La revista más leída por las familias católicas de España

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Ana Finat: “Decidí que mis redes tenían que ser para Dios”

Ana Finat se define a sí misma como “una madre de cuatro hijos que lleva 16 años casada y a la que Jesús le ha robado el corazón, y le ha cambiado la vida por completo…”. Aristócrata –es nieta de los duques de Pastrana e hija del conde de Mayalde– e influencer, desvela en esta entrevista con Misión qué desencadenó este cambio y por qué decidió dedicarle por completo a Dios sus redes sociales, y renunciar así a eventos, dinero y viajes.

Por Marta Peñalver / Fotografía: Dani García

Artículo publicado en la edición número 68 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Dice que Jesús le ha robado el corazón. ¿Siempre fue así?

¡No!, que va… Yo nací en una familia católica con una madre muy piadosa y un padre muy devoto de la Virgen. Tuve una infancia muy feliz junto a mi hermana melliza. Vivíamos en el campo, rodeados de familia y en contacto con la naturaleza. Una vida idílica. Pero en la adolescencia me cambió el carácter, me volví muy rebelde. Entonces llegué al instituto y conocí una realidad que me atrajo muchísimo: tonteos, tabaco, botellón…  Y mi rebeldía fue de mal en peor.

¿Cuánto duró esa rebeldía?

Con 18 años mi hermana melliza y yo nos fuimos a Madrid a estudiar la carrera y vivíamos en una residencia de monjas. Yo apenas iba a clase, siempre estaba de fiesta… Mi hermana era súper estudiosa y responsable, y yo todo lo contrario. Después nos fuimos a un piso y hacíamos
fiestas a diario. Eso fue la perdición. En ese momento conocí a mi marido y empezamos a salir. Era una relación muy inestable porque éramos muy inmaduros. Al año y pico me quedé embarazada y tuve que madurar de golpe.

¿Cómo reaccionasteis a la noticia del embarazo?

Fue un shock. Primero para nosotros, y también para nuestras familias y amigos. Como he dicho, nuestra relación era muy inestable y éramos muy inmaduros. Aun así nuestras familias nos apoyaron en todo momento y nos animaron a seguir adelante y a luchar por nuestra relación.

Ana Finat
¿Os planteasteis abortar?

Nunca. Aunque en nuestro entorno hubo gente que nos lo sugirió, pero no era una opción. De hecho, decidimos casarnos porque teníamos claro que queríamos que nuestra hija naciera en una familia.

¿Cómo recuerda esos primeros años de matrimonio?

Muy duros. Éramos muy jóvenes. Yo tenía 20 años y él 22. En cuanto nos casamos nació la niña. Nos fuimos a vivir fuera por su trabajo y cambiamos de destino varias veces. Me sentía muy sola.

“Dios se convirtió en el centro de mi vida y quise darle todo a Él, así que llamé a mi agencia y les dije que no haría más publicidad”

¿Por qué se sentía tanta sola?

A mí la maternidad me hizo madurar de golpe, pero no fue el caso de mi marido. Él trabajaba mucho y yo estaba sola con el bebé. Los fines de semana él quería seguir llevando la vida de antes: salir, pasárselo bien… No terminaba de asimilar su nuevo papel. Todo eso me produjo un gran sufrimiento. 

¿Cómo era su relación con Dios?

Yo siempre había concebido a Dios como un Dios castigador cuyos mandamientos tenía que cumplir porque si no iba a ir al infierno. Así que me fui alejando de la religión que me parecía un rollo y una falta de libertad. Sin embargo, me consta que la pequeña llama que Dios encendió en mi corazón a través de mis padres nunca se apagó.

¿Hasta cuándo duró esta crisis?

Hasta los diez años de matrimonio, cuando nació mi tercer hijo. Mi marido poco a poco había madurado y en ese momento era un marido ejemplar, pero yo no era capaz de verlo porque estaba muy herida por todos los años de lucha matrimonial. Me dedicaba completamente a mis hijos, a mi trabajo, a mi casa… A él lo dejé de lado. Me pedía más atención, más cariño e ir a misa en familia. Pero yo pasaba e iba a lo mío.

¿Cómo cambió la situación?

Mi hermana es influencer y me sacaba en sus redes. Sus seguidores le comentaban:  “Qué divertida es tu hermana, ábrele una cuenta…”. Así lo hizo y empecé a ganar seguidores muy rápido. Con cada publicación todo eran halagos. Me invitaban a eventos, a fiestas con mi hermana, a viajes, me regalaban cosas… Poco después me empezaron a pagar por la publicidad que hacía. Entré en un mundo que me fascinó. La relación con mi marido seguía en punto muerto, pero yo estaba feliz en mi mundo.

Ana Finat
Ana Finat es aristócrata e influencer
¿Y cómo iba su fe?

Estaba en punto muerto. Me había convencido de que después de la muerte no había nada y sólo escuchar hablar a mi madre del cielo me daba vértigo.

¿Qué pasó entonces?

Fui a un evento con mi hermana y unos amigos influencers nos comentaron que habían hecho un retiro que se llamaba Seminario de  Vida en el Espíritu y que les había cambiado la vida. Estaban entusiasmados, nos dijeron que habían conocido de verdad a Dios y que habían aprendido a verle en todo lo que hacían. Yo les escuchaba y pensaba que se habían vuelto locos. Insistieron en que teníamos que hacerlo. Mi hermana estaba entusiasmada, pero yo le dije que ni loca iba a malgastar un fin de semana rezando y oyendo sermones. Al final no me hizo caso y nos apuntó a mi marido y a mi junto con ella y su marido.

¿Qué ocurrió en ese retiro?

Intenté escabullirme hasta el último mo-mento, pero al final no me quedó más remedio que ir. Llegué sin ningún tipo de expectativa, pero si con una petición para Dios: que arreglara mi matrimonio. Fue como una manera de retarle en medio de mi rabieta por estar allí. Entonces me pegó un bofetón de amor que no había sentido nunca. Sentí el amor de Dios y de la Virgen que me abrazaban y me decían:  “Bienvenida de vuelta a casa”. La idea del Dios castigador se esfumó y conocí a un Dios que era todo amor y misericordia. Fue brutal, no tengo palabras para describirlo. Además, escuchó mi petición y las heridas que tenía de mi matrimonio empezaron a sanarse. El Señor me robó el corazón, me enamoré locamente de Él. Y cuando salí de allí sólo tenía un pensamiento: no volver a alejarme de Él y avivar mi matrimonio. Retomé la misa, la confesión, empecé a rezar el rosario… Y unos meses después, en una peregrinación a Fátima, la Virgen me regaló a mi director espiritual, que ha sido fundamental en este camino.

¿Cómo ocurrió ese cambio en sus redes sociales? Porque hay un antes y después en sus publicaciones… 

Al principio seguí con las redes, pero Dios se convirtió en el centro de mi vida y no podía ocultarlo, así que empecé a poner cosas religiosas. Pero aún seguía haciendo publicidad y publicitar, por ejemplo, una chaqueta y a continuación hablar de Él me quitaba mucho la paz. Así que decidí que mis redes tenían que ser también suyas. Llamé a mi agencia y les dije que no iba a hacer más publicidad.

¿Tuvo dudas de dar este salto?

Sí, muchas. Iba a renunciar a dinero, planes, fama… Cuanto más cerca estás de Dios, más batalla hay. Pensé que cuando empezara a ser una cuenta que sólo hablara de Dios perdería a todos los seguidores. Pero luego me dije: “¡Como si son tres las almas que puedo evangelizar! Eso será suficiente”. Tenía claro que eso era lo que Dios me pedía y quería cumplir con su voluntad, con una confianza total en que era Él el que iba a hacerlo y no yo.

“Seguiré dando a conocer a Dios en mis redes porque tengo claro que es imposible conocerlo y no amarlo”

¿Perdió seguidores?

¡Al contrario! Fueron cada vez a más. Siempre digo que son Sus redes, que es Él quien las lleva. Yo soy un pobre instrumento en sus manos. Poco después vi que me pedía que acercase a los sacerdotes a la gente. Acababa de empezar la guerra de Ucrania y se me ocurrió rezar el rosario en directo desde mi cuenta de Instagram, @anifinat. Así surgió la colaboración con @curadetoledo, que quiso rezarlos conmigo. En esos directos la gente preguntaba mucho y vimos la sed que tenían de acercarse a Dios. Así que decidimos hacer catequesis en directo, a las que bautizamos como “instacatequesis”  y a las que luego se unieron más sacerdotes.

¿Cómo reaccionó su entorno?

Al principio fue complicado. Mi familia y amigos no entendían el cambio tan radical y aún hay algunos que no lo han asumido. Pero mi marido está feliz porque ve que desde que estoy cerca de Dios le quiero mucho más y mejor, y los niños felices también. El Señor ha pasado a ser el rey de nuestra casa y de nuestra familia. La consagración de nuestra casa al Sagrado Corazón de Jesús ha sido determinante para esto, así como el acompañamiento de nuestros directores espirituales.

Un entorno donde la gente tiene vidas aparentemente perfectas…

¡Yo la primera! La mía también era aparentemente perfecta. Lo tenía aparentemente todo, pero me asaltaba mucho la inquietud de: ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué van a recordar mis hijos de mí? ¿Qué voy a haber hecho por los demás? Me faltaba paz interior, me sentía vacía… no era plenamente feliz. Ahora me siento libre y feliz. 

¿Alguien la ha atacado por este acercamiento a Dios?

Sí, muchas veces, pero cuando eso ocurre pienso en todos los ataques y humillaciones que sufrió y sufre Jesús, y me pongo contenta y doy gracias de poder compartirlo con Él.

¿Ve los frutos en su esfuerzo?

¡Es que es Dios quien lo hace! Me escriben seguidores agradeciendo el testimonio de fe que damos, contándome que gracias a esta reflexión o a aquella instacatequesis han vuelto a acercarse a la fe. Pero yo les debo todo a los sacerdotes que me apoyan y ayudan a que todo esto siga adelante, sin ellos sería imposible ya que yo sólo aporto, como siempre digo, preguntas de ignorante. También hemos fundado la Familia Anawim (@familiaanawim), donde ayudamos a gente necesitada y hemos empezado a hacer unos Seminarios de Vida en el Espíritu para que también puedan tener la oportunidad de acercarse a Dios y compartir la experiencia con otras personas que les pagan el retiro. Es brutal cómo actúa el Señor en los pobres y la lección que nos dan.

¿Se plantea dejar las redes?

En redes voy a estar hasta que Dios quiera. Voy a usarlas para darlo a conocer y para dar a conocer lo que Él ha hecho en mí. Quiero darlo a conocer porque tengo clarísimo que es imposible conocerlo y no amarlo, y amarlo y no seguirlo. A mí me gustaría haberle conocido antes; me habría ahorrado mucho sufrimiento, habría ganado en libertad. 

Artículo publicado en la edición número 68 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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