Elogio (y refutación) de la pereza
No puede darnos pereza escribir sobre la pereza. Será trabajoso, sí, pero por eso, ay, fecundo. Como pecado capital, hay que rechazarla de plano; pero mejor hacerlo de plano inclinado. Como antídoto al febril utilitarismo del mundo moderno, conviene dosificarla con inteligencia, igual que los venenos salutíferos de la farmacología clásica.
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