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Un Papa para este “cambio de época”: los grandes retos que preocupan a León XIV

Recién elegido Sumo Pontífice, el cardenal Prevost confiesa que tuvo claro que el Espíritu Santo lo llamaba a guiar la Nave de Pedro ante “las cosas nuevas” de hoy y que eso le llevó a elegir el nombre de León XIV, el papa de la Rerum Novarum. Lanzó así un claro mensaje que lo conectaba con el cambio de siglo anterior y el modo en que la Iglesia tuvo que afrontar una época de revoluciones que provocaron profundos cambios sociales, políticos y culturales.

Por José Ángel Agejas

Al comentar el pasaje evangélico de la confesión de Pedro en la homilía de la santa misa Pro Ecclesia celebrada con todos los cardenales se veía en la respuesta del apóstol a Jesús y resumía así su misión: “En su respuesta, asume ambas cosas: el don de Dios y el camino que se debe recorrer para dejarse transformar, dimensiones inseparables de la salvación, confiadas a la Iglesia para que las anuncie por el bien de la humanidad.” Y continúa reflexionando acerca de las respuestas que los discípulos le dan al Maestro cuando les pregunta quién dice la gente que es el Hijo del Hombre diciendo que son las mimas que encontramos hoy: muchos lo consideran un personaje curioso y otros lo reducen a un mero líder humano. “Este es el mundo que nos ha sido confiado”, afirma y, por tanto, el anuncio de la fe supone una relación personal de conversión constante. Ahí encaja la cita de san Agustín desde el balcón de la Logia: “con vosotros soy cristiano, para vosotros, obispo”.

El Papa abre su propio camino

El Papa León XIV nos trazó así, desde los primeros instantes, cuáles eran las líneas maestras de su Pontificado, cómo comprendía la misión a la que Dios le llamaba al ser elegido por los cardenales como sucesor de Pedro: desde la humildad de quien recibe un don de Dios, asumir la responsabilidad de que la Iglesia siga anunciando la salvación de Cristo en el exigente contexto histórico, social y cultural que vivimos.

Como buen agustino acude a La Ciudad de Dios de san Agustín para encontrar las claves para una lectura teológica de la Historia

Además, en aquellas primeras intervenciones nos confió que, “al igual que el anterior ‘León’, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con ojos de fe, con la lucidez de la razón, con apertura al misterio y con los gritos de los pobres y de la tierra resonando en mi corazón”.

En este año de pontificado ha ido desgranando, en encuentros y discursos, cuáles son esas cosas nuevas en las que los católicos tenemos que hacer presente al Señor. Y muy especialmente a partir del 6 de enero de este año tras cerrar la Puerta santa del Jubileo de la esperanza convocado por el Papa Francisco. Al día siguiente había audiencia general. Hasta entonces los temas de las catequesis habían venido marcados por el Jubileo. Ahora iniciaba un nuevo ciclo, el suyo: el Vaticano II a través de sus documentos para “redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial”. Quiere seguir redescubriendo la gracia de ese evento eclesial para el anuncio de Cristo al mundo contemporáneo.

Dos días después había otra cita importante. Y un discurso clave para saber cómo mira el Papa al mundo: el encuentro con el cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Más de diez folios en los que León XIV no dudó en mostrar sus grandes preocupaciones: la polarización a costa de la ruptura del multilateralismo, la fragilidad de la paz, la inestabilidad del equilibrio político mundial, los flujos migratorios.

Como buen agustino acudió a La Ciudad de Dios de san Agustín para encontrar las claves para una lectura teológica de la Historia. Los paradigmas culturales con los que abordan estas situaciones no pueden caer en dialécticas estériles sino en buscar la defensa de la dignidad de la persona y la defensa del Derecho. Y para ello promover el verdadero diálogo que conduce a la paz.

Un tercer momento muy significativo en este año ha sido la firma de la encíclica Magnifica Humanitas con la que nos traza el mapa definitivo de los retos que busca afrontar, esas “cosas nuevas” que caracterizan este cambio de época. La novedad temática, sin duda, está en que un Papa mira por primera vez a la Inteligencia Artificial. Lo que algunos no han comprendido es la clave desde la que se ocupa de la cuestión. Aunque es de formación matemático estaba claro que no iba a entrar en cuestiones más o menos técnicas. Lo que más le inquieta es analizar y comprender cuáles son las amenazas de una tecnología tan poderosa que está reconfigurando el mundo político, social, laboral, económico desde la alteración del modo de entender a la persona.

La civilización del amor que surge del Evangelio no es una utopía sino un proyecto exigente.

No se trata de controlar o de poder límites al desarrollo tecnológico. Se trata de que sirva al bien de la persona humana. El Misterio de la Encarnación y la Redención ilumina la verdad del hombre, amenazada hoy por el transhumanismo y posthumanismo; por el debilitamiento del lenguaje y la palabra que deriva en un “auténtico cortocircuito de los derechos humanos”. A partir de aquí, queda patente en la encíclica la propuesta de defender la dignidad, la libertad de conciencia, la vida como don, la persona en su integridad.

Denunciar, proponer y dar forma

Un Papa del Vaticano II, preocupado por los grandes desafíos del cambio de época que amenazan la dignidad de la persona y el equilibrio internacional. En sus intervenciones podemos ver cómo sus líneas de acción articulan tres verbos: denuncia, propone, da forma.

No tiene medio en denunciar los riesgos y amenazas del cambio de época: ideologías inhumanas, atentados contra la paz, aumento de los desequilibrios. Propone soluciones claras: desarmar la IA, recuperar el valor del lenguaje, promover el diálogo, diseñar mapas de esperanza. Da forma al modo en que la Iglesia tiene que seguir dando testimonio de Cristo, anunciando el Evangelio: desde la conversión y el compromiso personal. Porque cada uno de nosotros es protagonista y responsable de la historia. Porque la civilización del amor que surge del Evangelio no es una utopía sino un proyecto exigente.

Tenemos la suerte de que haya elegido España como primer país europeo que visita. Va a multiplicar sus encuentros y tendremos que escuchar con atención sus propuestas. España es clave en el catolicismo europeo y puente con América. Francisco quería venir a Canarias para hacer su denuncia de la tragedia de la inmigración, como había hecho en su día en Lampedusa. Pero León XIV ha ampliado significativamente la agenda de modo que podremos atender cómo su magisterio nos invita a alzar la mirada y ver en Cristo la clave desde la que afrontar todos los desafíos sociales, políticos, económicos y culturales.

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