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Franz Listz

El oratorio «Christus» de Franz Liszt: una colosal obra rezada antes que compuesta

El fallecimiento de dos de sus hijos y otros sufrimientos muy hondos llevaron a Franz Liszt, el mejor pianista de la historia y figura paradigmática del Romanticismo, de la vida licenciosa a la ascética, conversión que expresó artísticamente en el colosal oratorio Christus.

Por Rubén Risco

Una mañana de septiembre de 1862, en el claustro de Santa María del Rosario (Roma), el maestro Franz Liszt pasea recogido después de asistir a la Eucaristía celebrada en la iglesia contigua. Quien había sido el músico más famoso de Europa, provocando histeria colectiva allá donde iba, hasta el punto de que las mujeres le arrancaban a jirones los pañuelos y guantes para llevárselos como recuerdo, ahora vivía enclaustrado, dedicado únicamente a la oración y la composición.

Un mensajero le entrega una carta: su hija Blandina acaba de fallecer. Pero ya no le quedan lágrimas… La muerte de otro de sus hijos, Daniel, tres años antes, y la posterior negativa de la Rota Romana a concederle la nulidad matrimonial a su examante, la princesa Carolyne zu Sayn-Wittgenstein, le habían hecho replantearse su vida y volver a la fe de su juventud. Así la expresaba en una carta escrita a su madre a los veinte años: “La vida terrena es sólo una enfermedad del alma, una excitación que mantienen las pasiones. El estado natural del alma es la quietud”. Ese fue el sendero que transitaron Liszt y la princesa. Como católicos sinceros que eran, decidieron separarse para dejar de vivir en situación irregular, y mantuvieron una relación de amor platónico mediante correspondencia epistolar el resto de su vida.

Terciario franciscano

Dos meses después, Liszt escribe a su tío Eduard: “Me comprometo a llevar a cabo la tarea de componer el oratorio Christus”. Este era un viejo proyecto, apenas esbozado, al que va a dedicar los cinco años siguientes. Un oratorio sobre la vida de Cristo, como El Mesías de Händel de un siglo antes.

“Se identifica tanto con esta obra que mientras la compone profesa como terciario franciscano”

Liszt toma todos los textos de la liturgia en latín, pero al modo de Wagner, elimina los recitativos dando preponderancia a la orquesta, componiendo incluso cuatro de las catorce secciones de forma meramente instrumental. Y lo divide en tres partes: Oratorio de Navidad, después de la Epifanía –donde se narran los momentos más importantes de la vida pública de Jesús– y, por último, Pasión y Resurrección. Fue tal su identificación con la obra que durante estos años recibe la tonsura, las órdenes menores y profesa como terciario franciscano.

El oratorio de navidad
El Oratorio de Navidad comienza con una pieza instrumental basada en la melodía gregoriana Rorate coeli que nos lleva desde la oscuridad del Adviento a la luz de la Navidad. Prosigue con el coro jubiloso de los ángeles que dan la buena noticia diciendo: “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. La tercera sección, también coral, con texto correspondiente a la secuencia medieval Stabat Mater speciosa, describe la hermosura de la Virgen gozosa por el nacimiento de su Hijo. Le sigue una pastoral para orquesta, en claro homenaje a la pastoral de El Mesías, y concluye con la marcha de los tres Reyes Magos en la oscuridad de la noche, guiados por la estrella. El Oratorio de Navidad fue estrenado el día de Año Nuevo de 1871, en Viena, con el mismísimo Anton Bruckner al órgano. Christus completo debió esperar, dada su monumentalidad, a la reunión de 300 músicos en 1873, en Weimar. En él se cumple lo que Liszt escribió acerca de su Missa Solemnis: “De verdad digo que recé esta obra más de lo que la compuse”.

Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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