La revista más leída por las familias católicas de España

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Premio Gordo, por Enrique García-Máiquez

Una actividad que propongo en todos mis cursos de Empresa e Iniciativa Emprendedora funciona muy bien. Si la traigo aquí no es para presumir de práctica docente, sino porque la veo tan útil que me atrevo a proponérsela a usted. Es fácil: sólo tiene que imaginar que le tocan 50 millones de euros en el premio Gordo de la Lotería de Navidad.

Por Enrique García-Máiquez
www.egmaiquez.blogspot.com
Ilustración: Emilia Armijo

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Entonces, en una cuartilla, hay que poner por orden lo que uno haría con ese premio alucinante: cosas que se compraría, actividades que emprendería, regalos, viajes, etc. En clase, recojo las cuartillas y leo en alto una tras otra sin decir de quién es. El autor pone cara de póker y calla. Mientras tanto, los demás, según lo vaya yo leyendo, tienen que adivinar de quién es. A veces es muy fácil, a veces no. 

Esto tiene numerosas ventajas. Veo cómo se conocen entre ellos, mientras que los voy conociendo mucho mejor. Al ser humano, mejor que nuestra realidad más o menos estrecha, nos definen nuestros inagotables deseos. Somos el homo desiderii: el varón (o la dama) de deseos.

Para la asignatura en sí también es útil, porque compruebo si conocen el valor del dinero. A veces no tienen ni idea y no es raro el adolescente que aprovecha los millones de euros para comprarse una moto y ya está. Alguno se va al otro extremo, y con ese dinero se compraría un club de fútbol. Y luego están los que sí traen una preocupación sensata por el ahorro y las inversiones.

¿Y ya está? No. Devuelvo las cuartillas, pero ahora, por la otra cara de la cuartilla tienen que escribirme qué no cambiarían jamás por muchos millones que les hayan tocado. Si la primera parte de la actividad era la salada, esta es la dulce. No cambiarían de novio o de novia ni de padres ni de hermanos, la mayoría seguiría viviendo en su pueblo o en su ciudad, pensarían igual, tendrían los mismos amigos, las mismas aficiones, alguno incluso seguiría estudiando FP.

“Para algunas de las cosas que de verdad nos importan nos vendría muy bien algo de financiación; pero otras –no nos engañemos– se pondrían en peligro si nos cae el gordo”

La conclusión sale sola, pero yo se la subrayo. “En lo que respecta a lo que no queréis cambiar —les digo—, ¡ya sois millonarios!”. Y todavía hay más, porque la importancia no es al 50 %, sino que lo que no cambiaríamos jamás es mucho más importante, por más íntimo y por más real. No hago maniqueísmo: sabemos que para algunas de las cosas que de verdad nos importan nos vendría muy bien algo de financiación; pero otras –no nos engañemos– se pondrían en peligro si nos cae encima el gordo.

Al final, salen de la clase (y espero que ustedes del artículo) más convencidos de su buena fortuna, más ricos, más alegres, más navideños, más dispuestos a celebrar la buena suerte que ya les ha tocado. 

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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