Influenciado por el mundo cofrade en el que creció, el estilo realista de Raúl Berzosa ha cautivado a miles de personas en iglesias, universidades o palacios episcopales de todo el mundo. Ha retratado a papas y cardenales, ha pintado a grandes santos, y cómo no, ha recreado con colores vibrantes escenas emblemáticas de la vida de Jesús, José y María. “A san José lo he pintado tantas veces que me suele acompañar”, comenta el artista. Además de diseñar sellos para la Santa Sede y realizar grandes obras para presbiterios de iglesias en países tan diversos como China o Guatemala, hay un proyecto que ocupa un lugar especial en su trayectoria: el techo del oratorio de santa María Reina y Madre, conocido ya como la “Capilla Sixtina de Málaga”. Allí, Berzosa tuvo que coger un arnés y subirse durante meses en un elevador para pintar más de 140 metros cuadrados de escenas e imágenes que dejan sin palabras a quien las contempla. El artista defiende que, en una sociedad marcada por el feísmo, la belleza del arte sacro sigue siendo un camino privilegiado para la salvación de las almas.
En la Edad Media o en el Renacimiento el arte ocupaba un lugar preeminente en la vivencia de la fe. ¿Puede el arte sacro ser un lenguaje privilegiado para hablar de Dios a un mundo totalmente secularizado?
Estoy convencido de que el arte sigue siendo una herramienta extraordinaria para la evangelización. La pintura ha sido históricamente una de las grandes disciplinas del arte, el gran medio para mostrar la realidad y presentar ideas a través de imágenes. En el caso del arte sacro, además, está al servicio del culto y posee un carácter profundamente litúrgico.
Sin embargo, en nuestro tiempo impera lo vulgar y se rinde culto a lo feo, lo que produce un efecto totalmente opuesto.
Efectivamente, estamos en una sociedad que no sólo presenta el feísmo, sino que, además, lo ensalza. Los que nos dedicamos a la obra sacra vamos a contracorriente. En el arte sacro se busca la belleza, y esto se topa con un mundo donde es evidente que destaca lo grotesco, lo feo. Y si eso lo unes a un estilo realista como el mío, nos ven como de otra época.


¿Qué aporta a nuestra vida estar expuestos a la belleza?
Creo que, como dijo Dostoyevski en su novela El idiota, la belleza salvará al mundo. Y cuando hablamos de belleza, no nos referimos únicamente a una obra bella, sino a que esa belleza, como dijo el papa Benedicto xvi, sea un camino para encontrar a Dios.
¿De dónde viene su pasión por la pintura?
Con 12 o 13 años comencé a dibujar cómics. Llevaba al papel lo que veía en la televisión. Mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó en un taller local, dirigido por el pintor Rando Soto. Ahí tuve mi primer contacto con el óleo y después estuve con José Antonio López, otro pintor local.
“En el arte sacro se busca la belleza y esto se topa con un mundo que destaca lo grotesco y lo feo”
¿Cómo llegó al arte sacro?
En el año 2000 realicé mi primera pintura pública: el cartel de la salida procesional de la cofradía del Rocío de Málaga. Esas primeras obras cofrades sirvieron para plasmar la necesidad que tenía de hacer arte sacro. Luego, poco a poco, fueron derivando, pues ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que creaba mis propias figuras. Hoy, el arte sacro ocupa, con diferencia, la mayor parte de mi producción.


¿Tuvo que formarse de manera específica para pintar arte sacro?
Soy licenciado en Historia del Arte, esto me ha ayudado bastante en mi formación para la creación de arte sacro, pero estas no son simples obras que sirven para embellecer o decorar un lugar, sino que transmiten un mensaje. Para poder llegar a transmitirlo estudié bastantes obras de arte sacro. Esto me aportó muchísimo a la hora de crear la iconografía de las obras religiosas.
¿Hace falta tener fe para realizar este tipo de pinturas?
La fe es uno de los pilares de la creación del arte sacro. Si quiero que las pinturas funcionen y ayuden a las personas a orar necesito tener fe, ir más allá de crear una obra de calidad. Hay que buscar que transmita a la persona que se pone delante del lienzo o que ve la imagen en una pantalla.
¿Pinta rezando o reza pintando?
Diría que pinto rezando. La pintura es también mi forma de oración.

Obras suyas están distribuidas por todo el mundo: el Vaticano, EE.UU., China, Iberoamérica… ¿El arte sacro sigue interesando?
Por supuesto, yo lo vivo en primera persona. Hay mucho interés por el arte sacro. En Europa quizá parece que hay menos movimiento, pero lo veo en países como Estados Unidos, México, Guatemala… Incluso en países asiáticos que, a priori, nos puede parecer difícil que tengan interés en el arte sacro. Esto se debe a un resurgimiento del interés en el catolicismo.
¿Hay algún lugar al que aún no ha llegado y le gustaría que llegara alguna de sus obras?
No me suelo poner metas. Muchas cosas que he hecho ni llegué a soñarlas, pero sí hay algo que tengo pendiente y que espero cumplir: realizar una obra para alguna iglesia de Tierra Santa. Y también algún proyecto para África y Oriente Medio, lugares donde el arte sacro puede ayudar.
“El interés actual por el arte sacro se debe a un resurgimiento del interés en el catolicismo”
¿Qué pintura de las que ha realizado le ha tocado más el corazón?
Seguramente, mi principal proyecto se encuentra en mi ciudad, el oratorio de Santa María Reina. Ha sido mi obra de mayor tamaño y la última parte está dedicada a la coronación de la Virgen María. El lugar para representar este momento tan importante de Nuestra Madre es el techo del oratorio, una obra con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro. Fue una obra compleja para la que tuve que salir del taller –de mi espacio– donde tengo mis óleos, mis caballetes, coger un arnés y subir a un elevador durante meses.

Raúl Berzosa en el elevador pintando el techo del oratorio de santa María Reina, en Málaga. Este ha sido el desafío más importante al que se ha enfrentado como artista.
¿Tiene alguna rutina en su día a día?
Mi estudio se encuentra cerca de la iglesia de san Antonio María Claret. Es la iglesia de mi niñez. Y siempre que voy andando a mi estudio entro para saludar al Señor en el Sagrario y dar las gracias por el nuevo día.
¿Cuál es el lugar más especial de su estudio?
Donde está una reproducción que tengo de la Sábana Santa. Ese es mi lugar de rezo en el estudio. Siempre me acompaña, al igual que en mi casa.
¿Alguna vez ha pensado en tirar la toalla y dedicarse a un arte más “rentable”?
La verdad es que no, aunque los primeros pasos sí estuvieron llenos de dificultades y de dudas. Pero tuve el apoyo familiar, trabajé mucho, aprendí de los errores, tuve confianza en lo que hacía, y veía actuar a la divina Providencia… Todo eso fue fundamental porque muchas personas pensaban que lo hacía sólo por hobby o que este tipo de trabajo ya no se realiza.
Para acabar, ¿cómo pintar el Cielo?
Alguna vez lo he hecho, especialmente en el techo del Oratorio de Santa María Reina: una luz proveniente de la Santísima Trinidad, casi cegadora, baña un gran coro de ángeles, de santos… Un espacio etéreo se abre y se recibe a las almas.
BERZOSA EN SEIS PINCELADAS
Un santo: San José. Lo he pintado tantas veces que me suele acompañar.
Una devoción: la Sábana Santa.
Un pintor: Velázquez.
Un lugar: Málaga.
Un libro: La Belleza (Elba, 2017), de Roger Scruton.
Una cita de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20)
Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





