Niños en aula

Por qué desterrar del colegio la actual educación sexual

Padres y expertos exigen un cambio de estrategia urgente en la educación sexual de nuestros hijos.
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Artículo publicado en la edición número 60 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por José Antonio Méndez

Un escándalo que no cesa, un fracaso que exige cambiar el rumbo. Así podrían ser definidos estos programas de educación que se imponen desde hace décadas en las aulas españolas, contra los que padres de España alzan la voz y presentan cada vez más denuncias. 

Cuando aún no se había apagado el incendio mediático que ocasionaron las guías sexuales que el Ayuntamiento de Getafe y el Gobierno de Canarias editaron con dinero público y repartieron por los colegios e institutos del municipio madrileño y en centros juveniles del archipiélago, respectivamente, salía a la luz el taller sexual para alumnos de 11 años que se ha llevado a cabo en el Instituto Felanitx, de Mallorca. 

“El fracaso de las actuales políticas de educación afectivo sexual es estrepitoso”

Para comprender la agitación creada, es necesario saber qué contenidos se transmiten a los menores en esas actividades.

Así, en el centro mallorquín, una de las dinámicas consistía en realizar penes y vulvas de plastilina lo más realistas posibles, además de proponer a los alumnos lecturas como Habla con ellos de sexualidad, cuya portada está ilustrada con el dibujo de una adolescente que se mira la vulva con un espejo de mano.

En el caso de Getafe, las guías Rebeldes de Género, entre otros contenidos vinculados a al discurso laicista del feminismo de género, promueven el onanismo –con llamativo énfasis en la masturbación femenina–, la promiscuidad adolescente y la  “lucha contra el heteropatriarcado” (de hecho, las propias guías se llaman Despatriarcando… Cuerpos, Parejas, El sexo, El amor y Masculinidades).

Y las guías canarias, dirigidas a chicas de 14 y 15 años, animan abiertamente a la experimentación homosexual (con dibujos explícitos de prácticas sexuales, realizados con trazos infantiles), y normalizan el sexo entre menores.  

Estrategia fracasada

No es algo nuevo, ni aislado. Desde hace décadas, y de modo especial tras la reforma educativa que el Gobierno de Rodríguez Zapatero impuso hace 15 años, este tipo de materiales, dinámicas y enfoques están cada vez más presentes –y subvencionados– en las aulas españolas.

Sin embargo, “el fracaso de estas políticas de educación afectivo-sexual es estrepitoso”, constata Javier Lucia, miembro de la asociación Familias por la Libertad de Educación (FamiLiaE) y padre de dos hijos en edad escolar.

Como explica Lucia, “cada vez más indicadores alertan de la preocupante dirección hacia la que van los jóvenes que han sido educados mediante este rodillo político: iniciación sexual cada vez más temprana, consumo compulsivo de pornografía, incremento de las infecciones de transmisión sexual entre los jóvenes, aumento de ciberdelitos y conductas de riesgo como el sexting o el grooming, más embarazos entre adolescentes…”.

Desde 2001, los casos de sífilis se han multiplicado por 7 entre los jóvenes, y los de gonorrea y clamidia se han multiplicado por 10.

Y los datos le dan la razón: la Asociación Española de Dermatología y Venereología confirma que, desde 2001, los casos de sífilis se han multiplicado por 7 entre los jóvenes, y los de gonorrea y clamidia se han multiplicado por 10.

El Grupo de Estudio del Sida (GESida) alerta de que desde 2005 hay un incremento constante de infecciones de VIH en adolescentes (en 2019 hubo a diario casi un contagio de sida entre menores). Y en 2019, más de 7.000 chicas de menos de 19 años fueron madres y otras 9.800 acabaron con su embarazo con un aborto quirúrgico, según el Ministerio de Sanidad. 

Visión obligatoria 

“Los actuales planes de educación afectivo-sexual no son los únicos causantes de estos datos, pero se constata que no mejoran las estadísticas ni consiguen los objetivos para los que se supone que se ponen en marcha”, explica Antonio Castillo, doctor en Farmacia, experto en regulación de la fertilidad y colaborador del Centro de Orientación Familiar de Getafe. 

Ante este fracaso, padres y expertos reclaman un cambio radical de estrategia en la formación que se transmite en los colegios.

Padres y expertos exigen que en los centros públicos se dejen de vetar los programas de educación sexual que no son afines a la ideología de género.

Un cambio que pasa, en los centros públicos, por formación sexual voluntaria, con distintos enfoques antropológicos y con el consentimiento expreso de los padres. En los centros privados y concertados, libertad para transmitir la visión de la sexualidad de acuerdo con el ideario o el proyecto pedagógico del centro.

Alternativas vetadas

“Los programas actuales que se imponen de forma obligatoria ofrecen una visión de la sexualidad como producto de consumo y de placer autorreferente, desde un modelo biologicista muy influido por la ideología de turno”, señala Castillo.

Una formación que  “no tiene en cuenta el resto de dimensiones de la persona, y muestra una sexualidad que no se vive como entrega de una persona a otra, ni contempla la apertura a la vida o la castidad, ni es una sexualidad madurada”, lamenta.

“Y no es solo una visión de la sexualidad, sino también una visión del ser humano lo que quieren implantarnos y que vayamos normalizando”, alerta Castillo.

A esta visión deformada de la sexualidad se añade el veto de las administraciones y de los centros  “a iniciativas que no son afines a una ideología determinada y a la posibilidad de elegir entre ellas. Porque hay alternativas, como las que propone la Iglesia con programas como El lugar del encuentro, Teen Star o Aprendamos a Amar, que tendrían que encontrar cabida en los colegios, especialmente en los públicos, que deberían ser ejemplo de diversidad”, explica Correa.

Reacción de las familias

“La escuela –afirma Javier Lucia– debe ayudar a los padres a formar a sus hijos en educación afectivo-sexual, pero como este aspecto tiene mucho que ver con la moralidad y no existe un consenso social en el enfoque, en ningún caso debe ser obligatoria, y tiene que darse cabida a otras entidades y visiones que contemplen el amor, la castidad, la entrega…”. 

Y concluye:  “Las familias tienen que movilizarse como agentes activos, no como espectadores. Debemos formarnos para hablar con nuestros hijos de estos temas y, cuando exista un atropello, tenemos que salir al paso con responsabilidad e inteligencia para defender a capa y espada a nuestros hijos”. 

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