Tres ejemplos de “otra economía” posible

¿Se puede hablar de amor cuando hablamos de economía? La respuesta es sí. Se puede hablar incluso de comunión. Pero, ¿hay algún ejemplo real?
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Por Ángeles Conde Mir

“Es necesario corregir los modelos de crecimiento que son incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente, la acogida de la vida, el cuidado de la familia, la equidad social, la dignidad de los trabajadores, los derechos de las generaciones futuras”, escribió el Papa en su carta convocatoria para el encuentro “Economy of Francesco”, en referencia a San Francisco de Asís.

Entre el santo mendicante y la actualidad, existen muchas personas que llevan años acompañando ese deseo del Romano Pontífice por una empresa más humana. Hemos encontrado algunos buceando en la hemeroteca de la revista Misión.

Los hermanos Mónica y Pablo Salazar tienen una empresa: Maderas Nogal. Pablo asegura que sintió una fuerte llamada a concebir su actividad profesional desde la economía de comunión. Estos hermanos decidieron iniciar su proyecto en el 2001 en Argentina, en plena época del corralito. Han llegado incluso a prescindir de cobrar un sueldo por preservar los puestos de trabajo. “Así es nuestra empresa, la empresa son las personas”, asegura Pablo. Los 5.000 dólares iniciales de inversión se convirtieron, unos 10 años más tarde, en 600.000.

Es un tipo de economía en el que las personas son lo más importante y los beneficios no son lo que más importa. Estos se destinan a obras de caridad, porque los pobres son un valioso recurso para el bien común; formación para los empleados y reinversión en la propia empresa.

Otro caso es el de Metalsul, que fue una de las primeras empresas en adoptar en Brasil la economía de comunión. Celso Beppler, uno de sus socios fundadores, explica que, a la hora de crear su empresa, tenía una cosa clara: debía conjugar a Dios, al hombre y al capital. “Nuestros pilares se fundamentan en la cultura del dar”, afirma. Esta concepción coloca al ser humano en el centro de la empresa de modo que trabajadores, clientes, proveedores… todos son importantes.

En la web de Economía de Comunión cuentan cómo reaccionó ante la pandemia del coronavirus la empresa de Francisco Toro. Desde 1972 comercian productos y equipos de agricultura, destinados a prevenir o combatir plagas. Sus materiales fueron donados para preservar la salud de las personas en zona de riesgo. Francisco explica: “Como empresa EdC (Economía de Comunión), buscamos atender a los abandonados y necesitados. En estos momentos las necesidades eran de protección sanitaria y nosotros podíamos colaborar”.

Está claro: es posible hacer negocios de manera diferente. Ya hay evidencias de que, cada vez más, los negocios éticos garantizan los resultados financieros a largo plazo. En Fidelis International Institute, sostienen que la ética debe ocupar un lugar central en cada negocio, y eso puede ser conseguido junto con un robusto crecimiento de las ganancias. “No pensamos que la ética se tenga que quedar en algo teórico o en conceptos desconectados de las exigencias del negocio -afirma su director ejecutivo-. Al contrario, desarrollamos soluciones tangibles, que cualquier líder empresarial puede poner en práctica”.

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