Por Isabel Molina Estrada / Fotografía: Dani García
Durante esta entrevista muchas personas salen al encuentro de Nuria Chinchilla por los pasillos del IESE. Quieren saludarla. Ella responde con una enorme sonrisa, pregunta y sigue avanzando con una mezcla de cercanía y curiosidad inagotable que explica, mejor que cualquier currículum, por qué sigue siendo una de las voces más influyentes del management humanista en España.
Profesora de Dirección de Personas en las Organizaciones, titular de la Cátedra Carmina Roca y Rafael Pich-Aguilera de Mujer y Liderazgo, fundadora del International Center for Work & Family e impulsora de la iniciativa IESE Women in Leadership, I-Wi, Chinchilla es un referente internacional en conciliación, liderazgo y desarrollo del talento femenino.
Con solo 23 años y recién graduada del máster, Chinchilla llamó a las puertas del IESE –la reconocida escuela de dirección de empresas– para preguntar si querían mujeres. Hasta entonces, el claustro estaba formado exclusivamente por hombres. La recibió el decano, Juan Antonio Pérez López, quien acabaría convirtiéndose en su maestro y mentor. Y quien, como los buenos maestros, cuando vio que su discípula estaba preparada, la dejó volar sola. La noche anterior al accidente en el que falleció, a los 70 años, ambos mantuvieron una conversación que Chinchilla aún recuerda con nitidez. Pérez López le contó que al día siguiente viajaría en coche a Portugal para dar clase en el AESE –la escuela hermana– porque quería pasar por Salamanca a ver a sus padres. “¿Y si te pasa algo?”, le preguntó ella. Él respondió con serenidad que ya le habían dado “la bendición de viaje” y que como viajaba de tarde ya habría ido a Misa y tendría “una Misa más que presentar”. Luego añadió una frase que ella nunca olvidaría: “Además, tú ya estás preparada”. Al día siguiente, Chinchilla recibió la llamada: “Juan Antonio ha tenido un accidente y ha muerto en el acto”. Llevaban doce años trabajando juntos.
A lo largo de la conversación hay una idea que queda clara: la vida de la profesora Chinchilla quedó profundamente marcada por el legado de Pérez López. “He intentado meter su teoría en todas partes para humanizar las empresas con cabeza y corazón”.

Toma de decisiones, motivaciones, gestión del conflicto, integración de la vida, dirección por misiones y flexibilidad de espacio y tiempo son algunos de los temas que atraviesan las clases de la profesora Chinchilla. “En el fondo –resume– todo el rato estamos hablando de anticipar consecuencias, y lo hacemos a través del método del caso”.
Ha sido profesora en el IESE durante más de cuatro décadas. ¿Cómo comenzó esta aventura?
Son ya 44 años, y 42 de profesora. Cuando terminé el máster, no había ninguna mujer en la facultad y fui a ver a Juan Antonio Pérez López para preguntarle: “¿No queréis mujeres?”. “No es que no queramos… ¿Tú quieres?”, me dijo. Yo llevaba toda la vida queriendo enseñar. Ya de niña sentaba a los muñecos para darles clase. El primer año me entregó sólo cuatro sesiones. Recuerdo pensar: “¡Cuatro sesiones en todo un año!”. Lo curioso es que me casé en octubre y las cuatro sesiones eran todas en noviembre, así que pasé mi viaje de novios pensando cómo iba a dar clase a señores de 40 años. Pero Juan Antonio me dijo algo que me cambió la mirada: “Ellos saben mucho de sus empresas, pero tú sabes más de tus temas. Además, se trata de ayudarles a pensar”.
Y aquí está, después de una trayectoria larga y fecunda. ¿Cuál diría que ha sido su principal contribución?
Trabajar lo que antes llamábamos conciliación cuando todavía nadie hablaba del tema en España. En la etapa de Aznar se aprobó la primera ley de la conciliación de la vida familiar y laboral, pero con el tiempo cambié el nombre. Prefiero hablar de integración entre trabajo y familia, porque no tenemos dos o tres vidas. El reto consiste en integrarlo todo en una única trayectoria, porque trabajo y familia no son enemigos, sino dos ámbitos que se enriquecen mutuamente. Lo que vives en uno lo llevas al otro, y viceversa.
“Trabajo y familia no son enemigos. Son ámbitos que se enriquecen –o se debilitan– mutuamente”
También ha sido pionera en otros temas de liderazgo femenino.
Y eso que al principio yo no quería abordar este tema. Cuando Pérez López me abrió la puerta del IESE, en1984, me dijo: “Deberías dedicarte a las mujeres”. Le respondí que no había entrado al IESE para formar un gueto de mujeres en un entorno de hombres.¡Pero él tenía una visión clarísima! Durante años no volvimos a hablar del asunto, hasta 1995, con motivo de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín. Entonces me sugirió: “Deberías ir”. Yo pensaba que no tenía nada que aportar allí. Y él me respondió: “No te preocupes: tú llenas el auditorio, yo doy la clase y tú tomas apuntes”. Pensé: ¡Qué puede saber este hombre de mujeres!… Pero organizamos la conferencia con el título La mujer y su éxito. Yo puse el nombre y el diseñó el programa: “Hombre y mujer, dos modos de ser”; “Hombre y mujer, dos modos de actuar”; y, finalmente, “Mujeres con éxito equilibrado”.
¿Consiguieron llenar el auditorio?
Fue la primera vez que vi lleno el auditorio del IESE. Y cuanto más hablaba él, más me sorprendía. Al terminar le pregunté: “¿De dónde sacas tanta sabiduría?”. Entonces descubrí que era vocero del Papa Juan Pablo II. Me habló de la carta Mulieris Dignitatem. “ Tienes que leerla”, me dijo. Me fui a Pekín con cuatro ideas claras, pero al regreso, volví a mi zona de confort.
No daba su brazo a torcer…
No, yo seguía con mi liderazgo “completo”, sin diferenciar entre hombre y mujer. Pero cuando José Antonio falleció, abrí los ojos: creamos el International Center for Work & Family e incorporamos una línea de investigación centrada en la mujer. Por ahí empezamos.
¿Qué contribución destacaría del liderazgo femenino?
La mujer tiene en el ADN la capacidad del cuidado. Biológicamente tenemos tres veces más neuronas y axones en el cuerpo calloso del cerebro que los hombres. Nuestros hemisferios derecho e izquierdo están superconectados. Por eso somos más capaces de reconocer qué le pasa a la persona que tenemos enfrente. Es algo innato porque la mujer necesita saber qué quiere su bebé cuando llora. El liderazgo del cuidado es la empatía bien entendida: ves que otro necesita acompañamiento, ayuda… y todos la necesitamos, porque todos somos vulnerables. Luego está la parte cultural, y ahí tenemos que ayudar a que ese liderazgo del cuidado llegue a los hombres, porque a la mujer le viene de serie.

¿Cómo pasó de hablar de “conciliación” a hablar de “integración”?
En el libro Dueños de nuestro destino: Cómo conciliar la vida profesional, familiar y personal (Ariel, 2007)hablamos de “reconciliar”. Ahí entendí que trabajo y familia son mutuamente enriquecedores… Aunque también pueden debilitarse entre sí. Lo interesante fue que desarrollamos lo que llamamos el triángulo de la sostenibilidad.
¿En qué consiste?
La idea es que tú estás en el centro y alrededor tienes tres grandes ámbitos: familia, trabajo-empresa y sociedad. En todos ellos vas tomando decisiones, y cada decisión te la llevas contigo… para bien o para mal. Si tomas malas decisiones en el trabajo, eso acaba afectando a tus hijos y a tus amigos. Te conviertes en mejor o peor decisor, y también en mejor o peor persona. Por eso, tienes que integrarlo todo preguntándote quién eres, a dónde vas y cuál es tu misión. Tu misión personal irá cambiando si te casas o no, pero tienes que saber quién eres para descubrir qué puedes aportar tú, y solo tú.
Hablando de matrimonio, surge inevitablemente la cuestión de la maternidad. ¿Es realmente un obstáculo para la carrera profesional?
Depende mucho de dónde trabajes, porque la maternidad requiere tiempo. Si estás en un entorno con flexibilidad real de tiempos y espacios, no tiene por qué ser un problema. Pero si el modelo es de presentismo, entonces sí que es un problema. Pero hay que verlo al revés: el trabajo fuera de casa es el problema para la maternidad. Por eso, hay que buscar empresas flexibles y familiarmente responsables, que tengan en cuenta la familia completa, no sólo a la persona como “mente y manos”. La maternidad tiene sus tiempos, y la pena es que a muchas mujeres les han vendido la idea de que primero va la carrera profesional y después ser madres.
“El problema no es la maternidad, sino un modelo de trabajo inflexible”
Y muchas están frustradas.
Sí porque estamos haciendo todo al revés. La maternidad tiene que venir enseguida. En cuanto te casas, hay que abrirse a la vida. El mejor momento es ahora, no cuando esté la casa pagada, o tengas un mejor trabajo o más tiempo… Ese momento nunca llegará. El trabajo es un gas: se expande y ocupa todas las grietas que dejas en tu agenda. Y cuando te das cuenta, ya tienes 40 años. Entonces empiezan las locuras del in vitro. Tienes que tener los niños cuando vienen, cuando Dios quiere. Después, todo lo demás se recoloca.
Usted explica que la mujer madre ha sido un agente de cambio en la flexibilidad empresarial. ¿A qué se refiere?
Si una persona no tiene a nadie que le espere en casa, puede alargar su jornada porque siempre habrá algo más que hacer. En cambio, si tienes a alguien esperándote, terminas antes. En ese sentido, la mujer madre ha sido el agente de cambio en las empresas, impulsando la flexibilidad y los modelos de jornada parcial. Ha demostrado que, si tienes un bebé esperándote, puedes hacer en cuatro horas lo que antes hacías en ocho.
La cultura del trabajo en España se caracteriza, en gran medida, por el presentismo. ¿A qué se debe este hándicap en plena era del teletrabajo y la flexibilidad?
Es increíble porque estamos rigidificando la flexibilidad. Mi propuesta es: jugar por objetivos y por misiones, no por presentismo. Si vas por misiones, los objetivos serán objetivos-misión. Eso es lo que pido a los empresarios en mis clases. Y ellos mismos se dan cuenta de que precisamente están en clase porque su organización les ha dado esa flexibilidad.
Para terminar, ¿en medio de tanta actividad, sufre de estrés alguna vez?
No porque tengo a Dios al lado siempre y le pregunto: “¿Qué toca hacer hoy?”. Y vamos haciendo las cosas con la tranquilidad de saber que vas a salir de las pruebas porque, como decía Teresa de Ávila, “nunca pasa nada, y si pasa, ¿qué importa? Y si importa, ¿qué pasa?”. Además, doy clase de estos temas, entonces, ¡o te los aplicas o qué haces!”.


UNA SOLA AGENDA
Habla de la importancia de tener una sola agenda. ¿Por qué?
Porque si tienes agenda, eres tú quien pone los compromisos, no el resto del mundo. La agenda no es un libro de citas. Es una herramienta para triunfar porque te permite decir “no”. En tu agenda metes lo esencial: tiempo con tus hijos, con tu madre viuda… si no los pones ahí, lo urgente acaba ocupándolo todo y te harás esclavo del entorno. Acabas dejando a los tuyos –a tu marido, a tus hijos– por estar ayudando a no sé quién en no sé dónde.
Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





