Llamar por Navidad

Vuelve a llamar esta Navidad

Reconducir nuestros hábitos digitales, desterrar los mensajes de texto y dedicar tiempo al contacto físico y a la conversación es el único modo de crear vínculos profundos y decirle al otro: “Eres importante para mí”.
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Por Isis Barajas

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Han pasado trece años desde aquel famoso anuncio televisivo en el que un niño llamaba a toda la agenda de contactos de sus padres para felicitarles en Nochebuena. “Hola, soy Edu, ¡feliz Navidad!”, repetía mientras pasaba de la “n” a la “m” de su libreta. Una década después, seguramente Edu optaría por otras fórmulas: de un clic enviaría a todos sus contactos un gif animado a través de una lista de distribución de WhatsApp o colgaría una imagen bonita en sus redes sociales para que todos sus seguidores se dieran por felicitados.

Llamadas en extinción
Aquella campaña publicitaria promocionaba tres meses gratis de llamadas ilimitadas. Hoy, esas llamadas ilimitadas están incluidas en casi cualquier tarifa telefónica. Por lo que el problema no es lo que le cuesta a nuestro bolsillo llamar, sino lo mucho que nos cuesta a nosotros ahora descolgar el auricular para hablar un rato y en exclusiva con una única persona.

El filósofo coreano Byung-Chul Han advierte de que “hoy las prácticas que requieren un tiempo considerable están en trance de desaparecer”. En su último libro, No-cosas (Taurus, 2021), denuncia con rotundidad cómo la digitalización está desencarnando nuestras vidas y nuestras relaciones: “Todo lo que estabiliza la vida humana requiere tiempo. La fidelidad, el compromiso y las obligaciones son prácticas que requieren mucho tiempo”. El filósofo señala que hoy, en cambio, “corremos detrás de la información sin alcanzar un saber; tomamos nota de todo sin obtener un conocimiento; viajamos a todas partes sin adquirir una experiencia; nos comunicamos continuamente sin participar en una comunidad; almacenamos grandes cantidades de datos sin recuerdos que conservar; acumulamos amigos y seguidores sin encontrarnos con el otro. La información crea así una forma de vida sin permanencia ni duración”.

El uso diario de mensajería instantánea ya duplica al número de llamadas

Tiempo para el otro
Y en esa rueda de hámster parece que ya no hay tiempo para llamar o visitar a las personas que son significativas para nosotros. Según el informe La Sociedad Digital en España 2020-2021 elaborado por la Fundación Telefónica, el uso diario de mensajería instantánea casi duplica ya al de llamadas. “Hoy no tenemos tiempo para el otro”, denuncia Han, “el tiempo como ‘tiempo del yo’ nos hace ciegos para el otro”.

Pero, en esa aparente “pérdida de tiempo” que supone llamar a una persona o dedicarle tiempo, hay en realidad una ganancia inmensa. “Solo el ‘tiempo del otro’ crea lazos fuertes, la amistad y la comunidad”, argumenta el filósofo coreano.

Es más, el filólogo Alejandro de Pablo, profesor de Humanidades en la Universidad Francisco de Vitoria y de Bachillerato en el colegio Stella Maris La Gavia, explica a Misión que “cuando personalizamos la voz, la llamada y la mirada en el otro, le decimos tú existes para mí. El ser nos lo da la certeza de sabernos otro para alguien; no uno más de los tropecientos de la lista de distribución que recibe el mismo mensaje, meme o GIF”.

De Pablo añade que “cuando se vive para otro no vivimos para nosotros mismos. Por eso, cada con el que nos cruzamos es un bien que me habla de mí”. “La tecnología no puede sustituir a la persona porque es un objeto, no tiene vida; es la memoria de una relación con otro y del vínculo que se formó con él la que nos ayuda a vivir bien nuestro presente”.

El tono de voz o los gestos, que no pueden apreciarse en los mensajes, es justo lo que permite crear vínculos

Contactos selectos
Una de las grandes dificultades para volver a dar una dimensión personal a nuestras relaciones es que gracias a la tecnología estamos conectados con un número desorbitado de personas. Como asegura Cal Newport, autor de Minimalismo digital (Paidós, 2021), el ser humano no está capacitado para mantener el contacto con tanta gente, y solo con un número reducido de personas podremos desarrollar una comunicación profunda, basada en la conversación, no en mensajes.
La riqueza de elementos como el tono de voz o los gestos, que no pueden apreciarse en mensajes es justo lo que permite crear vínculos. “En las redes sociales llevamos miles de máscaras que ocultan nuestro verdadero rostro y que no nos dejan ver ni mostrarnos”, recalca De Pablo. Es por eso que, según Byung-Chul Han, el smartphone nos blinda frente al otro, destruye la empatía y refuerza el egocentrismo.

Necesitamos un nuevo modo de habitar el tiempo que nos permita recuperar el abrazo que nos robó la pandemia y esas llamadas sin prisas que hemos ido descuidando. De Pablo lo expresa con estas bellas palabras: “Para poder colocar cada cosa en su lugar, ordenada conforme a lo importante, necesitamos tiempo. La lentitud llega más rápido al misterio. Para habitar el tiempo necesitamos demorarnos en él, encontrarnos con el otro, morar con él; mejor aún: demorémonos”.

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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