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Teresita

Santa Teresa de Lisieux, maestra de la Infancia Espiritual: el «caminito» más directo a la inocencia 

Cuando santa Teresa de Lisieux leyó en el Evangelio que “de los que son como niños es el Reino de los Cielos” vio que esta era la forma en que Dios la llamaba a la santidad, y la llevó a la práctica de manera radical. Es la “infancia espiritual”, hacerse como un niño que sabe que su Padre celestial le cuida

Por Javier Lozano

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

La vida de los niños está repleta de sueños e ilusiones, de grandes aventuras que van más allá de la lógica de los adultos. Una inocencia que los lleva a pensar que todo es posible. Y así es como vivió santa Teresita de Lisieux, una jovencísima monja de clausura que soñaba con ser misionera. Confió tanto en Dios que su anhelo llegó a cumplirse. Hoy, esta carmelita francesa que no salió nunca de su convento es la patrona universal de las misiones y protectora de los misioneros.

Esta forma de confiar y de abandonarse en las manos de Dios es la “infancia espiritual”, el  “caminito”  hasta el Cielo que siguió esta santa y que ha dejado al mundo como legado. Una espiritualidad tan sencilla y “elemental” como profunda.

El ascensor hacia el Cielo

Con la infancia espiritual santa Teresita aspiraba a la inocencia plena y permanente: ser santa. En Historia de un alma hablaba de este anhelo: “Dios no inspira deseos irrealizables; puedo pues a pesar de mi pequeñez aspirar a la santidad. ¡Engrandecerme, es imposible! He de soportarme tal como soy, con mis innumerables imperfecciones; pero quiero buscar la manera de ir al Cielo por un caminito muy recto, muy corto, por un caminito enteramente nuevo”.

“No tengo ninguna necesidad de crecer, antes, al contrario, conviene que continúe siendo pequeña y, cada día, lo sea más”

En el Evangelio, cuando dice que “de los pequeños es el Reino de los Cielos”, Teresa halló ese “ascensor” al Cielo. Desde entonces quiso ser una pequeña niña. Y así fue como escribió: “El ascensor que me ha de subir al Cielo son vuestros brazos, ¡oh, Jesús! Para esto, no tengo ninguna necesidad de crecer, antes, al contrario, conviene que continúe siendo pequeña y, cada día, lo sea más”. 

¿En qué consiste ser pequeño? Así lo explicaba ella: “Ser pequeño es reconocer tu nada, esperarlo todo del buen Dios, como un niño pequeño lo espera todo de su padre. Es no inquietarse por nada, no buscar fortuna”.

La inocente doctora

Y no sólo lo verbalizaba, sino que lo vivió a través de la humildad, la sencillez y una voluntad sincera. “Por eso no he querido ser nunca mayor –aseguraba–, sintiéndome incapaz de ganarme la vida, la vida eterna del Cielo. Me he quedado siempre pequeña, no teniendo otra ocupación que la de coger flores, las flores del amor y del sacrificio, y ofrecerlas al buen Dios para complacerle”.

Esta inocencia no estuvo exenta de pruebas y sacrificios. La enfermedad y el dolor marcaron su vida, hasta que murió con apenas 24 años, de ahí que esta infancia espiritual no se quedase en una mera teoría, sino que fue probada en el crisol.  Y así, en una carta escrita poco antes de su muerte, anotó: “No puedo temer a un Dios que se hizo tan pequeño por mí… Lo amo… ¡Porque Él sólo es amor y misericordia!”.

Si un ejemplo nos deja santa Teresita es que su caminito conduce a la inocencia más pura, no a la simpleza o a la ignorancia. Así lo vio la Iglesia. San Pío X definió a esta “pequeña” monja como “la santa más grande de los tiempos modernos” y san Juan Pablo II la declaró “doctora de la Iglesia”. 

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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