¿Hacia dónde va Europa? Su influencia política, cultural y económica se desploma, las tensiones entre países van en auge, mientras que conflictos como la inmigración, los populismos y el globalismo ponen en jaque el proyecto original de la Unión Europea que tuvo como padres fundadores a eminentes católicos.
Para entender el declive de un proyecto que buscaba por encima de todo el bien común, Joseph H. H. Weiler, uno de los mayores expertos en convergencia europea y autor de ¿Una Europa todavía cristiana? (Encuentro, 2024), explica a Misión de dónde venimos para entender qué es lo que se ha perdido por el camino.
Weilerincide en que “en su núcleo espiritual [la Unión Europea] es un proyecto profundamente cristiano”. Y reclama: “No lo olvidemos ni lo abandonemos”. Pero indica que, en medio de este aparente fracaso, no todo está perdido porque “históricamente, Europa ha prosperado en las crisis”. Desde san Benito, el continente ha pasado por graves amenazas a su identidad. Y estas crisis –agrega– “siempre han dado lugar a acciones inspiradas”.
La crisis actual
Sin embargo, Weiler, que recibió en 2022 nada menos que el Premio Ratzinger, cree que “la crisis actual es de otro tipo” . Esto se hace evidente, apunta, en el hecho de que “el euroescepticismo, que hace tan sólo 20 años era un fenómeno marginal de la izquierda y la derecha radicales, se ha convertido en una corriente política dominante”.
Las razones de esta conmuta son profundas y complejas, pero las resume en dos: “La triste realidad clásica que se remonta a los tiempos bíblicos donde la tierra prometida nunca es como se prometió. Y, para un proyecto que situaba al individuo en el centro, se ha convertido en una realidad en la que los individuos sienten que no tienen control sobre su destino”.
A esta crisis institucional, política y social se suma la rápida desaparición del cristianismo de la esfera pública. “Vivimos en una Europa postconstantiniana en la que la cristofobia ha sido sustituida por la cristoamnesia”, señala. En su libro, Weiler justifica esta afirmación asegurando que hoy “no se trata tanto de una fobia como de una incomprensión total de lo que significa la religión en general y la experiencia cristiana”.

Este experto explica que hay que conocer algo para odiarlo o temerlo, y “a diferencia de la primera o segunda generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, que rechazaron activamente la fe y la Iglesia en la que crecieron, la actual generación de jóvenes y sus padres han crecido en hogares laicos para los que la palabra Iglesia significa simplemente un lugar elegante en el que casarse”, agrega. Una visión empobrecedora porque Europa y el cristianismo difícilmente pueden entenderse por separado. Cualquiera que visite el Prado o el Louvre o pasee por las ciudades europeas se topará constantemente con referencias del Evangelio.
“Si nos fijamos en el impacto cultural del cristianismo en Europa –apostilla Weiler– es inimaginable una Europa no cristiana. Ya sea en la literatura, el arte, la arquitectura, la música y no hace mucho también en la cultura política, la presencia del cristianismo es indeleble y lo será mientras Europa siga existiendo”.
Moscas molestas
Weiler admite no tener claro qué es peor hoy, si la fobia o la ignorancia y la incomprensión. Es cierto –reconoce–, que en la Europa que define como constantiniana aparentemente ya no se arroja a los cristianos a los leones y no porque “hayamos progresado respecto a esa forma de brutalidad”, sino porque “nadie parece preocuparse por ellos”, pues en el mejor de los casos “son un fastidio que hay que espantar como a una mosca molesta”.
Weiler se adhiere a las tesis de Rémi Brague en Europa, la vía romana (Encuentro, 2023), según la cual “la fusión del cristianismo de Jerusalén y Atenas es única y constituye uno de los fundamentos de nuestro compromiso con la democracia liberal y toda la civilización occidental” y que sería “una pérdida terrible para la humanidad si eso desapareciera”.
Tomarse en serio la fe
Pero la realidad es que, aunque la herencia cristiana todavía sea perceptible, los europeos en un porcentaje muy importante han abandonado la fe. Frente a una situación de minoría, este investigador anima a no dejarse vencer por el desánimo: “El cristianismo proclama un mensaje universal y evangelizador. Un regalo para toda la humanidad”.
Pero ¿cómo ser cristiano en una sociedad postcristiana? Esta es su clave: “Lleven una vida cristiana, aunque estén rodeados de personas no religiosas. Incluso puede ser una ventaja ser una minoría. Significa que deben tomarse más en serio su religión, preocuparse y esforzarse más en la educación de sus hijos que viven en un entorno secular”.
Para cimentar estos consejos cita al profeta Miqueas: “Lo que el Señor quiere de ti: tan sólo practicar el derecho, amar la bondad y caminar humildemente con tu Dios”. Weiler recalca que Dios pide caminar con Él con humildad, no en secreto, por lo que su último consejo a los cristianos europeos es claro: “Ofrezcan con su forma de vivir y de educar a sus hijos un testimonio de vida de santidad”. En definitiva, lo que hizo que la Iglesia creciese rápidamente y llegase con fuerza a todos los rincones de Europa.
Artículo publicado en la edición número 77 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.




