Por Enrique García-Máiquez / Ilustración: Adaptación de la ilustración de Julián Lozano para Misión n. 15
Con frecuencia, mis lectores son tan amables que me dicen lo mucho que ha mejorado mi estilo literario en estos años. Yo sonrío, agradecido, pero algo irónico. Mi sospecha es que no he mejorado tanto (que ojalá) como que el amable lector, por el trato frecuente, se ha ido acostumbrando a este estilo entrecortado, a mis divagaciones de vago humor y a mis recortes poéticos. Y piensa que es mejora mía lo que es acompañamiento suyo.
Este compañerismo me halaga más que mi presunta evolución, porque, con las cosas excelentes que hay que leer, un lector fiel es un regalo del oro que es el tiempo. Me gusta que este nos dore y mejore, como hacen los espejos de casa, siempre más amables que los escaparates de la calle o los respingos de las fotografías. Si es gracias a los 75 números que llevamos juntos que ustedes ven que mis artículos han esponjado, bendito sea Dios y, ya puestos, ¡que mejoren otros 75 números juntos, por favor!
Hemos de reivindicar la permanencia, que es consecuencia y causa –círculo virtuoso– de la alegría. Samuel Johnson y Edmund Burke se cuentan entre los fundadores de The Club, el primer club social del mundo (que dio su nombre a todos los demás). Tenían un brindis oficial, que era alzar sus copas al grito de “Esto perpetua!”. En latín quiere decir: “Tal y como estamos ahora…, así, ¡siempre!”. Es lo que pasa cuando uno se halla de lujo en un sitio y con unos amigos. Desea que el encuentro dure para toda la eternidad. Este es mi brindis por este número redondo de Misión.
Y por tantas otras cosas añosas de la vida: mi matrimonio, la familia, los amigos, un paisaje hermoso, una reunión alborozada, una revista bien hecha… Y cuanto más dure el roce –que hace el cariño–, mejor nos iremos viendo los unos a los otros. Justo pasará en el Cielo, que tendremos (Esto perpetua!) toda una eternidad para ir amándonos sin fin y sin fondo, más y mejor. Qué bien que nos encontremos allí lo que empezó aquí, en Misión, y que no acabe nunca. Chin, chin.
“Celebramos el número 75 de Misión, que lo es redondo, prácticamente jubilar. Qué privilegio ha sido acompañar a la revista en esta aventura”





