¿Para qué sirve el matrimonio?

Al casarse, dos personas no se comprometen a seguir sintiendo lo que sienten. Descubre los falsos mitos sobre matrimonio en los que caemos
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Por AdmRevistMision

Aunque no nos demos cuenta, la cultura actual nos bombardea con invitaciones para no dar el paso. Lo explica Tomás Melendo, filósofo y metafísico: “A nuestra cultura le hace falta acabar de entender lo que es el matrimonio”. Frases tan sonadas como «el matrimonio no es más que una cuestión de papeles» o «yo no necesito la confirmación de un cura para querer a mi pareja» indican que no se sabe qué es el matrimonio. “Se ha reducido a una ceremonia, un contrato o una alianza y, aunque el matrimonio engloba estas cosas, es mucho más”.

Por eso, quizás cuando pensamos en el matrimonio, la imagen que tenemos está distorsionada, como cuando te miras en un espejo roto. Así lo explica Aníbal Cuevas, orientador familiar y blogger: “Podemos reconocernos, pero no es realmente nuestro rostro lo que vemos; son piezas cuarteadas que no encajan exactamente”. Debemos ser conscientes del mundo en el que vivimos.

¿Qué tipo de matrimonio nos están vendiendo?

El modelo de matrimonio que nos presenta nuestra cultura es algo así como un matrimonio de almas gemelas. El matrimonio se considera un medio para lograr el crecimiento y la satisfacción propias. No se entiende como el inicio de algo que los esposos habrán de construir juntos, sino como una meta en sí. Los requisitos previos son la independencia económica y emocional. Bajo este modelo, la duración del matrimonio depende de que ambos cónyuges estén bien. Algunas personas, al casarse, se sienten capaces de prolongar la felicidad inicial, pero cuando desaparece el sentimiento aseguran que “se les acabó el amor”.

¿Cuál es la diferencia entre casarse y convivir?

La principal diferencia, de acuerdo con Aníbal Cuevas -orientador familiar y blogger– es el compromiso. Al casarse dos personas “no se comprometen a seguir sintiendo lo que sienten en ese momento durante toda la vida. Se comprometen a quererse en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en los buenos y malos momentos”.

Hemos hecho la misma pregunta a Patricia Martínez, profesora de Psicología de la vida matrimonial y familiar del Curso de Experto en Matrimonio y Familia de la Fundación DIF. Ella lo explica así: “El matrimonio blinda jurídica, religiosa y moralmente la alianza conyugal. Es lo mismo que ocurre con cualquier institución humana, cuyo contrato se protege –para mayor seriedad y estabilidad– de unos usos y formas sociales”.

El significado misterioso del “sí”

En la boda, los cónyuges se dan libremente el uno al otro en exclusiva y para siempre. El de esa ceremonia lo transforma todo. A partir de ese momento, los novios ya son otros. Pasan a ser esposos: personas capaces de amar a un nivel muy superior. Decirse –enfatiza Tomás Melendo– “es un acto profundísimo, inigualable, por el que se fortalece la voluntad y se la habilita para querer a otro nivel. Esto no quiere decir que al casarse ya esté todo dado, sino que, con la boda, los esposos emprenden la aventura de “aprender a amar”.

Cuando emprendes una “aventura”…

“Puede sonar utópico –insiste el mismo Melendo–, pero quien ve el matrimonio como una gran aventura logra entenderlo. Lo propio de una aventura es que quienes la emprenden se pongan una meta alta, en apariencia inalcanzable, pero que vale la pena, aunque no tienen ninguna seguridad de que vayan a alcanzar su objetivo. Una vez que la inician, no permiten que las dificultades y los contratiempos sofoquen la ilusión inicial. Y, al mantener la mirada fija en el fin, en el triunfo, renuevan las energías y la valentía para seguir adelante”.

Un lugar donde acoger la vida

Uno de los grandes miedos actuales es el rechazo a la fecundidad propia del amor matrimonial. Incluso se difunde la idea de que, una vez casados, conviene aplazar la llegada de los hijos para conocerse mejor y disfrutar el matrimonio. Sin embargo, los hijos fortalecen el amor. Lo ilustra con una comparación María Luisa Estrada, cofundadora del programa de educación para el amor Protegetucorazón: “Cuando un tornillo se afloja y no tiene tuerca, se cae y la máquina se estropea. Los hijos traen alegría y ayudan a olvidarse de uno mismo. Los esposos empiezan a mirar juntos en esa dirección, porque ser padres exige ser un espejo en el cual pueden mirarse los hijos”. Un espejo que quizás se empaña o ensucia, pero que refleja, sin desfigurarla, esa nueva vida.

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