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Josemi y Sushu: “Si quieres hablar con Dios, estudia español”

Sobrevivir a la política china del hijo único, convertirse al catolicismo sin saber apenas quién es Jesús, o encontrar en España un esposo chino y católico. Esta serie de acontecimientos insólitos –y providenciales– les han sucedido a Josemi y Sushu para poder encontrarse y, en el caso de ella, encontrarle a Él.

Por Margarita García / Fotografía: Dani García

La política del hijo único, implantada en China en 1979, pretendía el control de la superpoblación de un país que, tras su derogación en 2015, sufre una fuerte crisis de envejecimiento y dificultades de los varones para encontrar esposa. Esta ley permitía el abandono o la matanza de las niñas por ser el varón el que continúa el linaje. Es más –explica Josemi, que ha prestado a Misión su testimonio pero prefiere no dar su apellido por seguridad–, muchos hospitales en China tienen pozos llenos de cuerpos de bebés, especialmente de niñas.

En las zonas rurales de donde proviene Josemi, la ley era un poco más laxa: estaba permitido tener un segundo hijo, siempre y cuando el primero no fuera varón y ya hubieran pasado cuatro años. No ocurrió así con Josemi.  “Mi madre se quedó embarazada un año después de nacer mi hermana y como católica sabía que abortar a su hijo era matarlo, por eso se escondió en el pueblo de al lado donde vivió hasta que un vecino la denunció”.

En ese momento –hablamos de la década de los 90–, el peso de la ley cayó sobre el padre y el abuelo de Josemi, que fueron arrestados y torturados hasta que finalmente su madre regresó porque se acercaba el parto. Como la ley no permitía este nacimiento, fue arrestada y llevada en un camión junto a otras mujeres para abortar a sus hijos. 

Fue en ese momento cuando la Providencia se puso en marcha: la madre de Josemi no cesaba de rezar para que su hijo sobreviviera, a la vez que ella misma se forzaba el parto golpeando su tripa contra una silla. “Si conseguía nacer antes de que le llegara el turno de abortar, tal vez lograría escapar”, relata. Y eso fue lo que ocurrió: en la pausa para la comida consiguió dar a luz gracias a la ayuda de una enfermera que no la denunció y le permitió escapar y volver a casa. 

La consecuencia fue una multa y un hijo sano, feliz y  “muy mimado”, reconoce Josemi. 

La historia de Sushu no es menos trepidante: hija única en una ciudad donde toda la vida gira en torno al Estado y al Partido Comunista. “Mi padre me decía que si quería una buena vida, tenía que ser miembro del partido, pero aquello no me atraía nada”, cuenta esta joven, que está a punto de dar a luz a su segundo hijo.

“Si conseguía dar a luz antes de que le llegara su turno de abortar, tal vez lograría escapar”

Llegado el momento de elegir estudios, Sushu opta por la filología hispánica y recalca que, “entre los que estudiamos idiomas se dice que ‘si quieres aprender de negocios, estudia inglés; si te quieres enamorar, estudia francés; y si quieres hablar con Dios, estudia español’,  y a mí no me interesaban ni los negocios ni el amor, pero sí me preguntaba ¿qué Dios?”. 

Una china entre monjas

Cuando Sushu echa la vista atrás, ve en cada una de sus decisiones la mano de Dios. Por ejemplo, recuerda que cuando llegó a España para sus estudios de máster, en septiembre de 2016, ni entendía a los españoles ni soportaba la comida. Y para colmo, el 31 de octubre de ese año, fiesta de todos los santos,  “me topé con una marcha de zombis por la celebración de Halloween que me hizo pensar que los españoles eran demasiado raros.  Y es que los chinos consideramos que lo grotesco y lo feo atraen la mala suerte”. 

Huyendo de los zombies se refugió en la catedral de los santos Justo y Pastor de Alcalá, donde se celebraba una vigilia de oración. Ver a Jesús crucificado le impactó porque Sushu conocía a Jesús por las películas y novelas; pero pensaba que era un filósofo como Confucio. Sin embargo, “Confucio no está en la cruz”, recuerda. “Sentí algo que diez años después creo que es lo que la Escritura dice: ‘Si no es movido por el Espíritu Santo, nadie puede decir que Jesús es el Señor’. Pero en ese momento no sabía descifrar lo que estaba sintiendo”.

“Me ocurrió lo que dice la Escritura: si no es movido por el Espíritu Santo, nadie puede decir que Jesús es el Señor”

La visita a la catedral la llevó a la que hoy considera su familia en España: las Siervas del Hogar de la Madre, que la acogieron durante su proceso de conversión hasta su bautizo tres años después. “Nunca había visto una monja, y me parecieron tan guapas, femeninas y alegres, que cuando me preguntaron si quería bautizarme para ser hija de Dios como ellas, les dije que sí, por ser ‘como ellas’, no tanto por ser cristiana, que no tenía ni idea de lo que significaba”. 

“Busca un chico de tu edad” 

Mientras Sushu conocía a Cristo, Josemi, que había venido a España para ser sacerdote, libraba su batalla vocacional.  “Pasé quince años en el seminario y nunca sentía que estaba completamente contento, en mi interior me sentía solo como Adán, -necesitaba ‘una compañía adecuada’, pero dejar el seminario suponía decepcionar a mis padres, como de hecho ocurrió al principio. Gracias a la oración y a la dirección espiritual, dejé el camino al sacerdocio”.

“Me ayudó una charla sobre la vida sacerdotal en la que escuché que muchos se enamoran del carisma, de la idea de hacer cosas grandes, de llegar a ser Papa… pero no pueden con la vida de cura.  Y eso era lo que yo sentía. Finalmente lo dejé para empezar una nueva búsqueda: la de esposa católica en un país desconocido”.

Por su parte, Sushu estaba muy acomodada acogida en la casa de novicias de las Siervas del Hogar de la Madre, pero llegó el momento de plantearse si aquello terminaría en votos… o no.  “Yo estaba muy a gusto, pero no sentía que Dios me llamara a ser monja, hasta que mi directora espiritual me lo dejó claro: ‘Sushu, tienes que conocer a un chico de tu edad’, y en obediencia acudí a un campamento que organizaba una comunidad de católicos  en Madrid, donde, providencialmente, también estaba invitado Josemi. En aquel campamento me resistía a hablar con él. ¡Era demasiado directo para mí!”, reconoce Sushu entre risas, pero él fue perseverante y detallista. 

El último día Sushu escribió unas cartas a los sacerdotes y a Josemi donde le decía: “¡Sé que me quieres un poco y yo un poquito. Y, si Dios quiere, nos veremos’. Y Dios lo quiso”. 

Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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