Abusos sexual

Cómo prevenir, detectar y sanar el abuso sexual infantil

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Las cifras ponen los pelos de punta: según un informe del Consejo de Europa, 1 de cada 5 niños en Europa es, o va a ser, víctima de abuso sexual infantil. La magnitud del problema es absolutamente terrible, y lo peor es que va en aumento: tal y como recoge el último informe de la Fundación ANAR, entre 2013 y 2017 el número de abusos sexuales a niños en España se incrementó en un 178 % respecto a los cinco años anteriores. 

“La del abuso infantil es una realidad muy dura que aún parece un tabú social. Tanto que a veces solo sale a la luz cuando los jóvenes o los adultos acuden a terapia por otros motivos”. Así lo explica para Misión la psicóloga clínica Elena Arderius, directora del Centro de Atención Integral a la Familia del Instituto Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Vitoria. Y sabe de lo que habla: en sus 20 años de experiencia como formadora de los programas de educación afectivo-sexual de Aprendamos a Amar, y los 6 que lleva al frente del CAIF, Arderius reconoce que “hay muchísimas personas que se acercan a nosotros con problemas de ansiedad, trastornos alimenticios o de conducta, fobias sociales, etc., y cuya causa, a veces ignorada hasta entonces por ellos mismos, fue el abuso que sufrieron cuando eran niños. De hecho, en el 80 % de los casos no es hasta los 18, 20 o muchos más años cuando las personas se dan cuenta de que esas experiencias que vivieron de niños no eran normales, sino traumáticas, y les han llevado a asumir formas muy sexualizadas de relacionarse con los demás, además de otras heridas afectivas”. 

En el entorno familiar

La realidad, lamenta Arderius, “demuestra que, por desgracia, esta situación nos puede pasar a cualquiera: no tenemos que irnos a barrios marginales, ni se trata solo de violaciones en manada. Como padres o educadores se nos escapan muchas cosas: en campamentos, en la piscina de la urbanización, en reuniones familiares, o en situaciones muy cotidianas, las personas que quieren hacer el mal encuentran un momento oportuno a través de conductas sutiles”. Y da cifras que respaldan sus palabras: “Al analizar cómo se produce el abuso infantil, vemos que en casi un 70 % de los casos los abusadores son personas del entorno muy, muy cercano: padres, madres, nuevas parejas cuando están separados, abuelos… Y en un 20 %, se producen por otros menores de su confianza: hermanos, amigos, primeros novios, amigos de los hermanos… Es decir, por parte de personas en quienes confían”.

Dos tipos de abusos

Arderius recuerda que “hay distintos tipos de abuso sexual, que se pueden agrupar en dos bloques: con contacto directo y sin contacto directo”. Y aunque a priori puede parecer diferente una violación de un chantaje sexual a través de las redes sociales, “todos los abusos deben ser tratados con igual importancia, porque en todos se dan dos factores: el abusador se aprovecha de una desigualdad de poder, y busca su propia satisfacción sexual a costa del bienestar del menor”.  

Cómo prevenir

Para prevenir, detectar y reparar estas situaciones que tanto preocupan a los padres, Arderius apunta sin ambages al propio hogar: “La familia es donde se producen la mayoría de los abusos, pero también es la cuna que nos protege y el lugar en el que el amor incondicional puede sanar todas las heridas”. Porque los niños abusados “sienten la ambivalencia de ver que una persona a la que quieren les está haciendo daño, y por eso, aunque les cueste decirlo al principio, en realidad están deseosos de que esa situación termine y están dispuestos a hablarlo y a contarlo para ser rescatados, cuando los padres o los abuelos saben intuir el problema y saben cómo tenderles la mano”. 

Precisamente para facilitar la formación en la detección y prevención del abuso infantil, el CAIF ha puesto en marcha un curso online (aprendamosaamar.ufv.es/abuso) que ofrece claves, herramientas y recursos para saber qué hacer y qué no hacer para proteger y sanar a los niños, además de brindar un canal de consulta para que cualquiera pueda plantear su caso de forma directa, personal, y con toda intimidad, a los especialistas del centro. “En el abuso sexual infantil, estar bien formados y no bajar la guardia es algo esencial para el bien de las personas a las que más queremos”, concluye Arderius. 

6 consejos para detectar y prevenir abusos

1. Educa desde el afecto: que tu hijo siempre se sienta querido y no juzgado, incluso cuando haga algo mal. Esto no es incompatible con poner límites. Al contrario: el niño tiene que saber que las normas se ponen para proteger un bien, y para distinguir lo que está bien, lo que está mal y lo que puede hacerle daño. 

2. Evita que la sexualidad sea tabú: que en casa se pueda hablar de todo, pero  sin perder el pudor entre adultos y niños. Transmite que el cuerpo es un tesoro y los tesoros se protegen. Por eso no dejamos que nadie nos toque bajo la ropa, que un adulto se nos muestre desnudos, etc.

3. No subestimes: si ves una señal de alarma, no subestimes la posibilidad de que tu hijo pueda estar siendo víctima de abuso.

4. Observa las señales de alarma: sin angustias, mantente atento a las señales de alarma más frecuentes: comportamientos sexuales impropios para su edad; tocamientos compulsivos en los genitales; dibujos con caracteres sexuales muy definidos; regresiones; miedos repentinos; empezar a no querer estar con algún familiar; cambio en el rendimiento escolar; actitudes seductoras con los adultos…

5.Pregunta, sin interrogatorios: ante la duda, mantén la calma y pregunta, buscando un momento tranquilo de intimidad, dando confianza al niño. 

6. Fórmate bien: para prevenir y sanar, cuenta con profesionales expertos que saben del tema y a quienes puedas preguntar.

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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