“Que sea un friki de la pesca, de la pintura… o de grabar vídeos para YouTube, la clave está en que le suponga un esfuerzo”, es uno de los consejos de Juan Martínez Oteroexperto en protección de los menores en el entorno digital y autor de Tsunami digital, hijos surferos (Freshbook, 2017).

Por Margarita García

 

¿Cómo usar bien Internet?
En primer lugar, hay que tener claro que el desafío es muy grande: esto no es como la televisión o la Game Boy. El poder de atracción de la tecnología digital es brutal, casi irresistible. A un lado de la pantalla está nuestro hijo y, al otro lado, un ejército de publicistas, expertos en neuromarketing, etc., que saben cómo hacer adictiva la tecnología y, además, tienen todos los datos de tu hijo. Pedir al niño que se controle es dejarle en una tienda de chucherías gratis y esperar que se modere y que sea maduro.
¿Cómo evitamos naufragar en el tsunami digital?
Educar en internet es dificilísimo y la situación es peligrosa. La forma de hacer algo positivo es reforzar nuestros vínculos personales: querernos más, pasar tiempo juntos, hablar y compartir más cosas.
¿Qué deben hacer los padres?
Primero, preguntarse: ¿Qué me preocupa, por qué y qué voy a hacer? A veces nos quedamos en una preocupación vaga y no somos capaces de establecer una estrategia.
¿Y cuál sería la estrategia?
Educar en positivo. En lugar de dar mensajes negativos del tipo:  “no seas bobo, tus seguidores de Instagram no son tus amigos”, ser capaces de hablar de forma motivadora sobre lo que quizá, con tantas pantallas, nos estamos perdiendo. Por ejemplo, hablar menos de distracción y acoso escolar, y más de concentración y de valentía para defender a los más débiles.
¿Basta con aplicar esta estrategia?
No, también hay que poner reglas y hacerlas cumplir, porque un niño sin reglas es un mimado y un infeliz. Por ejemplo: cenar sin móvil o, a partir de las 10, apagarlo. Es importante buscar aficiones con los hijos y compartirlas con familiares y amigos. Un objetivo prioritario es hacer que tu hijo sea un friki de algo: la pesca, la pintura, la montaña, un instrumento… A largo plazo, una afición es una gran fuente de satisfacción y felicidad.
¿Y si la afición es grabar vídeos para subirlos a YouTube?
No hay problema, si le requiere un esfuerzo. Si le gustan los trucos de magia, anímale a que se abra un canal de YouTube especializado en magia. La clave no es que la afición sea offline, sino que no sea pasiva, porque solo el esfuerzo supone crecimiento y aprendizaje.
¿Cómo podemos introducirnos más los padres en su mundo digital?
Hay que hablar mucho con los hijos. Los niños de 11 años ven de todo y, o te enteras de qué ven, o no les puedes orientar. Sería bueno conocer a los youtubers o instagramers más famosos entre la gente de su edad, y ver con nuestros hijos sus publicaciones, para reírnos con ellos y poder darles criterio.
¿Hay que alejar a los hijos de los dispositivos móviles?
No solo a los niños. Da mucho que pensar que gurús como Steve Jobs no permitían tabletas en su casa… En mi opinión, cuanto más retrasemos que tengan un smartphone propio, mejor.
¿Cuáles son los principales riesgos y oportunidades del tsunami digital?
Lo digital es tan atractivo que es muy difícil resistir. Su principal riesgo, por tanto, es la adicción, el consumo desenfrenado de tecnología. El desafío es aprender a utilizar Internet bien, y aprovechar sus grandes oportunidades. Hay que educar en el espíritu crítico y el gusto por la disidencia, para ser capaces de no dejarnos llevar y terminar haciendo lo que hace todo el mundo. ¿Las claves? Utilizar la tecnología juntos, hacer usos que impliquen esfuerzo y creatividad, y utilizar la red para desarrollar las propias aficiones.

“Hay que poner reglas como: cenar sin móvil o, a partir de las 10, apagarlo. Y hacerlas cumplir”

 

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta