Trabajar con las manos

Trabajar con las manos para trabajar el espíritu

Coger una gubia para tallar madera, dar vueltas al torno para hacer un vaso de cerámica, enhebrar una aguja… son actos sencillos que van más allá de la afición a las manualidades. Ayudan a participar en la dimensión más atractiva de Dios: la creatividad.

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Cada vez que me acerco al taller a trabajar la madera, me siento de algún modo como Dios trabajando en la Creación”. Esto dice José Antonio Martínez Soler, un periodista jubilado al que su suegro, en la década de los años 70, regaló un juego de gubias para tallar madera. “Aunque era un regalo de mi suegro, no las toqué ni una sola vez en mi vida, pero el día que me jubilé lo primero que hice fue buscar en Google dónde aprender a hacerlo”, explica para Misión.

Así llegó al taller de Sandra Krysiak, de www.tallasmadera.com, con la que empezó a aprender desde cero. Lo primero que hizo fue un sencillo cuenco del que aún hoy, cinco años después, se siente orgulloso. “Ya tengo casi 50 obras, algunas de más de metro y medio; tengo en relieve un busto de Cervantes, El grito de Munch en madera de nogal…”, cuenta.

Para José Antonio, trabajar la madera “es trabajar tus emociones y tu concentración. De algún modo es como pensar con las manos”. Porque tallar, dice, es una actividad “que se acerca a la terapia psicológica: tienes que afrontar el miedo a que se parta la madera; ir siempre a favor de la veta; y si te encuentras con un nudo, es un reto que te desafía a superarlo”.

Más que un pasatiempo

En la madera no solo ha encontrado “un pasatiempo buenísimo”, también “compañeros muy distintos a las personas con las que trabajaba en mi vida profesional”. Y junto a ello, también “un desafío físico y espiritual”, porque “cuando cojo un taco en bruto, tengo que imaginar qué hay dentro de él que pide emerger y que me llama a descubrirlo”, dice.

Y es que su afición, como la de cada vez más personas que buscan trabajar con las manos para desconectar del frenesí tecnológico y, a la vez, conectar con su dimensión interior, es algo más que un simple pasatiempo.

Una revolución espiritual

El auge de los hobbies y tutoriales DIY (Do it Yourself, “hazlo tú mismo”, por sus siglas en inglés), que proponen recuperar actividades manuales como la costura, la alfarería o el bricolaje, responde, según explica el filósofo francés Fabrice Hadjadj, a que el ser humano lleva inscrita la llamada a un trabajo interior, que se exterioriza en el manejo de la materia exterior. Una tarea tan universal y reveladora que fue compartida por el mismo Hijo de Dios: “El Verbo se hizo carpintero, no filósofo ni doctor de la ley”, recuerda Hadjadj en Por qué dar la vida a un mortal (Rialp, 2019).

Solo la búsqueda de la expresión “vídeo DIY” genera más de ocho millones de resultados en Google, la mayoría relacionados con la transformación de elementos naturales y la libertad creativa: carpintería, cerámica, horticultura… Algo que Hadjadj explica partiendo de la madera –aunque es aplicable a casi todas estas aficiones–: “La madera no se doblega al tiempo corto del productivismo y de la eficiencia tecnológica. Para tener un buen madero, con buena resistencia y buena conservación, es necesario prepararlo por lo menos dos años antes: no hay plan de negocio capaz de resistir semejante retraso. El buen madero pide al inversor que se adecúe al ritmo del brote, que pase de la escala del segundo, propia de Internet, a la escala de la elevación de un tallo hacia el sol”. En otras palabras: trabajar con las manos implica trabajar con el tiempo, no como dueño, sino como servidor, con respeto. No en contra de la veta de la madera, sino a su favor.

Dar vida al barro

También así vive María Jesús, jubilada, su afición a la cerámica. Hace tres años, se apuntó a la escuela El Alfar de Lavapiés, donde aprendió a “sacar vida del barro”, del mismo modo en que comenzó la creación del hombre según el relato bíblico. “El barro es un material muy noble que te pone en contacto con la tierra”, afirma, y trabajar con él “es muy beneficioso: te centra, te hace disfrutar y te exige paciencia; no puedes hacer las cosas rápido”, desvela.

Volver a lo primigenio

Esta vuelta al barro primigenio es lo que Hadjadj defiende como medio para desarrollar una imaginación que vaya más allá de la distracción que nos ofrecen las pantallas. “Nuestra creatividad se seca cuando se desliga de las formas irregulares de la naturaleza. Cuando el ser humano se cree creador absoluto, solo consigue dejar de tener inspiración”, afirma.

Por eso, “es probable que la pérdida de sentido que encontramos hoy no sea una pérdida de sentido del espíritu, sino una pérdida de sentido de la materia”, dice el pensador francés. De ese modo, tal vez, la reconquista espiritual que Occidente necesita comience haciendo un cuenco de madera, sembrando tomates, cosiendo un jersey o modelando un jarrón para las primeras flores de la primavera.

La reconquista espiritual de Occidente puede comenzar por recuperar el sentido de trabajar con las manos

Hilar tu interior

“Lo que tú haces es pintar con hilos”, le dijo un día su padre a Marta Esteban, responsable de Casa y Labor, una iniciativa online con la que enseña a coser a través de tutoriales y patrones personalizados. Para ella la costura siempre fue un hobby, pero tras un ERE en su empresa decidió dedicarse a enseñarla a otros. Desde entonces ha desvelado los rudimentos de los hilos y las telas a cientos de jóvenes y mayores. Afirma que la costura le ha aportado “muchísimo”: desde dejar de fumar, “porque no me quería levantar a echar un cigarrillo”, hasta “darme mucha paz”, porque “estar tanto tiempo delante de algo que requiere concentración, en silencio, te hace encontrarte contigo misma. Y a veces incluso rezo mientras coso. En un mundo de pantallas, con tanto ruido, coser te permite ir hilando tu interior”. También es escuela de virtudes: “Trabajas la paciencia, como cuando tienes que deshacer un trabajo que ha salido mal y debes volver a empezar; desarrollas la creatividad; y despiertas tu atención”. Ese es el secreto, dice, de que la costura sea una de las aficiones más demandadas por las nuevas generaciones, esas que vieron coser a sus madres y abuelas, y ahora, mientras se sienten unidas a las raíces de sus mayores, descubren que “coser te ayuda a crecer como persona”.

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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