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Vientres de alquiler: ¿Solidaridad o comercio?

Hoy en día es cada vez más habitual encontrar personas que recurren a madres de alquiler para tener hijos. Sin embargo, no hay registros oficiales porque esta práctica no está regularizada en la mayoría de países, pero ¿qué hay detrás de este tipo de maternidad?

Por Blanca Ruiz Antón

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

La maternidad subrogada no es tan sencilla como la pintan, porque lo que comienza con el deseo de ser padres puede verse empañado posteriormente. Bien lo sabe Pattaramon Chanbua, una joven tailandesa que solo quiere hablar del futuro porque los años pasados han sido muy duros para ella, para su marido y, sobre todo, para su hijo Gammy, el niño que había sido “encargado” por una pareja australiana y que Pattaramon gestó junto con su gemela. Sin embargo, descubrieron que Gammy padecía síndrome de Down.

Fue entonces cuando la pareja australiana se echó atrás, alegando que había pagado por un niño “en perfectas condiciones” , y por eso le pidieron a Pattaramon que abortara.

Pero ella se negó: “No se trataba de dar lecciones a nadie, sino de salvar una vida”, explicó la tailandesa a Misión durante la entrega del i Premio Europeo One Of Us en defensa de la vida el pasado 12 de marzo en París (Francia). Pattaramon decidió dar a luz y criar ella misma al pequeño con trisomía 21. Hoy asegura que es “la alegría de la familia. Es una perla entre las perlas” y “el premio más grande que jamás me han dado”.

Una solución ética: la adopción

En la actualidad, aproximadamente 170 millones de niños son huérfanos. De ellos, 132 millones viven en países en vías de desarrollo, según datos de la ong Humanium. A pesar de que el proceso de adopción suele extenderse más de cinco años −en función del país de origen del niño−, puede constituir una oportunidad para aquellas parejas que no pueden tener hijos.

En España, cerca de 13.400 menores viven en residencias o centros de acogida. Gracias a la ley de la infancia, recientemente aprobada, los niños dispondrán de más posibilidades para encontrar un hogar, ya que, con ella, se pretende agilizar los procesos de adopción para evitar que su infancia transcurra en centros e instituciones.

Esta ley ofrece la posibilidad, por ejemplo, de que el niño conviva, durante temporadas, con la familia que podría adoptarlo con el fin de facilitar su adaptación a ella. Para más información, puedes acceder a la web del Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad: www.msssi.gob.es.

Pattaramon tuvo que soportar muchas críticas por traer al mundo un bebé con síndrome de Down en una situación de necesidad como la que vive en Tailandia. La misma situación de pobreza que la motivó a gestar a los hijos de otros.

Después de este caso, en febrero de 2015, Tailandia penalizó la práctica de la maternidad subrogada, ya que, aunque desde 1997 se había prohibido con fines comerciales, no existía una ley específica que la condenara. A partir de la entrada en vigor de la nueva ley, solo es posible la contratación de un vientre de alquiler por parte de matrimonios heterosexuales en los que la mujer o el hombre sea originarios de Tailandia, y la madre de alquiler debe ser pariente de uno de los cónyuges.

Ilegalidad en Europa

Ante estas graves dificultades, en Europa también se ha visto la necesidad de debatir este asunto. Recientemente, el Parlamento Europeo rechazó legalizarla en los países miembros de la UE. Solo Grecia permite la subrogación materna para extranjeros.

En España esta práctica es ilegal, pero se estima que unas ochocientas parejas españolas recurren a ella cada año. María Lacalle, directora del Centro de Estudios de la Familia de la Universidad Francisco de Vitoria, explica que esto incurre en “una incongruencia jurídica”, ya que “en nuestro ordenamiento jurídico está prohibida la maternidad subrogada, pero, sin embargo, hay una instrucción del Ministerio de Justicia que permite que se inscriban los niños así concebidos”. En ese sentido, Lacalle precisa que “estamos forzando al derecho y al ordenamiento jurídico a admitir algo que es contrario a la realidad de las cosas” y subraya que, en España, “se determina que la madre es quien ha dado a luz. Por tanto, para regularizar esta situación, habría que cambiar no solo la ley de reproducción asistida, sino también el Código Civil, ya que la mujer gestante figuraría como la madre del niño”.

En México, donde la maternidad subrogada está legalizada, las autorida­des advirtieron los graves riesgos que entraña y que podría relacionarse con situaciones de trata de mujeres con fines reproductivos. En la India, la maternidad subrogada mueve en el sector sanitario unos 138 millones de dólares (128 millones de euros aproximadamente) y aumenta un 20 por ciento cada año. Los requisitos para entrar en este “negocio” son estrictos. Las condiciones médicas de las mujeres deben ser excelentes; por eso, se les somete a férreos controles sanitarios. Deben haber concebido un hijo propio y contar con la aprobación del marido o familiares cercanos.

El precio de la gestación subrogada en la India oscila entre los 16.000 y los 28.000 euros, un cuarto más barato que este mismo proceso en Estados Unidos. Esto provoca que alrededor de 2.000 niños nacen al año en la India para ser entregados a otros padres, el 80 por ciento de los cuales son extranjeros. Las madres reciben entre 3.000 y 5.000 euros, dependiendo de la clínica.

Otra forma de explotación

Según afirma Mariano Calabuig, presidente del Foro Español de la Familia, esta es “una nueva forma de explotación de la mujer” porque se trata de “un tipo de mercado en el que se encarga, se compra, se vende e, incluso, se devuelve o se obliga al aborto, como es el caso de Chanbua”.

“En la mayoría de las ocasiones, se trata de un atentado a la dignidad de mujeres desfavorecidas de países pobres por parte de personas con recursos de países ricos. Y también a mujeres vulnerables y sin recursos de países occidentales”, asegura Calabuig, quien recuerda el caso de la empresa Babe-101 Eugenic Surrogate, que se descubrió en el año 2011: “Una red de abogados norteamericanos hizo un inventario de embriones congelados para venderlos a 100.000 dólares cada uno, utilizando vientres de alquiler en Tailandia”.

Asimismo Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia, precisa a Misión que la subrogación contiene, de manera implícita, “una nueva dificultad ética”, que es “la cosificación de la mujer, que es utilizada como un instrumento para el provecho de terceras personas”. Ello hace que surjan campañas como #NoSomosVasijas, en las que se reivindica que “la mujer no es un mero recipiente, habitáculo o espacio en el que gestar al hijo de terceras personas por motivos económicos”.

No hay que ignorar el sufrimiento que supone para muchas parejas no poder concebir un hijo. Sin embargo, existen alternativas moralmente lícitas para ayudarlas a lograr un embarazo. De igual manera, muchos atropellos podrían evitarse si los procesos de adopción se facilitaran y agilizaran.

Derechos de los niños

Los grandes olvidados son los niños y sus derechos. Calabuig apunta que “el deseo de conseguir algo no da derecho a obtenerlo. Lo mismo sucede con el deseo de ser padre: no otorga el derecho a tener un hijo”. Lacalle precisa que, en lo más fundamental, este tipo de maternidad “va en contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, y la dignidad de la mujer gestante y del pequeño, porque a los dos se los mercantiliza y cosifica”. En este punto, coincide con Aznar, quien señala que “también es una realidad sociológica que los hijos no solamente tienen derecho a saber quiénes son sus padres, sino que, además, esa relación paternofilial es fundamental para su adecuado desarrollo psicobiológico”. Además, Lacalle apunta que ese supuesto derecho a la paternidad tiene dos caras: “Una es el aborto, el derecho a eliminar al hijo que llega cuando no me conviene, y la otra es tenerlo cuando sí me conviene”.

El diálogo biológico

Además, “hay que considerar el bienestar del niño que va a nacer, que no es respetado, pues se le priva de la compañía y ayuda de la mujer que ha sido su madre gestante. Esto puede afectar a su desarrollo, pues, aparte de romper los evidentes lazos sociales que existen entre ambos, cada vez se está conociendo mejor el diálogo biológico que, durante la gestación, se establece entre la madre y el hijo, y cómo dicho diálogo puede influir en el desarrollo del niño”, subraya Aznar. “La interacción madre-hijo puede repercutir en el genoma de este último, transmitiéndole caracteres genéticos objetivos”, explica. Calabuig recuerda unas palabras de la experta en bioética e investigadora de la Universidad de Navarra Natalia López Moratalla: “El hijo pasa en el seno materno nueve meses de gestación, durante los cuales la naturaleza cambia el cuerpo y el cerebro de la mujer convertida en madre y ocurre una simbiosis perfecta de dos vidas humanas en la que, como en toda simbiosis, ambos ganan, y el hijo lleva la batuta”. El presidente del Foro Español de la Familia insiste en que “no será ni siquiera una ‘maternidad delegada’, pues le faltará la segunda parte del maravilloso proceso de la vida, sino que será el ‘contrato de alquiler de un vientre, al que le faltará la posterior crianza del niño”. Coincide con Lacalle, que recuerda que hasta seis personas podrían reclamar la patria potestad del bebé y su custodia: “Quienes hacen el encargo, los respectivos donantes de cigotos y sus parejas”, precisa.

Sobre estas supuestas donaciones, Gian Luigi Gigli, presidente del Movimento per la Vita de Italia, explicó a Misión que en su país la fecundación in vitro tan solo puede hacerse a través de la donación gratuita de gametos. Sin embargo, son muy pocas las italianas que donan sus óvulos, ya que “para extraerlos se corren riesgos y es preciso realizar procedimientos molestos, como la hiperestimulación hormonal y una laparoscopia con anestesia local”, precisa Gigli. “Algunas regiones italianas firmaron convenios con clínicas españolas autorizadas a realizar este tipo de intervenciones, para comprarles los gametos. Sospecho que detrás del llamado ‘pago por los gastos’ hay una remuneración económica y, por lo tanto, se está sacando provecho de una situación de necesidad”, afirma Gigli. Por eso, insiste, “la mujer española debería darse cuenta de lo que está sucediendo: en nombre de su libertad, otros se están aprovechando de su cuerpo”.

Lacalle también subraya este hecho: “Es de una tremenda ingenuidad pensar que se realiza de manera altruista. Solo hay que entrar en Internet y ver la gran oferta que hay. La donación de gametos también debería realizarse de manera gratuita, pero se disfraza el pago como una compensación por los daños o problemas sufridos”. La mayoría de las mujeres lo hacen por necesidad económica.

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