Por Marta Peñalver
Fotografía: Dani García
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
La historia de esta familia podría parecer una oda a la generosidad y a la entrega desinteresada, que también. Pero Pablo y Lola, padres de cinco hijos, cuentan a Misión cómo han ido recibiendo los hijos que Dios les mandaba, algunos a través de embarazos que se hacían esperar y otros a través de un deseo irrefrenable que Él les ponía en el corazón.
Se casaron y al poco nació Teresa. ¿Qué pasó después?
Lola: Tuvimos a Teresa muy rápido. Teresa fue misericordia de Dios para mí porque yo me hubiera vuelto loca sin tener hijos. Después pasó un tiempo en el que no teníamos hijos. Dios decidió que íbamos a tener que ver cuál era su voluntad. En ese tiempo sufrimos bastante.Yo tenía claro que quería ser madre de una familia numerosa. Un proyecto de vida que no tenía absolutamente nada que ver con el proyecto de Dios para nosotros, que ha sido infinitamente mejor. Estuvimos haciéndonos pruebas y los resultados eran bastante concluyentes: había un problema de esterilidad.
¿Cómo vivieron ese momento?
Lola: A mi Dios me puso en el corazón desde el primer momento que me daría hijos de otra manera.
Pablo: Para mí fue un gran sufrimiento porque yo vengo de una familia muy grande donde todos tienen muchos hijos. Cuando nos casamos yo creía que sería como mis padres, mis hermanos… pero no fue así.
“Pepe es un regalo de Dios que nos recuerda que Su proyecto es mejor que el nuestro”
Y cinco años después de Teresa, adoptaron a Pepe. ¿Cómo fue su llegada?
Lola: Pepe es un regalo de Dios grandísimo que me recuerda que su proyecto siempre es mejor que el mío. Con él, Dios nos demostró que tiene un plan muchísimo mejor que el nuestro y que si te abres a su voluntad, te llena el corazón hasta donde no te puedes imaginar. Pepe nos colmó de felicidad, nos superó. Por su inocencia, su sencillez, nos sorprende todos los días… Al final con los hijos nos hacemos proyectos de cómo tienen que ser o qué tiene hacer…. Pero con Pepe no hay proyectos porque con él todo son logros.
Pablo: Durante esos cinco años yo había cubierto mi corazón con muchas capas porque no quería sufrir. Pero cuando tuve en brazos a Pepe esas capas, esa frialdad que yo había desarrollado, desaparecieron al instante.

Cuando Pepe llevaba un mes y medio en vuestras vidas, supieron que estaban esperando a Juan. ¿Cómo recibieron la notica?
Lola: De repente nos vimos con dos bebés. Teresa fue misericordia de Dios, y Pepe y Juan fueron Palabra de Dios que me decía: “Confía, que Mi plan es muy superior al tuyo”. Me maravilla la historia de Dios con nuestra familia.
Y después de tener esos “mellizos”, ¿cómo es que volvieron a plantearse la adopción?
Pablo: A los 3 años nos lo planteamos y le pedimos a Dios que nos dejara clara su voluntad. El día que íbamos a entregar los papeles supimos que estábamos esperando a Roque, nuestro cuarto hijo, que nació en 2016.
Lola: Un año después tuve un aborto. El plan de Dios, que es así de caprichoso. En 2019 empecé a sentir el deseo en el corazón de recibir otro hijo, pero nos resistimos. Pero da igual que sean biológicos o adoptados, el Señor te da los hijos cuando Él considera, aunque creas que en ese momento no te vienen bien. Entonces en un retiro vimos claro que no estábamos abiertos a la voluntad de Dios, que nos estábamos reservando.
¿Por qué se resistían?
Lola: Porque ya dominábamos lo que teníamos y nos daba miedo porque Dios nos ha puesto el deseo de adoptar niños con necesidades especiales, y claro, podía venir cualquier cosa para la que no estuviera preparada. Pero una amiga me dijo: “¿No te das cuenta de que Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos? Y me dije“pues ya está, Dios me capacitará para lo que me tenga que dar”.
¿Qué pasó después?
Lola: Le pedí al Señor una niña y, puestos a pedir, que tuviera síndrome de Down, que en casa ya lo dominábamos.Y entonces supimos que Lola era para nosotros.
¿Cómo es Lola?
Pablo: Lola tiene síndrome de Down y muchas cosas más: hipertensión pulmonar, una cardiopatía que no se puede cerrar, una gran aversión alimentaria por la que se atraganta constantemente… pero gracias a Dios hemos ido aprendiendo a gestionar todas estas situaciones.También es una niña muy inteligente y que nos está enseñando a vivir el día a día, a disfrutar el hoy, a no proyectarnos y a poner en orden las prioridades.

¿Cómo han sido las reacciones a su alrededor?
Lola: A veces nos suben a unos altares en los que no tenemos que estar porque no hemos hecho ninguna obra de caridad, solo abrirnos a la vida que Dios nos ha puesto. No lo vivimos como un acto de generosidad, sino como un acto de la aceptación de la voluntad de Dios en nuestra vida.
“Hay que dar a conocer lo mucho que merece la pena vivir estas vidas”
¿Alguna reacción negativa?
Pablo: Hemos encontrado gente que nos ha hecho pasarlo regular, porque te dicen que eres un irresponsable que estás sobrecargando e hipotecando al resto de tus hijos, que de mayores estarán obligados a cuidar a alguien con síndrome de Down. Pero ¿quién dice que no vaya a ser otro de mis hijos el que enferme y necesite cuidados? Y a veces también nos hacen sentir que “esto te lo has buscado tú”. Parece que yo no puedo estar cansado de ir tantas veces al hospital…
Lola: Con Pepe mi madre tenía mucho miedo y me decía: “Pero, hija, ¿por qué te complicas tanto? Dios te va a dar hijos”. Y yo le decía: “Es que me los está dando así”. Con el tiempo, alguna vez la he oído que le decía a Pepe: “¡Menos mal que tu madre no me hizo caso!”.

¿Por qué piensan que la sociedad no ve que estos niños no sólo merecen vivir, sino que son una bendición para sus familias?
Lola: Creo que la sociedad es desconocedora y a lo que desconoces le tienes miedo. Por eso hay que dar a conocer lo mucho que merece la pena vivir estas vidas. La gente se está perdiendo tanto tener una familia numerosa como tener a alguien con discapacidad cerca. Ambas cosas te suman muchísimo más de lo que te“restan”.
Pablo: Yo soy bastante cuadriculado y Dios me está ayudando a través de estos niños a darme cuenta de que a pesar de mis limitaciones puedo darme a ellos. A mis 42 años Él me está educando a través de ellos. Quien los rechaza se lo pierde.
¿Se puede vivir así la paternidad sin tener presente a Dios?
Lola: Que no creas en la existencia de Dios no significa que Él no lleve tu vida. Y al igual que a nosotros, Dios les pone ese deseo de adoptar en el corazón, y aunque ellos no identifiquen que viene de Él, Dios tiene un plan con ellos y con sus hijos.Todo el mundo podría vivir una paternidad así. El padre de todos nuestros hijos es Dios y Él no los va a abandonar nunca.
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





