Por Javier Lozano

JOSÉ MARÍA VILLALÓN
Presidente de la Federación Española de Familias Numerosas
“La fe no se enseña con discursos, se contagia con vida”, afirma con contundencia este padre de 12 hijos y también jefe de los servicios médicos del Atlético de Madrid. José María Villalón asegura que aplica las mismas claves en casa y en el vestuario, donde también ejerce cierta paternidad con muchos futbolistas. En su opinión, los jóvenes “no creen menos porque les falten argumentos, sino porque no ven coherencia”. Por eso, señala tres claves que le han funcionado tanto en su familia como en su trabajo.
En primer lugar, asegura, hay que ser “testigo, no profesor: Mis hijos me creen no porque les explique a la perfección el Catecismo. Me creen cuando me ven pedir perdón, rezar, aunque esté cansado, o tratar bien al que no me cae bien. En el Atleti es igual”, añade, al tiempo que recuerda que la “la fe se transmite por cercanía”.
“Que te vean rezar, que te vean querer, que te vean sufrir con esperanza”
El segundo aspecto que destaca es “hacer familia, hacer equipo”, pues “la fe sin comunidad se enfría”. Explica que en su casa rezan juntos, comen juntos, se pelean juntos y se perdonan juntos. Y para hacer familia cree que “no hace falta mucho”, simplemente “una mesa, un rato sin móvil y una oración corta. Eso sí, todos los días”.
Por último, José María Villalón considera fundamental “no esconder a Dios cuando cuesta”: “Al chaval le van a decir que Dios no existe, que la Iglesia es esto o lo otro. Si tú sólo le has hablado de Dios cuando todo va bien, se cae. Yo les digo: la fe no es para que te vaya bien el partido. Es para que cuando te lesionas la rodilla y te pierdes una temporada, no te pierdas tú. Se transmite acompañando en la herida, no sólo en la victoria”.
En conclusión, el jefe de los servicios médicos del Atlético de Madrid tiene claro que lo importante para contagiar la fe es “que te vean rezar, que te vean querer, que te vean sufrir con esperanza. Si un hijo ve a su padre arrodillarse y luego levantarse para seguir tirando de la familia, eso le llega más que cien charlas. La fe se transmite en el ejemplo, no en el volumen. Y si falla algo, que falle por exceso de amor, nunca por falta de él”.

FABRICE HADJADJ
Filósofo y director de Incarnatus est
El filósofo francés, converso al catolicismo, habla de dos aspectos de la fe: los artículos y el acto. Los artículos, que expresan la doctrina, se pueden transmitir: “Son objetivos, universales e incluso institucionales. Se leen en el Catecismo y los enseña el catequista o el cabeza de familia”. En cambio, el acto de fe “es intransmisible” porque “es íntimo, personal y, por supuesto, eclesial”. Por esto, presupone un secreto insuperable: “Mi relación con Cristo, que sigue siendo un secreto incluso cuando hablo abiertamente de ella”.
De este modo, Hadjadj explica que los artículos de fe existen para el acto de fe. “La transmisión de la fe resulta una realidad sumamente espinosa
–podíamos anticiparlo: su Rey lleva una corona de espinas–. Supone, sin duda, que quien habla sea un ejemplo, es decir, no sólo un maestro, sino un testigo”. Por eso no se puede transmitir como si se tratara de mera información.
“Hemos de ser predicadores y testigos por la enseñanza y el ejemplo de vida”
Este filósofo, autor de La suerte de haber nacido en nuestro tiempo, nos lanza una pregunta: ¿Era más fácil la transmisión de la fe cuando la sociedad civil era cristiana que en nuestra sociedad secularizada? “En la cristiandad se favorecía la transmisión de los artículos de fe, pero el acto de fe corría el riesgo de confundirse con una mera certificación civil y no ser un movimiento del corazón”, señala. Por el contrario, en un mundo secularizado se obstaculiza la transmisión de los artículos de fe, pero, cuando estos logran abrirse camino, el acto de fe es más profundo, “porque atraviesa una noche más densa”, asegura.
Hadjadj afirma que hemos de ser predicadores, es decir, enseñar los artículos. Y, por supuesto, también testigos: “No podemos aguardar, de modo irresponsable –perezoso o politizado–, a que el Estado hoy se encargue de la transmisión de la fe”. Además, invita a ser conscientes de que esa transmisión de la fe es siempre la aventura de una exposición en ambos sentidos de esta palabra: presenta al Otro y se arriesga. Y concluye: “Dado que el discípulo no es más grande que el maestro, la cátedra más elevada, en este ámbito, es siempre la cruz”.

ROCÍO SOLÍS
Coordinadora del Instituto John Henry Newman de la Universidad Francisco de VItoria
Para Rocío Solís, cuando la fe hace la vida “más grande, más apasionada y más comprometida”, no necesita ser defendida ni explicada: “Se contagia por envidia”. Por eso, sugiere que el creyente no debería preocuparse tanto por “hacer cristianos” como por vivir como tal, dejando que la fe “conforme e informe su vida” y no se limite únicamente a los principios que predica.
“La fe se contagia cuando hace la vida más grande y apasionante”
Esa forma de vivir, sostiene Solís, va generando una cultura que se manifiesta en nuestra manera de mirarnos y hablarnos; en cómo vivimos el tiempo libre; en el lugar que concedemos al dinero y al poder; en el uso que hacemos de la razón, y en la inteligencia que desplegamos para dialogar con el mundo. En definitiva, tiene que ver con nuestra libertad y nuestra gratuidad. Para Solís, lo verdaderamente importante es que los cristianos vivan “con las puertas y las ventanas abiertas, buscando el bien, la verdad y la belleza; celebrándolos cuando los encuentran y deseando compartirlos con los demás”.

MAJO GIMENO
Fundadora de Mamás en Acción
“Para mí, lo importante no es dar al mundo más argumentos, sino más testigos. ¿Ven nuestros hijos, nuestros compañeros y nuestros vecinos que nuestra fe cambia nuestra manera de vivir?”, se pregunta la fundadora de la ONG Mamás en Acción, que trabaja para que ningún niño hospitalizado esté solo. Esta madre de dos hijos, de 15 y 11 años, cree que, si los demás ven a padres, compañeros y amigos que se perdonan, que sirven, que se aman y que se levantan después de caer, “empiezan a preguntarse qué sostiene esa vida” y perciben que “la fe deja de ser una teoría y se convierte en algo deseable”.
“El mundo necesita encontrarse con cristianos cuya fe los libera de los miedos”
A su juicio, “quizá hemos intentado explicar demasiado a Dios y lo hemos mostrado demasiado poco”. Gimeno asegura haber visto a Dios actuar “miles de veces” a través de personas corrientes que hacen cosas extraordinarias cuando aman. “En ellas reconozco la presencia de Dios”. Por eso, recalca que el mundo necesita encontrarse con cristianos felices y libres, cuya fe los libera de los miedos y los lleva a vivir con esperanza. “A mí la fe nunca me ha hecho la vida más fácil, pero sí me ha hecho más valiente”, concluye.
Artículo publicado en la edición número 81 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





