¡Socorro! Mi hijo tiene un amor de verano

No es un mito: el verano es el escenario más común para encontrarse con el primer amor y con el despertar sexual. Te explicamos por qué los adolescentes se enamoran más en esta época del año y te damos algunos consejos para acompañar a tus hijos en esta etapa crucial.

Por José Antonio Méndez

Si tienes hijos adolescentes (o a punto de serlo), respira hondo y asúmelo: este verano, tu tierna hija, que hasta hace poco solo tenía amigas, o tu pequeño e inocente niño, tu gran tesoro, tal vez se enamoren por primera vez y se vean sacudidos por un torrente de hormonas que les dejen tan aturdidos como a ti.

El destape del cuerpo, las nuevas amistades y la flexibilidad de horarios son el caldo de cultivo perfecto para que  “el primer amor”  coincida con  un “amor de verano”. Puede ocurrir durante un campamento, en las tardes de piscina o con las fiestas del pueblo como telón de fondo… pero lo importante es que, si ocurre, ya nada volverá a ser igual que antes.

¿ Y cómo puedo saber si mi hijo o mi hija se ha enamorado? ¿Cómo le ayudo a no quemar etapas? ¿Qué consejos puedo darle y qué es lo que jamás debo hacer? De la mano de la doctora Nieves González Rico, directora del Instituto Desarrollo y Persona de la UFV, te damos algunas claves para que puedas comprender a tus hijos y ayudarles a atravesar esta preciosa experiencia de la forma más plena y sana.

¿Es más probable que mis hijos adolescentes se enamoren en verano?

Sí. La doctora González Rico explica que el verano permite a los adolescentes  “retomar amistades y relacionarse con gente nueva”  fuera de los roles habituales. Los horarios relajados, la posibilidad de romper con su forma de ser en la infancia, encontrar el modo nuevo de relacionarse con el otro sexo, la escasa ropa, el ambiente de diversión y  “su deseo siempre vivo de ser especial para alguien”  hacen el resto.

¿Qué debo hacer si creo que tontean con alguien?

Lo primero, ser respetuoso y natural: evita comentarios jocosos o bromas incómodas. No comentes “la jugada” con amigos o familiares, más allá de tu cónyuge: lo que para ti puede ser una comidilla, para ellos es muy importante. “Un adolescente es celoso de su intimidad frente a sus padres –explica González Rico–, pero a la vez querría compartir con ellos sus emociones y dudas: ¿Qué hago para que quien me gusta se fije en mí? ¿Es bueno decir lo que siento? ¿Por qué me excito? ¿Hay una edad para dejar de ser virgen?…”. Así que lo mejor  “es dedicarles tiempo y crear momentos para abordar este tema con discreción, en conversaciones en las que puedan abrirse y saberse escuchados”. No te limites a dar consejos: pide su parecer, muéstrate disponible…

¿Y lo que nunca debo hacer?

“Ni someterles a interrogatorios, ni invadir su intimidad de modo excesivo, salvo que temas conductas de riesgo”, afirma González Rico. Tampoco te desentiendas: al cambiar entornos y compañías habituales “es bueno saber con quiénes salen y a dónde van, y señalar con cariño los límites que les faciliten los referentes que necesitan: horarios, lugares, actividades…”.

En materia sexual, ¿cómo puedo ayudarles?

La adolescencia de tus hijos es menos inocente que la que viviste a su edad, porque “hoy el ambiente reduce la sexualidad a la genitalidad, y el cuerpo, a objeto de diversión”, alerta González Rico. Ni te alarmes, ni des por sentado que no darán pasos antes de tiempo. No tengas miedo a proponerles una sexualidad a contracorriente, unida a la afectividad. Vence tu vergüenza y explícales “con diálogo sereno” por qué es malo disociar afecto, sexo y madurez, y que aunque “experimente con gran fuerza el impulso sexual”, deben ser capaces de “aprender a integrarlo”.

¿Cómo evito que mantengan relaciones sexuales?

Explícales que no se trata de “no hacer algo” sino de vivir lo que toca en cada edad, para no hacerse daño ni dañar al otro. Anímales a que “el cuerpo sea la expresión proporcionada y sincera de lo que hay en el corazón”. Si están enamorados, entenderán mejor que  “el amor se fragua lentamente y por eso el cuerpo se entrega al entregar la vida entera. No es un No a la relación sexual, sino un Sí a quererse bien”.

¿Qué otros consejos puedo darles?

La cultura hipersexualizada incita a acelerar el contacto físico, pero así pierden “lo más bonito, que es saberse especial para alguien”, explica González Rico. Anímales a disfrutar sin prisas y a darse el lujo de estar enamorados  “sin más”. Mejor que dar consejos, ayúdales a encontrar las respuestas: “La clave es que los dos se animen a ser mejores: ¿Te hace querer ser mejor para él o para ella? ¿Te ayuda a ser mejor para los demás? Para eso se necesita alguien atento, respetuoso, que no te separa de los amigos, que habla y escucha, que te comprende y apoya, que perdona… Si trata de imponerse, separa, controla, acapara o quiere ir más deprisa de lo que corresponde, mala señal”.

¿Vale la pena que se impliquen tanto en una relación que es “de verano”?

Es bueno que vean que valoras su relación porque para ellos es importante. Además, como recuerda González Rico, “no hay que menospreciar estas relaciones: hay matrimonios que comenzaron su historia en fuegos de campamento o salpicándose en la piscina”.

EN RESUMEN

Respeta:
Evita chismorreos, bromas incómodas y comentarios jocosos.

Habla:
No te limites a dar consejos ni hagas interrogatorios. Tampoco te desentiendas. Charla con ellos con naturalidad y cariño.

Explica:
Responde a sus dudas sin vergüenza y explícale por qué es malo disociar afecto, sexo y madurez.

Ilumina:
Ayúdale a encontrar sus propias respuestas: ¿Te hace ser mejor? ¿Te controla o te valora?…

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