Ellas se lo cuentan todo (o casi todo) y no pueden irse a la cama sin haber hablado ese día por lo menos cinco minutos por teléfono. Son madre e hija, un par sin igual, que pueden traer muchos quebraderos de cabezas a los maridos. ¿Es normal –y recomendable– este lazo tan estrecho, aun después de varios años de matrimonio?

Por Isabel Molina Estrada

 

Nos se puede generalizar: hay hijas muy independientes y madres que no intervienen en la vida de sus hijas casadas. Sin embargo,  “cuando surgen dificultades en el matrimonio a causa de la familia política, el punto más álgido suele estar en la relación madre-hija”, asegura Silvia Álvarez, psicóloga de la Fundación COF-Getafe.
“Basta que el marido diga algo que suene a crítica hacia la madre de su mujer y que la mujer lo sienta como una falta de lealtad, para que los dos entren en conflicto”, añade la psicóloga.
Es el típico caso en que el esposo tira de una manga y la madre de la otra… El marido no quiere llegar a casa porque la suegra está allí y, entonces, todo comienza a descuadernarse.
El marido se queja:  “Mi mujer hace todo lo que dice su madre; lo decide todo con ella y a mí me dejan al margen; su madre llama 400 veces a casa o viene por la noche sin avisar…”.
Lo primero que hay que entender, explica Álvarez, es que, al casarse,  “tanto la madre como la hija tendrán que elaborar un  ‘duelo de separación física’. No significa quererse menos, sino reconocer que el tiempo para estar juntas ya no es el mismo; las prioridades han cambiado”. Y que esta separación emocional es necesaria para tener un buen matrimonio.
Reconocer los sentimientos
Pero no hace falta forzar nada.  “Lo importante es que el marido no ataque a su mujer, sino que procure entender lo que ella está viviendo. Puede preguntarle: ‘¿Cómo te sientes? ¿Te cuesta no poder ver cada día a tu madre?’, para intentar entender lo que ella siente; así será más fácil luego fijar unos límites”, explica Álvarez.
Porque los límites hay que fijarlos, pero sin imponerlos con frases hirientes como: ‘Tu madre no puede venir a casa’ o ‘ A tu madre solamente la vemos a visitar una vez al mes’…  La psicóloga recomienda al esposo hacer el esfuerzo de reconocer los sentimientos de su mujer:  “Si tu mujer se siente comprendida, será más fácil luego entrar a negociar”, asegura.
Hacer equipo
La relación entre el matrimonio siempre está primero. Por eso, aunque tengan que morderse la lengua, madre e hija ya no se lo pueden contar todo como antes. Todo lo que suene a crítica de la hija hacia su esposo o de la madre hacia su yerno es dominio de la intimidad de cada una. “Hay que preguntarse qué es lo mejor para el matrimonio, cuidando siempre el diálogo desde el cariño”, explica Álvarez.
Por último, la clave es que el matrimonio haga equipo para que así todos los afectos se vayan colocando en el lugar apropiado. Si el matrimonio está unido, la estrecha relación que suele existir entre madre e hija no interferirá entre los esposos, porque, según asegura la psicóloga,  “el problema nunca es la mujer ni la madre de la mujer, el problema es que el matrimonio no consiga hacer equipo”.

 

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