Madre cansada

Cansados de estar cansados  

La nuestra ha sido definida como “la sociedad del cansancio”. Las quejas por el ritmo frenético actual, tanto en el hogar como en el trabajo, son constantes. Entonces, ¿por qué cuando llegan las vacaciones o el fin de semana no logramos descansar?

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Hace pocos años, el gigante tecnológico Microsoft parecía abocado a la quiebra. No solo había sido superado por su principal competidor, Apple, sino que se había quedado fuera de todas las tendencias relevantes: el almacenamiento en la nube, las redes sociales, los motores de búsqueda, el desarrollo de aplicaciones… incluso había perdido el tren de la telefonía con una ruinosa alianza con Nokia. Facebook, Google o Amazon aspiraban a ocupar su lugar como referente tecnológico. Hasta que, en 2014, Satya Nadella tomó las riendas de la compañía. 

Entre otras decisiones de gran calado, este ingeniero indio fijó dos líneas maestras: prover de soluciones al mundo del trabajo, y convertirse en referente mundial en el ámbito de los videojuegos y del ocio online. Como resultado de sus operaciones, hoy Microsoft es la herramienta preferida de las grandes empresas, ha duplicado sus beneficios en los últimos 8 años, y solo este 2022 prevé ganar más de 70.000 millones de dólares netos. Por semejantes datos, Nadella fue definido en 2019 por el Financial Times como Persona del Año. 

“Ocio no es lo mismo que descanso. Y descansar debe ser parte del día a día”

Pero ¿cuál fue la clave de su éxito? Darse cuenta, antes que otros, de que estábamos entrando en una nueva era cuya forma de vida se basa en el consumo constante, creciente y compulsivo de actividades profesionales, formativas y de ocio, tanto presenciales como online. Una nueva sociedad perfecta para negocios como el de Microsoft, aunque con un pero, y no pequeño: deja exhaustas (física, mental y espiritualmente) a las personas que forman parte de ella. 

“Hoy vivimos en una sociedad del cansancio, como la ha definido el filósofo Byung-Chul Han. Pero un cansancio enervado, fruto de una sociedad en la que muchos sucumben ‘a la destructiva coerción de superarse continuamente a sí mismos’. Un cansancio que se alterna con un ocio también enervante, que se mide por la productividad, por hacer cosas que luego, o en directo, se puedan medir y contar”, explica para Misión la psicóloga Cristina Ardisana, religiosa de las Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús y experta en formación de familias.

El descanso cotidiano

Ardisana dirige el colegio que su congregación tiene en el municipio madrileño de Majadahonda. Un centro con más de 1.000 alumnos de 30 nacionalidades distintas, especializado en educación inclusiva ante la discapacidad. El catálogo de situaciones familiares, por tanto, es tremendamente dispar, pero Ardisana, que es también orientadora del centro, constata que la mayoría de las familias comparte similares problemas a la hora de gestionar el trabajo y el descanso, singularmente ante las vacaciones:  “Ocio –señala– no es lo mismo que descanso. El tiempo de vacaciones puede incluir tiempo para viajar, conocer lugares y personas, hacer actividades que no se pueden hacer durante el curso… Pero el descanso, como complemento al trabajo, debe ser parte del ritmo cotidiano y no se puede vivir solo en fines de semana o vacaciones. Es un ingrediente del día a día que habría que incorporar a la vida ordinaria”.

Una clave que comparte Lucía Martínez Alcalde, escritora especializada en temas de familia, creadora del blog Makelovehappen y autora, entre otras obras, de Más que juntos (Palabra, 2021):“No podemos vivir en una continua tensión interior, porque nos acabamos rompiendo. Por eso los momentos de descanso deberían estar presentes en el día a día. A veces es materialmente imposible, con los horarios laborales, la logística familiar, etc., pero vale la pena intentar tener 5 o 10 minutos diarios para tomar un café con calma o leer ese libro que querías leer desde hace tiempo, y hacer hueco entre semana para salir a correr, quedar con un amigo… Actividades que ayuden a romper el ritmo frenético y a meter oxígeno en nuestra vida”.

“El FOMO nos lleva a la hiperconexión en redes sociales y al ansia de intentar abarcarlo todo”

Agotados por el FOMO

Esa rutina del descanso es esencial para evitar la experiencia, tan común, de volver agotados tras las vacaciones: “Todos conocemos personas que viven para el fin de semana o las vacaciones –señala Martínez Alcalde–. Pero así la vida se nos queda descompensada, como si el resto del tiempo tuviéramos que ir tirando, con resignación, a la espera de momentos estrella; y si nuestras expectativas no se cumplen, aparece la frustración. Además, si pensamos ‘ahora que tengo tiempo voy a hacer todo lo que no hago cuando no lo tengo’, acabamos agotados”.

 Y apunta hacia uno de los males descrito por los psicólogos en los últimos años, que nos sume en un tiempo libre destructivo: “Junto a una oferta gigantesca de ocio y entretenimiento está el FOMO, el Fear Of Missing Out o miedo a perderte algo, a estar fuera de la conversación, a no estar enterado de lo último, que nos lleva a una hiperconexión en las redes sociales y al ansia de intentar abarcarlo todo”. 

El fenómeno del FOMO, de hecho, afecta ya a todas las edades. Tanto, que algunos terapeutas proponen como prueba del algodón caer en la cuenta de cuántas fotos de las vacaciones compartimos por WhatsApp en los grupos familiares, y cuántas veces revisamos (padres y abuelos incluidos) esos chats delante de los niños.

“A nuestra manera de descansar se le ha pegado la lógica de la productividad”

Desconectar para conectar

“A nuestra manera de plantearnos el ocio y el descanso se le ha pegado la lógica de la productividad que impera en la vida laboral, cuando el ocio, como lo entendían los clásicos, es lo contrario a ser productivo”, remarca Martínez Alcalde.Y recuerda que  “no saber desconectar implica no saber conectar con lo importante: con uno mismo, con el cónyuge, con la familia, y con Dios”. 

“El tiempo libre necesita sosiego si quiere ser descanso”, señala Cristina Ardisana. Un ingrediente esencial para disfrutar de la familia… y para crecer en la fe: “No hay vida espiritual sin sosiego. Y eso precisa un entorno en el que se pueda estar sin hacer nada y a gusto”, añade la psicóloga. 

Y concluye: “En el tiempo de descanso hay que huir de la programación vertiginosa de tareas de supuesto ocio, que nos agotan. Es un tiempo en el que no hay obligaciones externas y es absurdo que nos impongamos un ritmo aún más exigente y frenético que el laboral o escolar. Las vacaciones deberían ser un tiempo de disfrutar juntos, de pasarlo bien y redescubrir el tiempo sin prisas, para charlar, contemplar un dibujo o una acrobacia de los niños; tiempo de buen humor, de que los niños disfruten de unos padres que no están tensos, que tienen ganas y disposición para compartir, jugar, pasear, tomar un helado, bañarse o pasear por la montaña. Tiempo de ver a sus padres reírse, cansarse y descansar. Tiempo para compartir en familia”.   

Niño cenando solo
¿Mesas de niños?

“Cuando sea mayor, no voy a tener hijos porque roban mucho tiempo”. Eso es lo que le respondió una niña de Educación Primaria a Cristina Ardisana, directora pedagógica y orientadora del colegio Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús, de Majadahonda. La frase cayó como un bombazo no solo en el corazón de la religiosa, también entre los padres que le escucharon la anécdota en una charla de formación. Y a renglón seguido puso otro ejemplo: “¿Cuántas veces vemos, en reuniones familiares o en restaurantes, que los niños comen con el móvil, o en mesas separadas si hay otros niños, para que los padres puedan disfrutar con otros adultos, excluyendo a los pequeños de las conversaciones y la compañía de amigos y familiares?”. “Si para descansar los adultos –explica Ardisana para Misión–, los niños vuelven a ‘estorbar’, como ‘estorban’ cuando tenemos mucho trabajo, entonces tenemos un problema”.  Esta visión de la familia como una carga que impide el descanso y la felicidad, transmitida de forma no intencional por los propios padres, hace mella en los niños. Y eso, a pesar de que “cuando recoges, de niños y adolescentes, opiniones sobre qué cosas les gustan de su familia, siempre aparece el ‘Nos reímos juntos’. Algunos ya dicen ‘cenamos juntos’ y ‘vamos a misa juntos’, porque saben que no es lo habitual en todas las familias”. De ahí que Ardisana proponga a los padres que, “tanto con la paternidad como con el trabajo, transmitan a sus hijos fe, ilusión, positividad y sentido a lo que hacen y a lo que son, más allá de quejas puntuales y momentos de cansancio”. Y concluye: “Estar acompañados por sus hermanos y padres, hacer cosas juntos, divertirse o aburrirse, pero en familia. Ese es, quizás, todo el secreto”. 

El mejor afterwork

Llegó de la mano de series como Friends y se ha instalado incluso a pesar de las restricciones pandémicas: es el afterwork, la práctica de quedar con amigos o compañeros de trabajo en día laborable, al acabar la jornada de trabajo, para compartir un momento de relax… y alguna que otra copa. Una suerte de aperitivo de la cena, sin desmadres. La cara negativa es que esta práctica –idílicamente recreada en series y anuncios, y que encaja como un guante en sociedades sin hijos–, se da de bruces con las cargas familiares, especialmente con la paternidad. Lucía Martínez Alcalde, autora de Más que juntos (Palabra, 2021), propone a Misión una alternativa para esos cabezas de familia que necesitan desconectar, pero no pueden sentarse en el sofá chéster de un bar de moda porque en casa los esperan niños que  desean (y necesitan) estar con sus padres:“Me gusta mucho la definición de descansar como cambiar de actividad, pero hay que entender bien este cambio y comprender que no se trata de caer en un activismo frenético que nos lleve a enlazar un plan tras otro”, por muy de moda que esté. Así, Martínez Alcalde recomienda “recuperar el sentido amplio de la acción” para nuestro descanso, con un ejemplo: “Jugar en la alfombra con tus hijos es cambiar de actividad y puede suponer un descanso respecto a la actividad laboral, incluso aunque te pille cansado y no sea a priori tu plan número uno. Es un cambio de actividad que puede ayudarte a centrar el foco en otros aspectos, a olvidar una preocupación laboral, a desconectar, a activar partes de nosotros (como la capacidad de jugar) que normalmente no sacamos en el día a día…”. Además, ese afterwork tiene efectos que ningún plan cool puede igualar, pues “ese tiempo con los hijos es necesario para construir la relación con ellos, conocerles y crear la confianza sobre la que educar mejor”.

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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