por medio de su oración de intercesión. Moisés habla con Dios como un amigo e intercede por el pueblo. Y cada profeta es modelo de oración. Aunque el gran tesoro de oración del Antiguo Testamento es el Libro de los Salmos. 

¿Por qué orar con los Salmos? 

Dentro de la Biblia está el Libro de los Salmos, que es el libro de oración por excelencia, porque es el mismo Dios, a través de su Palabra, el que nos enseña cómo debemos dirigirnos y relacionarnos con Él. En los salmos la Palabra de Dios se convierte en oración. Los 150 salmos recogen toda la experiencia humana. El hombre se dirige a Dios de dos formas: con la súplica y la alabanza. Jesús, como buen judío, oraba con los salmos, y es en Él donde todos los salmos alcanzan su cumplimiento y su sentido.

¿Qué cambia en la forma de dialogar con Dios con el Nuevo Testamento? 

La diferencia es que Cristo, con sus palabras y su vida, nos muestra el significado profundo de nuestra oración. 

¿Y qué nos enseña Jesús a través de su propio modo de orar? 

Una vez que Jesús estaba orando, uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar”. Llama la atención esa pregunta, porque los judíos sabían orar, conocían las Escrituras y oraban con asiduidad. ¿Qué verían en Jesús para pedirle que les enseñara a orar?

Ahí Él les enseñó el Padrenuestro…

Así es. Les enseña esta oración que es un resumen del Evangelio. Con ella, nos enseña a reconocernos hijos de Dios y nos conduce a entrar en relación con Él. En el Evangelio, Jesús nos muestra que orar al Padre es entrar en su misterio, y que para eso no hacen falta muchas palabras, sino una disposición del corazón que pasa por la humildad y la confianza del que se sabe hijo amado por su Padre.

¿Hay pistas en el Evangelio para que nuestra oración sea escuchada? 

¡Nuestra oración siempre es escuchada, aunque a veces “no sabemos lo que pedimos”! Debemos acercarnos a Dios con la certeza de que un Padre siempre escucha a sus hijos. Es cierto que hay una clave en el Evangelio de San Juan: “Lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que mi Padre sea glorificado en mí”. La clave es pedir en el nombre de Jesús; es más, solo aprendemos a orar y sabemos lo que conviene pedir cuando escuchamos y contemplamos al Hijo. Y al Hijo le contemplamos y le escuchamos en la Sagrada Escritura y, de manera especial, en los Evangelios. Dios nos habla cada día a través de su Palabra. Si queremos escuchar a Dios, leer y orar con la Escritura es el lugar privilegiado para hacerlo.

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