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Sexualidad en la madurez

Vida sexual en la madurez: “Cada vez somos más cariñosos”

La entrega física entre los cónyuges cambia con los años, pero no desaparece. Parejas como Marcos y Elena o Guillermo y Pura explican cómo se pasa de la fogosidad juvenil, a la ternura y la delicadeza en la vejez.

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Desde siempre en nuestro matrimonio hemos tenido un gran deseo de vivir la intimidad entre nosotros”, reconocen Marcos y Elena, ambos de 71 años y padres de dos hijos.

Después de una vida juntos, con el tiempo han ido redescubriendo la importancia de la sexualidad en su relación, a la que no han renunciado, pero que tampoco viven del mismo modo.

“Con la edad, la expresión del afecto ha cambiado. Al principio era más sexual, y poco a poco fuimos descubriendo que era más preciosa cuando nos comunicábamos más.

Nuestra relación empezó a ser más plena cuando comenzamos a conocernos mejor, a decirnos lo que sentíamos y lo que experimentábamos más profundamente. Hablábamos y dialogábamos, sobre todo, y eso fue provocando relaciones sexuales más satisfactorias”.

Vinculados a Encuentro Matrimonial desde hace décadas, Marcos y Elena (cuyos nombres reales nos han pedido mantener en el anonimato) han ido aprendiendo que  “el sexo es una forma muy importante de comunicación, imprescindible en el matrimonio. Sabemos que tenemos que hablar de nuestra relación sexual, de cómo la vive el otro, de si disfrutamos, de si esa relación ha sido un regalo que el otro nos ha dado…”.

Esta forma de vivir la intimidad en la alcoba genera, con los años, “relaciones mucho más plenas”, que en la vejez se han vuelto  “más esporádicas”, pero más afectivas:  “Cada vez somos más cariñosos; vamos dulcificando nuestros gestos, estamos pendientes el uno del otro todo el día. Si pasamos mucho tiempo juntos, se abre la oportunidad de que surja algo más: más caricias, más complicidad. Hemos ido creando una intimidad que puede terminar en una relación plena o, a lo mejor, se queda solo en caricias, pero es siempre satisfactoria”.

Algo muy bueno

Tras 47 años juntos, concluyen que todo matrimonio debe estar sostenido por tres pilares: el diálogo, la relación sexual y la oración: “Hablar, hacer el amor y orar juntos no deben faltar en un matrimonio”. De hecho, han vivido y viven su afectividad corporal conscientes de que  “Dios nos ha puesto en el mundo para ser felices, y el sexo forma parte de eso.

Estar juntos nos hace estar más felices y contentos. Y no hacemos más que seguir la voluntad de Dios. Con el tiempo, hemos pasado de pensar que la relación íntima no era algo malo, a descubrir que era algo muy bueno”.

Marcos y Elena viven con el Señor en su matrimonio: rezan juntos, dicen a Dios lo que necesitan y le dan gracias por cuanto les da.  “Eso nos da una intimidad enorme con Él y una intimidad muy grande entre nosotros”.

Más tranquila, con más paz

Con 53 años de matrimonio, y casi 75 años cada uno, Guillermo y Pura han conocido una evolución en sus relaciones íntimas. Nada más casarse, llegaron los niños, cuatro en su caso, y comenzó una etapa de entrega y sacrificio, “pero nuestra forma de vivir fue más espontánea y feliz que la de muchos matrimonios de hoy.

Nuestra casa siempre estaba llena de gente, de niños y amigos. Era una alegría de vivir que casi no se vive hoy”, dicen.

Aquella fue una etapa llena de energía, en la que las relaciones íntimas eran más intensas:  “Cuando eres joven, deseas el placer. Es normal y muy bonito”. Pero al marcharse los hijos de casa comenzó una relación “más tranquila, como un remanso de agua, con más paz. El deseo aflora con otra forma de cariño, y empiezas a ver al otro con ojos nuevos, por toda la vida que has compartido ya”.

Hoy Guillermo y Pura viven una relación “más sosegada, porque el cuerpo tampoco te pide tanto, aunque en cambio te reclama más ternura y cariño. Una caricia te puede llenar del todo, sin necesidad de una sexualidad desbordante”.

Tras varios años acompañando a ancianos en Vida Ascendente, un movimiento que promueve una pastoral de la tercera edad, saben que “lo que más necesita un mayor es una caricia. La necesidad del tacto no desaparece nunca; nosotros, por ejemplo, siempre vamos de la mano a todas partes. Es todo más sosegado, más dulce, y cualquier detalle es placentero”.

Viven así un lenguaje corporal que, sin dejar de ser carnal, ha adquirido un tono más espiritual, y la comunión íntima que empezaron a construir en su juventud es hoy  “una gran complicidad, porque conocemos nuestros cuerpos y nuestras almas”.

“La necesidad del tacto no desaparece, nosotros siempre vamos de la mano a todas partes”
Guillermo y Pura
“Nuestra relación empezó a ser más plena cuando comenzamos a conocernos mejor”
Marcos y Elena
El mito de la píldora azul

“La intimidad sexual no tiene que desaparecer con la edad. Los matrimonios son muy distintos. Hay algunos muy activos, y otros no tanto”, afirma Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad, de la Universidad de Salamanca.

Pero si bien la relación sexual no tiene por qué desaparecer, “tampoco es obligatoria”. El catedrático afirma que los seres humanos tenemos la capacidad de tomar decisiones, y podemos elegir tener o no actividad sexual. Él la recomienda, pero advierte de que no es una condición para la salud de la pareja.

López Sánchez observa que, últimamente, “han surgido nuevos mitos, como el que afirma que si las personas mayores no tienen interés sexual o no pueden mantener relaciones íntimas, deben recurrir a un médico para que les recete fármacos”.

Por eso, defiende que la sexualidad a una edad avanzada “no se puede comparar con la de otras etapas de la vida, porque cada periodo tiene sentido propio. No es aceptable analizar la afectividad en la vejez tomando como referencia la sexualidad de la juventud”.

Lo que, sin embargo, permanece siempre “es el mundo de los afectos. La fisiología puede estar activa o no, pero lo que nunca va a desaparecer es la variable emocional que hay detrás. Hay mucha vida en la madurez”.

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