Padre e hija

Padre e hija: así se forja una niña segura, sana y feliz

Sentirse unido e identificado con el progenitor del mismo sexo es fundamental para el sano desarrollo de los niños. Pero no menos importante para su confianza y autopercepción es que los hijos creen lazos fuertes con el padre de sexo opuesto. Una relación que, en el caso concreto de las niñas con su padre, es, si cabe, aún más determinante.

Por Marta Peñalver

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Atención a los datos: las consultas de menores para cambiar de sexo de Reino Unido aumentaron un 4.000 % entre 2010 y 2020. No, no es un error, es un dato que demuestra las terribles consecuencias que la apisonadora de género está teniendo. Pero aún hay más: en las cárceles de EE. UU. el 90 % de los internos se criaron sin su padre varón. Esto no se debe solo a la presión social y a la moda, las familias tienen también parte de responsabilidad. Y si el papel del padre en la familia es siempre irremplazable para el correcto desarrollo de los niños, lo es aún más en el caso de las niñas.

El varón de referencia

Una de las primeras cuestiones que se desarrollan como consecuencia de la relación padre-hija es la identidad. “Las mujeres forjan su identidad y descubren quiénes son precisamente en ese contraste con el varón, y su primer varón es su padre”, explica Rafael Lafuente Buján, experto en educación afectivo-sexual.

En su libro Educar hijas fuertes en una sociedad líquida (Ediciones Palabra, 2020), Meg Meeker, pediatra y divulgadora, asegura que “el valor que un padre otorga a su hija le influirá en el valor que ella se otorgue a sí misma”, y añade: “He visto crecer a miles de niñas y –aunque fueran padres adictos al trabajo; viudos, divorciados o ausentes; hombres de éxito o delincuentes– en todos los casos fueron los hombres más importantes en las vidas de sus hijas”. “Inevitablemente, el padre es la plantilla de la que obtienen su modelo de hombre”, sentencia.

Cuando una hija entra en la adolescencia, una de las mayores preocupaciones de los padres es cómo será su relación con los chicos. Lo que muchos no saben es que dependerá en gran parte de cómo sea su propia relación con esa hija. Como dice Lafuente, para una niña “su padre no deja de ser su primer varón, el varón de referencia”.  Si este la valora, se preocupa por ella y la trata con cariño, incluyendo cariño físico que las mujeres necesitan para sentirse queridas, entonces su hija tendrá cubierta esa necesidad de afecto masculino y “no irá mendigando abrazos por ahí”, señala. “Me gusta decir que la piel de las mujeres tiene memoria, y un padre que besa y abraza a su hija le está diciendo: ‘Te quiero hija, con todo, lo bueno y lo malo’”. De esta manera, el padre está fijando un modelo de varón.

La niña que se ha sentido querida por su padre buscará un hombre que la quiera como él

Relaciones sanas

Y de ahí viene la segunda consecuencia directa de la relación padre-hija: “La hija buscará un modelo de varón como el que ha visto en su padre; él es quien marca el listón”. Si la niña se ha sentido querida y valorada por su padre “buscará un hombre que la quiera y la valore como lo hace él”.

Gracias a sus investigaciones plasmadas en el bestseller Padres fuertes, hijas felices (Ciudadela Libros, 2010), Meeker asegura que las niñas que tienen un vínculo fuerte con su padre sacan mejores notas, tienen un cociente intelectual más alto, se portan mejor en el colegio, tienen niveles de sociabilidad más elevados, son menos propensas a la depresión, tienen una menor o nula actividad sexual precoz y no consumen drogas”.

Al contrario, cuando una niña no ha sentido el cariño de su padre, porque el padre ha sido frío, porque estaba ausente o directamente porque no había padre (aunque esté vivo), las consecuencias pueden ser catastróficas. “Las niñas con situaciones complicadas emocionalmente en casa salen a la calle buscando abrazos. Se sienten inseguras y creen que no las quieren e intentan cubrir esa necesidad de afecto con encuentros fugaces e intensos con chicos”, explica Lafuente.

Confusión de identidad

Además, se ha visto un aumento exponencial de la cantidad de niñas con problemas de identidad desde que las familias están más desestructuradas, “y cuando hablamos de familias desestructuradas en la mayoría de los casos es porque falta el padre”, explica Lafuente. Aunque también hay familias desestructuradas que hoy no responden a ese patrón, sino más bien al de padre trabajador que pasa mucho tiempo fuera de casa y el poco tiempo que no está trabajando se dedica a sus aficiones o amistades, en lugar de estar con su esposa e hijos. Algo que hace que las niñas se desvinculen de la figura del varón, o que incluso la rechacen.

Pero en su corazón esa niña quiere sentirse amada y comprendida por su padre. Al no encontrarlo en su varón de referencia lo buscan fuera de casa, o bien con relaciones dependientes y enfermizas con chicos o refugiándose en sus amigas. Algo que, unido a la avalancha de propaganda de género, lleva a muchas a pensar que se sienten atraídas por otras mujeres o incluso rechazan su feminidad porque su padre no ha sabido valorarlas.

Cuando papa no está

¿Y qué pasa si el padre viaja por trabajo, si los padres están separados o si el padre ha fallecido? “Cuando el papel de padre estaba más claro en la sociedad era más fácil suplir esta ausencia, ya que por lo general la sociedad y la madre tenían claro que para formar una familia hace falta un padre y que este tiene un papel fundamental en ella”, explica Lafuente. Así, si el padre faltaba durante meses (era marino o pasaba gran parte del día fuera de casa), tenía una presencia simbólica en el hogar: “La madre le guardaba el sitio, hablaba de él con respeto y se le tenía en cuenta como si estuviera presente: ‘Esto se lo tienes que comentar a papá’ o ‘Papá se alegrará mucho al saber esto’”.

Lafuente advierte de que hoy la sociedad cree que los hijos no tienen necesidad de un padre, y ese ambiente ha calado inconscientemente en muchos hogares. Además, las madres tienen menos hijos y más tarde, por lo que en ocasiones se van apropiando de los hijos y excluyen de esa tarea al padre, que aprovecha para huir. Por eso, Lafuente sentencia: “Los padres hoy tienen que llegar antes a casa, pasar tiempo con sus hijos, dedicarse a sus hijas, y hacer, más que nunca, de padres”.

Familia comiendo
El ABC de la paternidad

“Un padre tiene que estar presente, tiene que pasar tiempo en casa, hacer planes con sus hijos, valorar a su mujer por el mero hecho de ser mujer. La niña tiene que enamorarse de su ser mujer y para eso no basta que su madre le cuente lo maravilloso que es, tiene que ver que su padre, su modelo de hombre, valora a las mujeres, las aprecia, las respeta”, explica Rafael Lafuente Buján. También es bueno que incluya a su hija en sus planes, que se la lleve a montar en bici o de paseo, que la niña sienta que a su padre le importa. Que la bese y la abrace, que le aplauda los éxitos y que le demuestre que está orgulloso de la mujer en la que se está convirtiendo. “Las madres dan la certeza absoluta de que ‘soy querido pase lo que pase’. Los niños que no tienen padre viven debajo de la falda de su madre. Cuando el padre hace bien su papel, la madre puede permitirse hacer el suyo”, sentencia el experto en educación afectivo-sexual.

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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