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Alimentación

Comer sano, sí; obsesionarse por la comida sana, no

En los últimos años han florecido en redes sociales perfiles de salud y nutrición sin contar con el aval de estudios científicos y en los que a veces se confunde salud con belleza. Muchos de ellos hacen bandera de un estilo de vida saludable que no siempre lo es. Esto está provocando, además de desinformación, un fenómeno que las revistas científicas ya recogen y que se caracteriza por la obsesión por seguir un patrón rígido de alimentación: la ortorexia. Aquí te explicamos por qué el gesto de revisar de continuo los ingredientes de los productos, que a priori es algo bueno, no debería dominarnos.

Por Marta Peñalver

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

A lo largo de la historia, el canon de belleza ha ido cambiando. Así como en la Edad Media el ideal de belleza era de piel clara, complexión delgada y simplicidad en la vestimenta, en el Barroco triunfaba una estética bien distinta: cuerpos redondeados, maquillaje y ropa recargada con corsés y pelucas. Hoy en día, nuestra sociedad impone la delgadez como sinónimo de éxito social. “El problema es que estamos confundiendo salud con belleza”, explica Teresa Montoya, jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Infanta Elena. Y asegura que  “la obsesión por adelgazar crece a la par que la obesidad y cada vez desde edades más tempranas”. Esto se debe, en parte, a que  “la restricción dietética puntual, si no va acompañada de cambios en la alimentación, induce a un incremento de peso a largo plazo”.  En este sentido, -abundan las dietas de todo tipo (incluso aquellas que eliminan por completo grupos de alimentos necesarios para el organismo). Es el caso, por ejemplo, de los hidratos de carbono, “un grupo alimentario altamente demonizado y que, sin embargo, debe ocupar entre el 35-55% de nuestra dieta diaria”, según explica Montoya. También se han hecho muy populares corrientes como real food, que son seguidas, y casi idolatradas, por muchas personas, especialmente entre los jóvenes. 

La doctora Montoya advierte de que este auge se debe en parte a que vivimos en una sociedad que cada vez se informa más a través de las redes sociales. “Los creadores de contenido están modificando nuestros hábitos alimentarios a pesar de que en muchas ocasiones las fuentes no son veraces y favorecen la diseminación de información errónea”, asegura. 

Jóvenes vulnerables

Los jóvenes son especialmente vulnerables a esta moda que promueve dietas disfrazadas de estilo de vida saludable y que impone patrones rígidos de alimentación. Según explica la doctora Montoya, “la pubertad es la etapa de la vida más delicada en este sentido, ya que el adolescente está formando su identidad y se producen cambios corporales importantes. Además, les afecta mucho la presión social por adelgazar, la necesidad de ser aceptados y de pertenecer a un grupo, y la preocupación por un ideal estético asociado al éxito personal y profesional”. Todos estos factores pueden favorecer -comportamientos obsesivos e incluso la aparición de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), los cuales han aumentado un 300  % en los últimos 20 años y que, aunque pueden darse en cualquier momento de la vida, aparecen fundamentalmente durante la adolescencia y son más frecuentes en mujeres que en hombres. 

El papel de la familia

La familia juega un papel clave en el desarrollo de la persona. El riesgo de padecer algún TCA aumenta “en familias en las que hay falta de comunicación entre los miembros y baja resolución de los conflictos”. Otro -factor que afecta en el entorno familiar es el nivel de preocupación que hay por mantener la figura o -realizar dietas. De este modo, la madre tiene un papel fundamental: si siempre está a dieta y come comida distinta al resto de la familia, lo normal es que sus hijas asuman este comportamiento para sí mismas. Además, es recomendable comer y cenar con los hijos siempre que sea posible y hablar con ellos sobre todo tipo de cosas. En definitiva, es bueno conocer si están a gusto con su peso, con su imagen, si se preocupan por la comida, si evitan algunos alimentos… “El diagnóstico tardío de un TCA tiene peor pronóstico y de media se consulta de 5 a 6 años después de que hayan comenzado los síntomas”, sentencia. 

Dieta mediterránea
Ante la duda, siempre es mejor consultar a un médico para que sea él quien valore si nuestros hábitos alimentarios son los correctos, pero, en términos generales, la única dieta avalada verdaderamente por estudios científicos es la dieta mediterránea. Montoya asegura que “la dieta mediterránea ha demostrado superioridad frente a otros patrones en prevenir enfermedades cardiovasculares y mantener el peso a largo plazo”.

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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