¿Solteros de oro?

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El número de personas que viven solas y no buscan pareja aumenta en términos globales, como consecuencia de una sociedad que alaba la independencia de esos solteros de oro sin ataduras familiares. Pero no es oro todo lo que reluce.

Por Redacción Misión

 

Cada vez viven más personas solas, en España y en el resto del mundo. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en nuestro país existen alrededor de seis millones y medio de solteros y, de ellos, más de cuatro millones y medio viven en hogares unifamiliares, un 1,1 por ciento más que en 2014. En Estados Unidos, uno de cada siete adultos viven independientes y sin pareja.
El sociólogo Alejandro Navas, profesor de la Universidad de Navarra, explica que estos cambios en la sociedad moderna se deben a que esta vive “la libertad como emancipación, liberación del pasado y de las tradiciones, de viejos tabúes, e incluso de Dios”. La libertad como valor absoluto, también en las relaciones.
Tras el positivo fin de la estigmatización de la persona soltera, la sociedad ha pasado a crear una “adoración de la soltería”. Jóvenes, con alto poder adquisitivo, centrados en su carrera, que no tiene pareja ni la buscan porque piensan que esa libertad les permite llegar más lejos o, al menos, que su destino solo dependa de ellos mismos.
Juntos, pero independientes
Navas destaca el modelo creciente de personas LAT o, lo que es lo mismo, Living Apart Together, es decir, personas que tienen una relación de pareja, que se quieren y que son fieles recíprocamente, pero que cada una tiene su propia casa para no soportar las dificultades de convivir bajo el mismo techo.
“Este modelo –advierte Navas– dificulta tener hijos”. Y destaca que “poner un plazo al amor es un contrasentido, porque el amor genuino tiene vocación de entrega total y para siempre. Sin embargo, los jóvenes saben que un amor para siempre es difícil, costoso y, en cierto modo, se resignan a no conseguirlo porque han visto rupturas de muchos personajes públicos que son unos genios en su ámbito, pero que, en lo sentimental, son adolescentes inmaduros”.
Estos cambios también se reflejan en la estructura de las ciudades. Tal como apunta el profesor Navas, en países como Suecia muchas nuevas viviendas se construyen con tan solo una habitación y sin cocina. “Están pensadas para ese número creciente de singles, que necesitan poco más que un microondas. Almuerzan en el trabajo y suelen pedir bastante comida a domicilio (de la que cada vez hay una mejor oferta)”.
Desde The Family Watch destacan que, en el 2015, según los datos del ine, un total de166.248 parejas contrajeron matrimonio, un 2,3 por ciento más que en 2014. La tasa bruta de nupcialidad aumentó hasta 3,5 matrimonios por mil habitantes, una décima más que en el año anterior.
Pero, si acudimos a los datos de hace diez años, encontramos que 209.415 parejas se casaron frente a las 700.000 que lo hicieron en 1976. Esto demuestra que nuestra sociedad ya no es la misma, algo que se refleja por ejemplo en que, hace 30 años, la edad media de nupcialidad era de 28,5 años y, en la actualidad, es de 31,8; y no deja de ascender.
Por si fuera poco, “en Europa, alrededor del 40 por ciento de los nacimientos ocurren fuera de un matrimonio legal; un 37 por ciento en España. Nos queremos, nos juntamos, pero hay miedo a institucionalizar la unión. Aunque, al final la gente busca estabilidad”, apunta Navas. Razones, entre otras, que llevan a mucha gente –cada vez más– a no aventurarse al compromiso para siempre y optar por las uniones de hecho.
Qué duda cabe de que el matrimonio no implica, de manera automática, una vida más feliz o más serena, y que la decisión de formar una familia no debe tomarse a la ligera, sin embargo, mucho han cambiado las cosas para llegar a celebrar la soltería como un valor en sí mismo.
Rechazo al compromiso
Una clara muestra del auge de la soltería se dio recientemente en la 124 Convención Anual de la AsociaCión de Psicólogos Americanos. La doctora Bella DePaulo presentó un informe en el que afirmaba que las personas solteras obtienen más beneficios que las casadas, ya que cuentan con vidas sociales más ricas y un mayor crecimiento y desarrollo vital.
La psicóloga americana citaba en su estudio que “los científicos valoran los riesgos de invertir toda la vida en una única persona llegando a la conclusión de que, en la vida, las relaciones verdaderas no pueden limitarse al nexo conyugal o a los vínculos entre padres e hijos”.
Por su parte, el sociólogo Amando de Miguel precisa que “esa ‘admiración’ de la soltería parece un valor cínico, es  ‘postureo’; no es sincero. Como quien admira al libertino, porque es fácil no tener responsabilidades, pero eso en realidad es poco loable”.
Una situación que Sara Pérez Tomé, psicóloga y directora del gabinete Sophya, especializado en temas familiares, justifica por los mensajes negativos en relación con el matrimonio que la sociedad lleva años emitiendo y que han calado en la mentalidad colectiva. “Son mensajes muy influyentes en áreas muy importantes de la vida de las personas, como es el caso de las normas legales, especialmente con la ley del divorcio exprés, con la que se ha asumido que lo normal es que los matrimonios se rompan. Igual que toca vivir juntos o tener un hijo, luego toca romper la relación”.
En ese sentido, De Miguel también afirma que las razones de esta inmadurez afectiva, más allá de que las personas no logren encontrar a su media naranja, reflejan un estilo de vida que rechaza las relaciones duraderas por el compromiso y el esfuerzo que conllevan, “porque el hedonismo, la satisfacción y el placer, predominan sobre la responsabilidad y el sacrificio”, concluye.
  • El miedo a repetir la experiencia de los padres. Cada cuatro minutos se rompe un matrimonio en nuestro país y esto ha hecho que, tal como apunta la psicóloga Sara Pérez-Tomé, “la institución de la familia se ha intoxicado con rupturas familiares dolorosas que tienen una gran onda expansiva. Hay quienes de hijos han sufrido la ruptura turbulenta que vivieron sus padres y no quieren volver a vivirla, por lo que prefieren estar solos”.
  • El efecto Amazon-Google. Brian Barcaro, director ejecutivo de CatholicMatch, precisa que cada vez más personas sufren en sus relaciones las consecuencias de una sociedad que vive a golpe de clic: “Estamos acostumbrados a introducir en Internet, para todos los aspectos de nuestra vida, unos criterios de búsqueda para encontrar lo que queremos. Esta actitud –positiva para otras áreas de la vida– se traslada al modo en que nos relacionamos con las personas: pensamos que por el hecho de poder insertar en el ordenador los atributos de la persona que buscamos, esa persona existe. Y no es verdad”.
  • La falta de “tiempo” para buscar pareja. Barcaro destaca que muchas personas están obsesionadas por alcanzar la independencia económica y piensan “que tienen que trabajar todo el tiempo y no tienen tiempo para salir”. Algo con lo que el sociólogo Alejandro Navas coincide al recordar a un trabajador que se presentó en nombre de su jefe en una prestigiosa agencia matrimonial para ejecutivos en Alemania porque este no tenía tiempo para ir hasta allí a buscar pareja.
  • El equipaje afectivo. Barcaro comenta que a medida en que la edad para casarse se prolonga, “las personas acumulan más experiencias y cargan un ‘equipaje’. Por eso, cuando conocen a personas nuevas tienen una mirada distorsionada sobre ellas: las ven a través de una lente que les impide darse la oportunidad de conocerlas tal como son”.

 

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