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Jason Evert

Jason Evert, cofundador del Chastity Project: “El enemigo odia nuestro cuerpo porque revela a Dios”

Pocos explican el valor incalculable del cuerpo humano a multitudes de jóvenes con tanta claridad como lo hace Jason Evert, cofundador junto a su esposa del Chastity Project. En esta entrevista con Misión asegura que el gran ataque del Enemigo hoy es contra la naturaleza humana (unidad de cuerpo y alma) porque “hace visible el misterio invisible de Dios”. Por eso, este popular autor y orador católico norteamericano anima a los jóvenes a tratar con reverencia el cuerpo (el suyo propio y el de los demás).

Por Isabel Molina Estrada

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Tenemos un cuerpo o somos un cuerpo? 

No “tenemos” un cuerpo, “somos”  un cuerpo. Decía san Juan Pablo II que el cuerpo humano es la creación de Dios que hace visible a la persona. El cuerpo está lleno de significado: revela quién eres tú como hombre o mujer. Esto es crucial porque toda la confusión que se ha extendido desde la teoría de género se basa en la falsa premisa de que  “no somos nuestro cuerpo”.

¿Qué ocurre si pensamos que nuestro cuerpo es algo que “tenemos”? 

Esta idea nos lleva a anclar nuestra identidad en algo distinto a nuestro cuerpo y a manipular (o mutilar) el cuerpo a nuestro antojo.  Si la identidad no está ligada al cuerpo, se anclará en la personalidad, y ya que puede haber tantas personalidades como personas, se abre un espectro interminable de “identidades de género”. 

¿Por qué Satanás ataca con vehemencia el cuerpo en nuestra época? 

Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y el Enemigo de la humanidad (Satanás) odia todo lo que revela a Dios. Nuestros cuerpos hacen visible el misterio invisible de Dios. Hacen visible el amor, porque Él es amor. Y el diablo hace todo lo que puede para oscurecer y degradar nuestro cuerpo. 

¿No le basta con destruir el alma?

Él no es únicamente enemigo de nuestras almas, es enemigo de nuestra naturaleza humana. Quiere oscurecer la imagen de Dios que se revela en y a través del cuerpo. El objetivo final de la teoría de género es borrar lo que san Juan Pablo ii llamó “el significado esponsal del cuerpo”. Si se oscurece el significado de la masculinidad y de la feminidad la visión del hombre se eclipsa.

¿Cómo podemos proteger a los adolescentes de este ataque?

Lo primero es vigilar la calidad y cantidad de contenidos que ven en las pantallas para que no se rebajen basándose en las imágenes fabricadas que ofrecen las redes sociales. Compararse con esas imágenes los conduce a sentimientos de inferioridad y les lleva a perder el respeto por ellos mismos y por los demás. Pero no basta con dedicarse a bloquear los malos contenidos, es necesario explicarles su altísima dignidad como personas. 

¿Y eso cómo se hace?

Hablando con ellos sobre la modestia y el cuidado de la intimidad. No podemos decirles que hay partes de su cuerpo que son  “malas” o  “sucias”.Tenemos que enseñarles que el cuerpo es bueno porque nos revela una llamada a ser un don para los demás. A medida que crecen, esto puede relacionarse con su sexualidad, pero cuando son pequeños basta con enseñarles el cuerpo como creación de Dios.

¿Nota un deterioro progresivo en el valor que los jóvenes dan a su cuerpo y por consiguiente en sus relaciones? 

Veo que muchos jóvenes vienen de matrimonios rotos, no han tenido el ejemplo de un amor auténtico, e incluso se preguntan si el amor existe. Pero en lo más hondo de su ser anhelan encontrar el amor verdadero. Por eso, hay que recordarles que la preparación al matrimonio no comienza con el compromiso; que en lugar de buscar una persona perfecta que los  “complete” crezcan ellos en virtudes y se conviertan en esa persona que su futuro cónyuge merece; y que desechen de su vida todo lo que pueda ser tóxico en un futuro matrimonio (la pornografía, el alcohol, el egoísmo)…

Usted permaneció casto a la espera de su futura esposa… Su mujer, no. ¿Cómo logró quererla con su pasado y verla como su futura mujer?

Cuando conocí a Crystalina, ella ya había tenido una conversión y practicaba la castidad. Fue una sorpresa conocer su pasado, pero nunca se lo reproché. Entendí que cuando me venían a la mente pensamientos sobre su pasado, tenía la opción de volverme resentido, inseguro y distante, o agradecer a Dios por su conversión, orar por su continua curación e interceder por la conversión de los hombres con los que había estado. El amor no es simplemente un sentimiento, es un acto de la voluntad de elegir el bien del otro, es un desafío constante que nos lanza Dios, como decía san Juan Pablo II.

Dado que hoy muchos no permanecen castos en el noviazgo, ¿cómo asegurarse de elegir bien al cónyuge?

La clave está en que te conviertas tú en la persona que esperas encontrar, y en que tengas claro lo que buscas y no conformarte con menos. Si deseas un cónyuge con fe, honesto, fiel y bondadoso, no salgas ni te comprometas con alguien que tenga las cualidades opuestas con la ilusión de que cambiará. Sal con alguien con la ilusión de que seguirá siendo quien es. De lo contrario, estarás saliendo con una ilusión. Y si no estás seguro de si esa es la persona adecuada para ti, pregúntale a quienes te quieren, y escucha con humildad su opinión. Podrías ahorrarte tener que pasar el resto de tu vida arrepintiéndote de tu decisión.

¿Qué le diría a quien dice “yo hago con mi cuerpo lo que quiero”? 

Las personas tienen libertad para tomar decisiones sobre su cuerpo, pero se tendrían que preguntar: ¿qué elecciones me conducirán al amor que deseo? Quien está esclavizado por la lujuria o el egoísmo, no es libre para amar. La búsqueda desenfrenada de los placeres sensuales nos hace esclavos de nuestras propias debilidades. 

¿Qué significa eso de que somos “templo del Espíritu Santo”, tal y como dice la Escritura?

Significa que somos morada de Dios. Por eso san Pablo dijo: “Huid de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo, pero quien fornica peca contra su propio cuerpo. ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros y habéis recibido de Dios y que no os pertenecéis?”. Si tenemos reverencia por el edificio de un templo, cuánta más deberíamos tener por nuestro cuerpo y por el cuerpo de los demás, hecho a imagen y semejanza de Dios. A menudo, les digo a las jóvenes que nunca podrán convencer a un hombre de su altísima dignidad hasta que no se amen a sí mismas. 

¿Puede dar algún consejo más para que los jóvenes custodien su cuerpo?

Insisto: ¡pasa menos tiempo en las redes sociales! Según un artículo publicado en Psychology Today, “el chico promedio de secundaria hoy tiene el mismo nivel de ansiedad que el paciente psiquiátrico promedio de principios de la década de 1950”. Existe una correlación directa entre el tiempo que se pasa en las redes y el nivel de depresión y ansiedad que experimentan los jóvenes. ¡Desconéctate! Interactúa con tu familia, haz ejercicio, sal al aire libre, ora, sirve a los pobres. Y piensa: las mujeres con los cuerpos más perfectos, ¿tienen las relaciones amorosas más perfectas?… Un cuerpo perfecto no te proporciona el amor perfecto. Deja de compararte y aprende a amarte como Dios te creó.  

Mirada limpia
Para reconocer a un hombre que la mira con una mirada limpia y honesta, Jason Evert recomienda a las chicas que confíen en su intuición: “Las mujeres suelen ser conscientes de la diferencia entre quienes las miran con lujuria y quienes las miran con amoroso respeto. Si un hombre es incapaz de mirarte con respeto, ni se te ocurra salir con él. Tu deseo más profundo no es que te mire, sino que te vea y te ame. Cultiva la virtud de la modestia, que es más que un simple atuendo. Es la comprensión de que estás hecha a imagen y semejanza de Dios, y por eso sólo mereces amor”. Y advierte de que es importante que tanto hombres como mujeres nos vistamos de tal manera “que nuestra ropa no distraiga a los demás de nuestra dignidad” porque “a través de la modestia le decimos al mundo dónde reside nuestro valor”.

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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