Compañeros de trabajo alrededor de un ordenador

Vuelve a la oficina sin errores pre-covid

El nuevo curso llega con una vuelta casi total al trabajo presencial. Un síntoma de que poco a poco estamos recuperando la normalidad, y también una oportunidad para poner en práctica las lecciones que hemos aprendido en la pandemia, que nos permitan evitar los errores laborales de la era pre-covid.
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Por José Antonio Méndez e Isabel Molina

Artículo publicado en la edición número 61 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Tras los meses de teletrabajo debido a la COVID, el nuevo curso laboral llega con una vuelta casi total al trabajo presencial. Un regreso a la oficina, al taller o al mostrador, que es también una oportunidad para poner en práctica las lecciones que nos han enseñado estos meses de distanciamiento social en materia de conciliación laboral.

Y, paradójicamente, tal vez la más importante lección sea que “la conciliación… es mentira”, según señala Juan de Dios Larrú, director del Departamento de Calidad de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, que ejerció como ingeniero industrial antes de ingresar en el seminario.

Integrar, no conciliar
“La conciliación –explica Larrú– se da cuando dos partes no se ponen de acuerdo y tienen que pactar. Pero pactar la vida laboral con la vida familiar es imposible, porque no tenemos dos vidas, sino una sola y muy limitada. Lo que hay que hacer es integrar las dimensiones de la persona: tengo que atender a mi familia, tengo que trabajar, tengo que rezar, tengo que ir a un entierro, tengo que hacer la compra…”.

A partir de esa premisa, Larrú propone “preguntarnos qué ha significado en estos meses trabajar en casa. ¿Que nadie me moleste? ¿Meterme en el despacho y sacar a los niños? En la familia, trabajamos todos dentro y fuera de casa. Porque trabajamos para la familia. No para mí, para desarrollarme y con lo que gane, darle pan a mis hijos, sino que trabajo para ganarme el pan y compartirlo con mis hijos. Así me desarrollo. Y si mi trabajo no construye mi familia, tenemos un problema”.

También la directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia, Carmen Fernández de la Cigoña, rescata para el entorno laboral una de las grandes lecciones aprendidas a causa de la COVID: la importancia del contacto físico. “La pandemia –señala– ha demostrado que la presencia genera cariño y afecto, y que la ausencia genera desafección. Y esto ocurre tanto en el ámbito laboral como en el familiar. Por eso es imprescindible encontrar un equilibrio”.

Presencia sin presencialismo
Una presencia que es lo contrario al presencialismo, pues como afirma Larrú, “una cosa es estar 12 horas diarias en el trabajo, de 7 a 7, y otra, trabajar 12 horas diarias durante meses, que es inhumano. Hay gente que está muchas horas en el trabajo, pero no está trabajando, sino que son personas sin familia, separados, divorciados… que no quieren marcharse porque en casa nadie les espera, o que huyen de su casa y van destruyendo su familia”. Casos en los que el éxito laboral es el maquillaje de un fracaso personal.

“El reto –añade Fernández de la Cigoña– es que la vorágine de la vuelta al trabajo presencial no suponga un retroceso en la atención a la familia (marido, mujer, hijos, padres…), ni en el trato personal con los compañeros”. Porque “la pandemia nos ha enseñado que nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios, y que las cosas en casa y en el trabajo funcionan mejor si cada uno asume el papel que le corresponde y disfruta de reconocer a los que tiene cerca”. Además, tras un año de duras consecuencias económicas, Fernández de la Cigoña apunta que “las empresas van a tener gran responsabilidad, y liderarán el cambio aquellas que sean capaces de generar en sus trabajadores un compromiso profundo, sin ser excluyentes con la presencia y el bienestar familiar, que hemos aprendido a valorar”.

La presencia genera cariño y afecto, tanto en el ámbito laboral como en el familiar

El trabajo, escenario de infidelidades conyugales
Uno de los mayores problemas que plantea el exceso de horas fuera del hogar a causa del trabajo es el de las infidelidades conyugales. Infidelidades que, aunque no culminen en el peor de los supuestos (una relación extramarital), sí pueden deslizarse, y casi sin levantar sospechas, por actitudes impropias de una persona casada: flirteos y coqueteos, confidencias demasiado íntimas, juegos de seducción, comentarios subidos de tono, o actitudes con las que tratar de gustar deliberadamente a un compañero concreto.

Los expertos señalan que, cuando la situación en casa se enfría o deteriora, es frecuente buscar en el trabajo una válvula de escape, pues es un escenario en el que todo el mundo comparte ciertos objetivos, guarda las formas y va perfectamente arreglado. Es decir, un entorno muy alejado de los pijamas feos, los platos sin fregar, las manías caseras, las peleas con adolescentes, los pañales sucios o las riñas con la familia política, que tanto pueden deteriorar la vida conyugal.

Para evitar la tentación de la infidelidad, sin comportarnos, por exceso, en puri­tanos y asociales con los compañeros del otro sexo, Nicolás Mingorance, máster en Dirección de Personas, exconsultor de grandes empresas y actualmente Técnico de Recursos Humanos del Banco de España, explica que “ayuda mucho hablar bien de tu mujer o de tu marido en el trabajo, que tus compañeros le conozcan personalmente o a través de lo que cuentas, y que esté razonablemente presente en las conversaciones del día a día. Eso es importante para evitar confusiones, y permite tener buenas relaciones profesionales, personales e incluso amistad con los compañeros”.

Además, Mingorance recomienda “estar atento a si empiezan a ser una constante las horas de más a solas en la oficina o fuera de ella con otra persona, que pueden acercarnos a una zona de riesgo, y vigilar si podemos estar empezando a gustarle a un compañero o viceversa, para poner los medios necesarios y tener una mayor distancia”. Porque, como remata, “mi prioridad es mi mujer. Y su felicidad y la mía se basan, básicamente, en cuidarnos y querernos el uno al otro. Es legítimo y bueno hacer el trabajo lo mejor posible y desarrollarnos profesionalmente, pero si eso hace que a lo largo del tiempo, y sin que sea algo puntual, descuidemos nuestra familia, tal vez tendremos que tomar decisiones”.

Artículo publicado en la edición número 61 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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