Por Enríque García-Máiquez
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
S. Stuart Park subraya “el hecho no siempre reconocido de que las interioridades del alma de Cristo, su ‘biografía íntima’, se revelan en el Antiguo Testamento más que en el Nuevo (por ejemplo, en el profeta Isaías y en los Salmos)”. Natural que dos filósofos católicos del mayor nivel, el alemán Spaemann y el norteamericano Peter J. Kreeft, hayan escrito sendos libros glosándonos los Salmos.
Un segundo encanto de los Salmos es que están escritos para ser rezados en comunidad. Cantados o, al menos, recitados, con el pueblo haciendo de coro. Esa comunidad, en cada iglesia, se reúne en el espacio, pero también se pueden leer en comunidad en el tiempo, haciéndolo junto a los Padres, teólogos, místicos, poetas y filósofos católicos que los han comentado y rezado a lo largo de los siglos. A eso nos invitan, sumándose, Meditaciones de un cristiano, el libro (en dos volúmenes) de Spaemann, publicado en la BAC; y La sabiduría de los salmos, de Kreeft, publicado por HomoLegens. Ambos traducidos ejemplarmente por Fernando Simón Yarza y Beatriz Jiménez Castellanos, respectivamente.
Este sentido de lectura en comunidad en el tiempo viene potenciando por la generosa cantidad de citas que ambos autores, sin ninguna pedantería, prodigan. Léon Bloy, Kierkegaard, Platón, Von Balthasar, Benedicto XVI…. Se nos cuenta que el salmo 16 era uno de los favoritos de C. S. Lewis, y corremos a leerlo con sus ojos. A Peter Kreeft le impactó cuando vio cómo lo tenía de subrayado en su libro de oraciones.
La sana doctrina y la lectura informada logran un equilibro con el entusiasmo y la oración personal de sendos comentaristas. Ambas lecturas son una fiesta. Spaemann nos confiesa que rezar correctamente el salmo 16, por ejemplo, es tarea de toda la vida, pero él nos ayuda a hacerlo. Spaemann, con todo, es más sistemático y teológico, más germánico, diríamos, mientras que Kreeft es más libérrimo y divagatorio. El primero, en consecuencia, comenta todos los salmos, uno tras otro. El segundo, algunos. “No es este un trabajo de erudición, sino uno de midrash”, se explica, refiriéndose a los comentarios libres, bienhumorados, pero también eruditos de los judíos, especialmente de los jasídicos. Es su tradición.
Los Salmos están escritos para ser rezados en comunidad, cantados o recitados en coro
Avisa Kreeft que “tenemos un TDH espiritual” y que, a menudo, nos distraemos. Los dos libros son una llamada de atención –delicada, profunda y constante– a la belleza y a la altura de los Salmos.
POESÍA Y MÚSICA
Los Salmos son poemas. Hemos perdido mucha comprensión lectora de textos poéticos. Todavía con los -narrativos nos defendemos algo mejor, pero la poesía empieza a ser una dificultad añadida, a pesar de su belleza, naturalidad y hondura. Ambos comentaristas nos ayudan no sólo a entenderla, sino también a disfrutarla. “En lugar de usar principios abstractos, utilizan imágenes concretas”, se nos explica. Además del amor por lo concreto, encontramos la concentración y la tensión propia de la lírica. En los salmos la oración va oscilando entre la llamada suplicante y la certeza de la salvación, entre la queja y el himno, sin que la contradicción reste coherencia. “Necesitamos más contacto con primitivos como David que con eruditos como nosotros”, dice Peter Kreeft. Entonces es fácil recordar y recomendar un tercer libro sobre los Salmos: el poemario del chileno José Miguel Ibáñez Langlois, que siempre veneró al rey David y terminó por dedicarle un libro entero: El rey David (Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1998).
Esa tensión de los Salmos se hace paz en la oración, como nos muestran sus comentaristas, que nos ofrecen atisbos de su intimidad. Leemos en los Salmos que “la ley del Señor es la partitura de la vida justa”, y los salmos son su música. En estos libros, la oímos.
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





