Por Isabel Molina Estrada
Fotografía: Ángel Rodríguez Rolandi / Foro Mariano Diocesano (FMD)
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
En 2017, en el centenario de las apariciones de Fátima, Agustín Giménez, Jaime Pérez-Boccherini, y Fina Rivero, dos sacerdotes y una madre de familia, experimentaron la llamada a profundizar en el papel de María en la redención, en su título como Corredentora o Colaboradora Esencial de la Redención. Don José Rico Pavés, por ese entonces obispo auxiliar de Getafe, los animó. Así que se dieron a la tarea de comenzar a investigar el tema, y tal y como cuentan a Misión, “cuanto más íbamos profundizando en lo que la Virgen ha hecho por nosotros, con más fuerza íbamos sintiendo la necesidad de colaborar para que algún día, si Dios lo quiere, la Iglesia proclame ese quinto dogma mariano de María como Madre, Corredentora, Mediadora y Abogada”.
Al comienzo no tenían la intención de crear un foro, pero en la primera peregrinación que organizaron a Fátima para rezar por este dogma mariano, descubrieron que dentro de la propia diócesis, tanto entre sacerdotes como entre laicos, existían discrepancias de que fuera necesario que esta verdad de fe llegara a ser un dogma. “Las discrepancias no consistían en afirmar si María ha colaborado esencialmente o no en la redención, sino en qué termino usar para nombrarla como cooperadora del plan salvífico”. Entonces vieron oportuno estudiar juntos lo que han dicho hasta ahora el Magisterio, los santos, la Biblia y la Tradición. “Así se fundó el Foro: como un lugar de diálogo”, apunta el padre Agustín, director del Departamento de Sagrada Escritura de la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso en Madrid.
María, ¿corredentora?
Existen ya cuatro dogmas marianos, ¿por qué podría hacer falta uno más? El padre Agustín explica que hasta ahora tenemos un dogma que indica lo que ha hecho María por Dios por iniciativa suya, la Perpetua Virginidad (proclamado en 553), y tres que indican las grandes acciones de Dios en la vida de la Santísima Virgen María: al inicio de su existencia, Dios no deja que el pecado original la toque (Inmaculada Concepción, 1854); siendo una jovencita se convierte en la Madre de Jesús (María Madre de Dios, 431); y al final de su vida es llevada al Cielo en cuerpo y alma (Asunción, 1950). “Pero hace falta un dogma que cierre el círculo del misterio mariano, que muestre lo que Ella ha hecho con Dios por los hombres, que es colaborar de un modo único y necesario en la redención, unida al sacrificio de su Hijo de corazón y ofreciéndose Ella misma al Padre como Nueva Eva que aplasta la cabeza de la serpiente”, puntualiza. Esto es lo que significa su título como “corredentora”.
Además, añade, la corredención de la Virgen María fue el fundamento teológico de los dos dogmas anteriores: la Inmaculada Concepción y la Asunción. “Cuando el papa Pío IX y el papa Pío XII emitieron sus bulas para decir que María no tiene pecado y que fue asunta a los Cielos, el argumento teológico fundamental que dieron fue: puesto que colaboró de un modo único en la redención, venciendo al enemigo, y nunca estuvo sometida al pecado… Y, además, mereció el mismo premio de ser asunta al Cielo… En otras palabras, si ahora dijéramos que no es corredentora, tendríamos que ‘desactivar’ estos dogmas”. Y aún hay más: “La Virgen sólo puede ser considerada ‘corredentora’ con Cristo porque unida a Él en el misterio Pascual se convierte en madre de la humanidad, lo sepa la humanidad o no. Ella influye, junto con Cristo, para que sus hijos reciban los frutos de la redención”.

“Causa de nuestra salvación”
El reclamo de los fieles para que la Virgen sea reconocida dogmáticamente como Corredentora no es nuevo. Desde principios del siglo XX se dio un intenso movimiento en la Iglesia en el que muchas órdenes religiosas –jesuitas, franciscanos, dominicos, carmelitas…– comenzaron a pedirle al Papa un dogma que manifestase el papel de María en la redención porque veían que Jesús no salva al mundo solo, sino en comunión de voluntades con el Padre (“Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya”, Lucas 22, 42), y en unión con el Espíritu Santo y con su Madre, que no lo abandona. El principal promotor de esta iniciativa fue el cardenal belga Mercier.
Pero ya desde el siglo II, san Ireneo y san Justino veían que para que el demonio fuera vencido con justicia, y que la mujer y su descendencia obtuvieran la victoria definitiva, era necesario deshacer la ligadura con Satanás del mismo modo en que él había vencido al género humano: a través de una mujer sólo humana, que fuese Virgen –una Nueva Eva–, y que no hubiese estado nunca sometida a él. Tanto es así, que san Ireneo llegó a llamar a la Virgen María “causa de nuestra salvación”.
El padre Agustín indica que con la petición de este dogma no se pretende manifestar que la Virgen esté al mismo nivel que Cristo, como a veces erróneamente se piensa, sino que “en la redención Ella engendra a la nueva humanidad redimida con su corazón materno, unida a Cristo, único redentor, pero juntos los dos, porque Ellos son un solo corazón”.
“Proclamar un dogma es ‘liberar’ toda la verdad salvífica contenida en ese dogma”
Cuando Dios lo quiera
Dar la cara por un nuevo dogma parece una misión colosal, casi desproporcionada. Y lo es, en -términos humanos, porque además este tema se ha convertido en tabú. Sin embargo, este Foro no se dará por vencido porque ellos creen que “proclamar un dogma es ‘liberar’ toda la verdad salvífica que ese dogma contiene” y por eso se sienten llamados a trabajar por ello.
Así, lo que comenzó como un lugar de estudio de los misterios marianos, poco a poco ha ido adquiriendo distintas misiones. Dan catequesis en las parroquias; organizan un Rosario de antorchas en el Cerro de Los Ángeles los primeros sábados de mes, al estilo del de Fátima; y participan en semanas mariológicas, como la de la Sociedad Mariológica Española. Pero, al final, su cometido más importante es rezar: “A lo que nos sentimos llamados no es a que se proclame este dogma, sino a rezar para que se proclame. Y si ahora no se proclama es porque todavía no toca. Cuando Dios quiera se proclamará», sintetizan con esperanza los impulsores del Foro.
Mártires por el dogma
Es sabido por todos que España jugó un papel decisivo en la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Carlos III pidió al papa Clemente XIII proclamarla patrona de España, y el Papa aceptó y así la proclamó en 1760, un siglo antes de que Pío IX anunciara el dogma inmaculista, el 8 de diciembre de 1854. El sentir popular era tan claro, que hubo pueblos como Villalpando, en Zamora, donde todos sus habitantes hicieron votos de defender con su propia vida a la Inmaculada. El padre Agustín Giménez piensa que “algo parecido podría ocurrir con el dogma de la Corredención”. Y cuenta que en el Foro Mariano Diocesano tienen una estampa firmada por san Pedro Poveda en 1926 ofreciéndose como mártir por la proclamación de este dogma junto al de la Asunción, que en ese entonces no había sido declarado: “Decía algo así como: ‘Yo me ofrezco al martirio por la proclamación del dogma de la Asunción y de la Corredención de María’. Y sabemos que la Virgen aceptó su ofrenda pues murió mártir”, explica el sacerdote. Por eso, desde este Foro brindan a los nuevos miembros la opción de expresar si desean ofrecerse como víctimas por la proclamación del quinto dogma mariano: “¿Te gustaría hacer un voto personal de defender la proclamación del dogma con el derramamiento de tu sangre, si fuera preciso?”, es una de las preguntas del cuestionario que pueden rellenar quienes se registran a esta iniciativa en su web: www.foromariano.es/cb-registration
Un dogma, 4 atributos
El padre Agustín explica que el “quinto dogma” pondría de manifiesto lo que María es para la humanidad y, como tal, “tendría que ser expresado con un sustantivo y tres adjetivos”, así:
Madre de la humanidad redimida. “Madre” es el sustantivo. Consiste en que todos los hombres vivan y sepan que tienen una Madre que se dejó la vida entera, al igual que su Hijo Jesucristo, por nuestra redención y que sigue actuando hoy por nuestra conversión y nuestra salvación.
Corredentora. Ella colabora de un modo único y singular en la redención, como ningún otro ser humano ha podido colaborar. Y su colaboración es necesaria porque Dios lo ha querido así. En la redención el Padre ofrece a su Hijo por nuestra salvación, Cristo se ofrece a sí mismo, y María también ofrece a su Hijo por nosotros.
Mediadora. Ella es mediadora de todas las gracias, no sólo de algunas. La Gracia, que es su propio Hijo, brota del Misterio Pascual, y Ella se ocupa con el mismo amor materno para que todos sus hijos la reciban. Nadie le es indiferente.
Abogada. Así como el Espíritu Santo es el Paráclito, Ella es la Paráclita, la intercesora, la defensora. Las letanías del Rosario expresan bien este papel: Refugio de los pecadores, Auxilio de los cristianos…
Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





