Las series están cambiando lo que piensas (y no te das ni cuenta)

El auge de las series de ficción no es solo un fenómeno de entretenimiento. Psicólogos y expertos en comunicación alertan de cómo estas producciones influyen en las ideas de sus espectadores en asuntos clave para el futuro de la sociedad. Tómate en serio las series.

Por José Antonio Méndez

Los críticos de televisión coinciden en que vivimos una “edad dorada” en las series de ficción: plataformas como Netflix o HBO han elevado las series a la categoría de “grandes producciones”; los actores ya cobran más por aparecer en series que en el cine; y algunas tramas se han convertido en fenómenos sociales, con millones de seguidores, un merchandising omnipresente y campañas de publicidad dignas de Hollywood.
España está en la cresta de esa ola. Basta recordar el cartel de “Blanca Navidad” con que la serie Narcos cubrió una fachada entera de la Puerta del Sol, en Madrid; cómo incluso políticos de todo signo han aparecido en los medios hablando de Juego de Tronos; o los consejos que han pululado por las redes para disfrazarse en carnaval de los protagonistas de Breaking Bad o Stranger Things.
“Hoy las series de ficción se pueden ver en su horario de emisión o a la carta, en solitario o en compañía, a pedazos o de forma compulsiva, a cualquier hora del día, y en pantallas que no tienen por qué ser las de la tele”, explica Isidro Catela, profesor de Ética de la Comunicación en la Universidad Francisco de Vitoria y experto en el análisis de programas televisivos.  “Por eso, su influencia ha ganado terreno, y es ubicua y constante, porque llevamos todos los medios tradicionales en uno, metidos en el bolsillo”, asegura.
Pero ¿qué ocurriría si su serie favorita no solo le estuviese entreteniendo, sino también cambiado la forma de pensar?

 

Hoy vemos las series en su horario o a cualquier hora del día, en solitario o en compañía, a pedazos o de forma compulsiva, en la tele o en otros soportes… Por eso su influencia es mayor

 

La teoría del cultivo

Aparquemos por un momento los últimos estrenos y volvamos a 1998. Hace justo 30 años, el húngaro George Gerbner, de la Universidad de Pensilvania, formuló una de las teorías más influyentes en la sociedad actual: la teoría del cultivo.
Tras analizar el comportamiento de miles de personas a lo largo de varias décadas, Gerbner demostró que la mejor manera de extender mensajes capaces de modificar los hábitos y la mentalidad de la sociedad, con una incidencia real y sin generar sospechas de manipulación, es a través de las series de televisión.
Un producto audiovisual que lo tiene todo: es entretenido, mezcla mensajes sociales con tramas de ocio, y se consume de forma voluntaria y frecuente, cuando el espectador tiene la guardia baja porque está en su momento de relax.
La teoría del cultivo se centró, especialmente, en la influencia que tiene la violencia de ficción en la tolerancia a la violencia social, y demostró que las personas (sobre todo los niños) que pasaban más de una hora al día viendo series, o que las veían de forma compulsiva, eran más susceptibles de justificar –y reproducir– comportamientos violentos.
Además, señaló que las píldoras ideológicas que se lanzan desde las historias de ficción son capaces de modificar poco a poco la forma de pensar de los espectadores en asuntos como los estereotipos sexuales, la visión que los seres humanos tenemos de nosotros mismos como especie, o nuestras creencias políticas.

Las series cambian lo que piensan los espectadores en temas como: estereotipos sexuales, creencias políticas, modelos de convivencia familiar, posicionamiento ante las minorías…

 

Píldoras ideológicas

Estudios posteriores han ampliado las tesis para mostrar, como señala el psicólogo Gabriel Solano en el portal ipsicologo.com, que las series de ficción inciden en la demanda de productos, el auge de ciertas profesiones, la percepción de los asuntos medioambientales, el rol social de ancianos y discapacitados, los modelos de convivencia familiar, las relaciones sentimentales y el posicionamiento frente a las minorías.
Ejemplos no faltan. En 2015, Amazon reconoció que en España se habían incrementado en un 135 por ciento sus ventas de máquinas de coser durante la emisión de la serie El tiempo entre costuras; en Estados Unidos los tribunales ya tienen en cuenta lo que llaman “efecto CSI”  en los juicios populares, y tanto la Policía como las Universidades reconocen el efecto de esa serie en el interés por los estudios de Criminología y Medicina Forense; en 2016 el portal pornográfico Pornhub notificó que Juego de Tronos, por su carga de sexo explícito y violencia, disminuyó en un 5 por ciento el tráfico de su web, aunque después multiplica el número de personas que buscan escenas de la serie en las páginas porno… y un largo etcétera.

Amazon disparó la venta de máquinas de coser por la emisión de El tiempo entre costuras; los tribunales de Estados Unidos reconocen el «efecto CSI»; y Pornhub ha notificado la relación entre consumo de porno y Juego de Tronos

 

Series en serio

Es decir, que la series que usted sigue le influyen más de lo que piensa, y por eso, los expertos recomiendan caer en la cuenta de qué visión del mundo tratan de transmitirle. Sobre todo, porque estas producciones suelen bombardear ideas muy similares y nada inocuas. “Las series de ficción transmiten un conjunto de ideas preconcebidas que juegan un papel fundamental en el día a día”, explica Catela.
Y pone varios ejemplos made in Spain de ideas surgidas en los últimos años, y cada vez más extendidas en la sociedad, que han tenido en las series un ariete privilegiado: las ideas sobre el amor y la ideología de género presentes en La que se avecina [una de las series, además, más repetidas en distintos canales]; la visión materialista sobre la muerte en The Walking Dead; la visión desesperanzada y agresiva sobre el futuro apocalíptico de Los Juegos del Hambre; la visión positiva sobre la ciencia y los científicos frikis de The Big Bang Theory; los peligros sobre la comunicación y sus efectos en Black Mirror; la política como lucha de poder en House of Cards; el mundo que gravita en torno a la droga, con Narcos; la búsqueda de poder y la violencia explícita en Juego de Tronos; o sobre nuestra historia en general, con El Ministerio del Tiempo.
Por eso concluye: “Aunque daría para exponer una sastrería entera, estos botones de muestra nos indican que hay que tomarse las series muy en serio, aunque solo sea porque contribuyen, con eficacia, a calentarnos la cabeza y el corazón”.

La influencia de la series es tan potente que conviene caer en la cuenta de qué visión del mundo tratan de transmitirnos

 

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