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Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo: “Buscar la épica está en el corazón del hombre”

Hablar de aventura es hablar de Telmo Aldaz. Desde niño ha ido descubriendo el mundo y todas las enseñanzas que ha extraído de esta rica experiencia las transmite ahora en España Rumbo al Sur, un programa de “formación no convencional”, como él mismo lo define, donde con la épica, el sacrificio y el compañerismo como bandera lleva a adolescentes a lugares lejanos. En una conversación con Misión habla de cómo recuperar esta épica y la necesidad que existe de salir para así descubrir quiénes somos.

Por Javier Lozano
Fotografía: Dani García

Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo (1970) es aventurero desde la cuna. Lo lleva en la sangre y ahora lo transmite con entusiasmo a las nuevas generaciones. Hijo de un marino y de una arqueóloga, y sobrino de Miguel de la Quadra Salcedo, de ellos heredó su pasión por descubrir las maravillas de un mundo que reconoce como  “un don de Dios”. A sus 55 años, Telmo ha cruzado el Atlántico en una réplica de la carabela La Niña siguiendo la primera ruta de Cristóbal Colón; en una canoa atravesó el Caribe con los indígenas yekuonas tras los pasos del descubridor Diego Méndez; y en otra réplica de la Nao Victoria surcó el Pacífico conmemorando la primera vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano. 

Durante años, Aldaz trabajó con su tío en la Ruta Quetzal, lo que le ayudó para embarcarse en la que hoy es la gran aventura que dirige junto a su mujer Isabel Ussía, España Rumbo al Sur (www.espanarumboalsur.com), que ya ha llevado a miles de adolescentes a países de África y América a modo de expedición, pero donde lo más importante es que acaben descubriendo lo que hay en su interior a través de una experiencia de formación, viaje, naturaleza, espiritualidad y épica que los transforma y los lanza al mundo con la mirada ensanchada.

¿Quién es Telmo Aldaz? 

Soy español, navarro y de Pamplona. Y soy aventurero en el sentido de aceptar la Providencia, de disfrutar del don de Dios que es la vida y vivirla como una aventura. Mis padres siempre nos mostraron el viaje como una necesidad más que física, espiritual. 

Y además es sobrino de Miguel de la Quadra-Salcedo.

Mi tío marcó a varias generaciones: fue deportista olímpico y corresponsal de guerra. Era el prototipo de la aventura. Haciendo un paralelismo con los clásicos, sería como Telémaco o Ulises, héroes que buscaban a través del viaje el sentido real de la vida.

En ese sentido, la épica ha estado siempre presente en su vida. 

Buscar la épica está en el corazón del hombre. A través de la aventura, del viaje, de las grandes gestas o de la espiritualidad, el hombre persigue esa epicidad. Se trata de hacer cosas trascendentes, que merezcan la pena. Todos tenemos una vida prosaica, tenemos que comer y dormir, pero la vida no es sólo eso, es mucho más.

Es lo que España Rumbo al Sur pone en práctica.

España Rumbo al Sur es una experiencia de formación a través del viaje. Creemos que el viaje es un potenciador tanto intelectual como espiritual. Viajar con un espíritu de descubridor, científico o misionero es mejor que una hora con el mejor catedrático del planeta. 

¿En qué consiste esta experiencia?

Elegimos a adolescentes estupendos de entre 16 y 17 años y nos vamos con ellos a sitios lejanos a conocer culturas diferentes. Como españoles tenemos la ventaja de ser la mayor potencia misionera del mundo. Los misioneros son los únicos que se quedan en un sitio, aunque haya guerras o epidemias. Nos enseñan que una vocación es una apuesta de vida, y esto se contagia. Ponemos en contacto a estos jóvenes con ganas de cambiar las cosas con personas sobre el terreno (ONG y expertos). Todo ello en medio de la naturaleza y de una experiencia épica que se combina con un programa académico.

¿Cuál es el día a día en este viaje?

En la expedición se afrontan largas marchas andando por selvas, montañas y desiertos. En ellas no sobra la comida y hay racionamiento de agua. No tienen móviles ni cámaras, sólo un cuaderno de viaje. Asisten a conferencias y clases durante toda la expedición con profesores locales que forman parte de nuestro equipo. Practican deporte a diario, trabajan y, por supuesto, conocen misiones donde echan una mano.

¿Qué frutos habéis visto?

Después de hacer esta experiencia muchos son hoy sacerdotes, militares o médicos. Otros han creado su propia ONG y están ayudando en los sitios más diversos que te puedas imaginar. 

Es mucho más que un viaje de verano.

Es una ayuda para descubrir la propia vocación. Viajan a una edad en que aún no se conocen del todo y muchos no saben ni lo que les gusta. Descubrir así el mundo les ayuda a quitarse el miedo, a superar la sobreprotección y a afrontar el futuro con ganas. Se dan cuenta de que no se necesitan grandes cosas en la vida y de que el mundo es mucho mejor de lo que pensamos. 

Reivindica el sacrificio y el compañerismo, que no están hoy de moda.

Hay momentos en los que ellos creen que no pueden más y, de repente, se levantan y lo superan. Los jóvenes de hoy necesitan saber que son capaces de mucho más de lo que ellos se creen y que cuando caen se pueden levantar. Esto lo comprueban en la expedición y es una maravilla para ellos.

¿Recuerda algún ejemplo? 

Hay cientos de casos, como el de Nicolás, que con una amputación de un pie en su infancia quería seguir pese a los fuertes dolores. O el de Luis, que vino tras una leucemia y fue uno de los que más rindió físicamente. Recuerdo también a Teresa, una joven sordomuda que ha superado mil barreras y fue todo un ejemplo de ayuda para sus compañeros.

¿Nos falta más épica?

La épica está volviendo. Las nuevas generaciones se están cansando de la vulgaridad y de lo feo. Empiezan a buscar la bondad, la verdad y la belleza porque el espíritu humano es inquieto y está en una continua búsqueda de lo bello. 

¿Qué aporta la épica?

Primero, esperanza; y luego, un espíritu de superación para alcanzar algo noble.  Y aunque no lleguemos a conseguirlo, nos deja un poso de esfuerzo y responsabilidad. Es bueno tener ideales, vivir ese espíritu del caballero andante antiguo; ser un Quijote que salva a quien lo necesita. En el fondo es el espíritu evangélico.

¿Se puede trasmitir este espíritu épico en la familia?

Los pueblos antiguos con los que he convivido transmiten su sabiduría de manera oral y con el ejemplo. Al hacernos padres nos damos cuenta de que tenemos que sacrificarnos, algo que a lo mejor no estaba en el guion que teníamos en la cabeza. La base principal es el ejemplo. Además, esto se puede propiciar promoviendo la lectura desde edades muy tempranas. Potenciar la imaginación es esencial para crear ese ambiente épico. 

¿En qué libros está pensando?

Los primeros grandes viajes que recuerdo son los que leí en los libros de caballería, de Salgari, de la vida de san Francisco Javier, de Julio Verne, Baroja o Valle Inclán. También a -través de películas que hablan o cuentan historias heroicas, idealistas y bonitas como El Cid o Qué bello es vivir.

¿Qué papel juega la naturaleza para hacernos mejores personas?

Cuando vives en el campo o expuesto al medio natural, recibes una lección brutal: necesitas de otras personas para sobrevivir; entiendes que eres un ser sociable. Esto te baja los humos. Te das cuenta de cómo reaccionas y de qué pasta estás hecho. Nos hace falta la humildad de acercarnos a las cosas sencillas. La naturaleza es un regalo de Dios, pero recordando siempre que esta no es un fin, sino un medio.

¿Choca esta llamada a la aventura con la sobreprotección de la que vienen muchos de los jóvenes?

San Juan Pablo II decía: “No tengáis miedo”. Como padres tenemos que transmitir a los hijos que sean las mejores personas con los talentos que Dios les ha dado, pero una vez que intentas hacer las cosas lo mejor posible, tienes que dejar que se haga lo que Dios quiera.No podemos preverlo todo. 

¿Por qué la Historia tiene un lugar protagonista en la expedición?

Procuramos no viajar como maletas, que no se enteran a dónde van. Para ir a un sitio tienes que documentarte o corres el peligro de menospreciar a su gente. Los pueblos avanzan a través del conocimiento y este se adquiere conociendo lo que han hecho tus antepasados. Además, la Historia nos ayuda a interpretar el presente. 

¿Es una ayuda para comprender el momento actual?

Este siglo nos ha atontado completamente. Si no sabes quién es tu padre ni tu madre y no sabes ni lo que eres tú, te conviertes en una bestia. Es esencial reconocer de dónde vienes.

Esto nos conduce a la trascendencia.

Cuando viajas te das cuenta de que en cualquier cultura el ser humano, al igual que tiene una necesidad fisiológica, tiene una necesidad espiritual. Esa sed de trascendencia es intrínseca al ser humano. Y nosotros como católicos, apostólicos, romanos lo comprobamos a través de ese experimento empírico. Emprendemos este viaje con la idea de que la fe y la esperanza mueven el mundo. Lo natural es tener esperanza, ilusión y fe.  

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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