Por Alicia Gómez-Monedero
Gracias a la colaboración con 157 instituciones, más de 2.300 alumnos de la Universidad Francisco de Vitoria están actualmente realizando algún tipo de voluntariado al que dedican su tiempo para ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. Que tal cantidad de alumnos puedan realizar este voluntariado depende del departamento de Acción Social de la UFV, encargado de preparar e impartir la asignatura de Responsabilidad Social.
En la universidad “queremos formar a los alumnos no sólo en lo intelectual, sino integralmente”, explica Ángela Barahona, directora de este departamento. “La experiencia –agrega– es fundamental para ellos porque les hace salir de su zona de confort ya que dedican un tiempo que muchas veces consideran que no tienen a una realidad que posiblemente de otra manera no conocerían. Y el sufrimiento de otros los interpela y los hace plantearse muchas cosas”.
Barahona agrega que esta vivencia a los jóvenes les ayuda a ser agradecidos, “porque se dan cuenta de que son unos afortunados y que tienen todo en esta vida”. Las instituciones con las que colaboran se dedican a ayudar a personas con discapacidad física e intelectual, ancianos, enfermos, reclusos, personas con adicciones, migrantes, personas sin hogar, familias y madres solteras en riesgo de exclusión social.
Una ayuda para su futuro
Pero, de cara al mundo laboral para el que todo alumno se prepara, ¿qué aporta esta formación? “Todo –asegura Barahona– porque trabajen donde trabajen van a ser capaces de hacer algo para ayudar al compañero que tienen al lado, pero también tendrán la iniciativa para hacer eventos, concienciar, sensibilizar y seguir participando en voluntariado”. Además, considera que estas experiencias cambian vidas, no tanto de las personas a las que acompañan, sino las suyas propias. Este voluntariado les hace ver la vida de otra manera.
Un cambio de mirada
Bosco García es alumno de la UFV y cursó la asignatura de Responsabilidad Social en la carrera de Derecho. Participó como voluntario en el Hogar Villa Paz de Pozuelo de Alarcón, donde ayudaba a tres niños de entre 12 y 15 años con las tareas del colegio y a estudiar para los exámenes. “Recuerdo que no cogí el voluntariado con muchas ganas y, sin embargo, acabé haciendo más horas de las establecidas porque vi lo que podía aportar a estos chicos y lo mucho que ellos me aportaban a mí. Me estaban cambiando mi forma de ver la vida y me estaba dando cuenta de lo afortunado que soy”.
Bosco asegura que a raíz de esta experiencia, “despertó en mí una necesidad de entrega, fui consciente de que mi vida es para el otro y que ante el sufrimiento no me puedo quedar impasible”.
MÁS ALLÁ DE LAS AULAS
El departamento de Acción Social no sólo se encarga de proporcionar estas prácticas a los alumnos, también se implica con las instituciones con las que colabora ofreciéndoles apoyo, formación y acompañamiento. Cuenta con un Servicio de Atención a Personas con Necesidades Especiales y busca promover y desarrollar actividades formativas orientadas a la mejora del empleo y la inclusión universitaria de personas con discapacidad intelectual a través de programas como el título propio de “Gestión y administración en entornos digitales accesibles”, entre otras acciones sociales.





