Por Miguel Sanmartín Fenollera
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
A nuestros adolescentes les ha tocado vivir una época difícil.Además de tener que lidiar con las típicas inseguridades y cambios propios de su edad, habitan un mundo en decadencia, donde la verdad, la bondad y la belleza han sido sometidas a la utilidad, la riqueza y el placer, y donde una realidad virtual y alternativa de pantallas y clics les ofrece distracciones, apartándoles de aquello que no hace mucho constituía la esencia de ser humano.
Frente a este oscuro panorama, conviene devolver a esos chicos inseguros, distraídos y dispersos, algo de la concentración y reposo reflexivo de antaño, y algo de la maravilla que encierra el mundo. Los libros pueden ayudar a nuestros adolescentes a restañar sus heridas almas con algo de belleza, impulsándolos hacia lo real, lo bueno y lo verdadero. Porque, ¿qué puede ser mejor que sumergir a los jóvenes en grandes historias donde las virtudes y, por contraste, los vicios se hacen vida, huyendo así de fórmulas empalagosas y de rígidos sermones?
Los libros ayudan a los adolescentes a restañar sus almas impulsándolos hacia lo verdadero
Lo primero que deberemos hacer es buscar los libros adecuados. Los jóvenes lectores descubrirán en ellos que, lejos de sustituir su vida real, esta se ampliará, al relacionar lo vivido en persona con lo vivido por otros muchos; además, les suministrarán material de sobra para fabricar sus propios sueños, haciéndoles capaces de interpretar el mundo con un sentido de piedad y belleza, de verdad y bondad, hoy casi olvidado.Todo ello constituirá, a un tiempo, un regalo y una ofrenda, pues asombrarse e imaginar la maravilla del mundo, aunque sólo sea un poco, es acercarse a la adoración. Seguro que valdrá la pena.
LLAVES MAESTRAS A NUEVOS MUNDOS
Estos libros les permitirán sumergirse en grandes aventuras, compartiendo el valor y el sacrificio como en La isla del Tesoro, Secuestrado, y Catriona, de Stevenson; Los Hijos del Capitán Grant y Dos años de vacaciones, de Verne; o Capitanes intrépidos, de Kipling. Descubrirán el valor de la hermandad, el amor y la entrega en Mujercitas, de Alcott; Oliver Twist, de Dickens; o Ana, la de Tejas Verdes, de Montgomery. Les será revelado el encanto de lo cotidiano y los secretos del amor, la familia y el matrimonio con Emma, Juicio y sentimiento, y Orgullo y prejuicio, de Austen, David Copperfield, de Dickens, Jane Eyre, de Brönte; Los diarios de Adán y Eva, de Twain; o los cuentos de Chéjov o Maupassant. Atravesarán los umbrales de lo desconocido, donde los héroes regresan victoriosos al hogar, como El señor de los anillos, de Tolkien; El conde de Montecristo, de Dumas; Los Miserables, de Hugo, Robinson Crusoe, de Defoe; o La línea de sombra, de Conrad. En ocasiones, quizá osen transitar por oscuros zaguanes que les permitan asomarse a mundos que tal vez no existan, pero que amenazan existir como 1984, de Orwell; Un mundo feliz, de Huxley; Fahrenheit 451, de Bradbury; Hijos de los hombres, de P. D. James; o La trilogía cósmica, de Lewis; sin olvidar los cuentos de Poe, Gógol, o Borges.
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





