Darwin

Traición a Darwin, por José Ramón Ayllón

Las ideologías son filosofías revolucionarias que aspiran a cambiar el mundo de forma rápida y profunda.

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por José Ramón Ayllón autor de Orígenes (Ed. Sekotia)

Mientras unas ideologías se imponen por la violencia, otras prefieren ganar las batallas de la educación y la opinión pública. El darwinismo ideológico pertenece al segundo grupo y es responsable de haber secuestrado y traicionado a Darwin.

En El origen de las especies se refiere Darwin a  “leyes impresas por el Creador en la materia”, que hacen posible la sucesiva y asombrosa aparición de las diversas especies. Sin embargo, ya en vida del famoso naturalista, darwinistas radicales tergiversaron sus ideas con la intención de convertirlas en la gran alternativa atea al relato bíblico del Génesis.

En esa línea, cuando en 1959 se celebró en Chicago el centenario del citado libro, Julian Huxley, el orador más aplaudido, resumió en tres líneas la esencia del darwinismo convertido en ideología:  “La Tierra no fue creada: evolucionó.  Y lo mismo hicieron los animales y las plantas, al igual que el cuerpo humano, la mente, el alma y el cerebro”.

Nos puede parecer un planteamiento dogmático y simplista, poco o nada científico, pero en él se apoya una de las controversias más ruidosas e interminables de la historia de la ciencia y del pensamiento.

“La explicación puramente evolucionista de los seres vivos puso crudamente de manifiesto la gran diferencia entre verse como hijos de Dios o considerarse primos del mono”

La explicación puramente evolucionista de los seres vivos comprometía el papel de Dios como creador de la vida y del hombre, suprimía la espiritualidad humana y su libertad, así como la responsabilidad moral y el destino después de la muerte. Dicho en pocas palabras, ponía crudamente de manifiesto la gran diferencia entre verse como hijos de Dios o considerarse primos del mono.

Tal planteamiento ha logrado imponerse en la opinión pública, divulgado con pedagogía incansable en libros de texto y ensayos, en museos de ciencias naturales, en entrevistas y documentales televisivos, en clases y conferencias. 

Ese inmenso esfuerzo divulgativo ha hecho del darwinismo ideológico una clave imprescindible de interpretación del ser humano, de la sociedad y de la historia. Pero se trata de una clave equivocada, pues la evolución opera sobre una realidad que previamente ha recibido la existencia. Una certera comparación de Ernst Jünger clarifica esta cuestión: “La teoría de Darwin no plantea ningún problema teológico.

La evolución transcurre en el tiempo; la creación, por el contrario,
es su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se proporciona también la evolución: se extiende la alfombra y esta echa a rodar con sus dibujos”.

Resulta ilógico rechazar a un Dios creador y creer que las cosas han surgido de la nada. Si algo parece evidente es que el mundo no se explica por sí mismo, que responde al proyecto de un Diseñador presente en su obra como el artista en la obra de arte.

La plataforma Illustra Media, en sus excelentes vídeos sobre los orígenes del universo y la vida, accesibles en YouTube, lo explica admirablemente. Más sencillos y rotundos, los padres de la ciencia –Copérnico, Kepler, Galileo, Leibniz, Descartes, Newton– tuvieron claro que Dios era el autor de dos libros incomparables: la Biblia y la naturaleza. Darwin nunca lo puso en duda.  

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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