Por Mariló de Ancos Alonso Barajas, coordinadora de Nártex Toledo
Fueron el rey Fernando III el Santo, y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, junto con los dos primeros maestros constructores, Petrus Petri y el Maestro Martín, quienes iniciaron esta osada empresa. Pusieron en marcha un templo colosal destinado a desafiar al tiempo y a engrandecer a la cristiandad a lo largo de los siglos. Ochocientos años después, la catedral de Toledo es una joya incomparable de la civilización cristiana. He aquí cinco pinceladas para adentrarse en la grandeza de este tesoro universal.

1. La capilla de la Descensión.
Primitivo templo visigodo, este es el lugar más sagrado de la catedral: conserva el pilar sobre el que la Virgen María puso el pie cuando se le apareció a san Ildefonso, arzobispo de Toledo. Una reliquia venerada durante generaciones.

2. Las vidrieras.
El paso de la luz al interior del templo es posible gracias a sus magníficas vidrieras. La luz simboliza la presencia de Dios entre los fieles, pues, de los cinco sentidos, la vista es el más inmaterial. Los relieves del trascoro representan escenas de los libros del Génesis y del Éxodo.

3. La capilla mayor.
Un monumental retablo gótico, realizado por encargo del cardenal Cisneros, preside el altar mayor. En el centro aparece una custodia rodeada de los ciclos iconográficos del año litúrgico: la Navidad, el de la Pasión y el Juicio Final.

4. La sacristía, pinacoteca de la catedral.
Está cubierta por una bóveda con frescos de Luca Giordano que representan una alegoría de la ciudad de Toledo con el carro Triunfante de la Eucaristía, símbolo del triunfo de la Iglesia, de la presencia real de Cristo en la Eucaristía y de la aparición de la Virgen a san Ildefonso. Presidida por el Expolio de El Greco, reúne la colección pictórica de la catedral: el apostolado y las pinturas dedicadas a la Virgen María, a san Juan Bautista y a la vida de Cristo, junto con algunas esculturas. Estas joyas artísticas son fruto del mecenazgo de los arzobispos humanistas de Toledo, que emplearon su fortuna personal para enriquecer la catedral con obras de los mejores artistas a lo largo de los siglos.

5. El transparente.
Es una de las cumbres del rococó español y una grandiosa alegoría de la Eucaristía. En la parte inferior aparece la Virgen María con el Niño, símbolo de que Dios se hace hombre para redimirnos. En el centro se alza un sol sostenido por ángeles, pues el sol es símbolo de la Eucaristía. En la parte superior, labrada en alabastro, se representa la Última Cena. Coronando el conjunto, junto a las pinturas murales, aparecen las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Por último, en los cuatro ángulos están representados los santos toledanos: san Ildefonso, san Eugenio, santa Casilda y santa Leocadia.
Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





