Villancicos: el canto del puro gozo

Los villancicos son el único género literario que inauguraron los ángeles. Los hombres les hemos seguido el compás. Es tan buena nueva la Navidad que no hubo época que no rompiese a cantar de puro gozo y maravilla. La tradición tiene 2022 años, nada menos. En español, desde sus comienzos, no faltaron ilustres continuadores, además de los anónimos (que existen para el Niño, pues Él lleva la cuenta de todos).

Por Enrique García-Máiquez

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Aquí hemos cantado villancicos desde los inicios de nuestra poesía, con Juan del Encina y Álvarez Gato, o incluso antes, con los villancicos medievales y anónimos. Continuaron en nuestro gran Siglo de Oro con Luis de Góngora y con Lope de Vega, que los escribió inolvidables: “Reyes que venís por ellas/ no busquéis estrellas ya,/ porque donde el Sol está/ ya no lucen las estrellas”.

De ayer…

Hasta ayer mismo con Eugenio d’Ors (“Cuídate de ser Mago/ si no eres pastor”) y Gerardo Diego y tantos más. Luis Rosales, Pablo García Baena, Alfonso Canales y Aquilino Duque publicaron sus propios libros íntegramente dedicados a la Navidad. Muchos de estos villancicos antiguos y modernos fueron recogidos en una antología titulada Hoy son flores y rosas (El Monte, 1995) al cuidado de Antonio Cáceres. Ilustrada por el gran Ramón Gaya, ese volumen es hoy un objeto de culto para coleccionistas. Todavía puede encontrarse –aguja en un pajar– en algunas librerías de viejo.

Y de hoy…

Numerosos poetas actuales mantienen viva la tradición. No se conforman con el “fun, fun, fun” y el “arre, arre, arre”, que están fenomenal, pero que no tienen por qué copar el repertorio. Escriben uno cada Navidad, generalmente en verso menor y tono juguetón, y con él felicitan a sus íntimos en un christmas que también dibujan o diseñan ellos o sus hijos o sobrinos. Se trata de una costumbre privada, pero que ha dado versos tan bonitos que merecieron recogerse en un libro de 2013, titulado Navidades modernas. Antología del Villancico Actual, editado en Jerez de la Frontera por José Mateos. 

Entre los muchos que he tenido la suerte de recibir a lo largo de los años, los hubo de todo tipo. En primer lugar, situaría los villancicos puros, que siguen más de cerca la tradición desde un punto de vista temático y también métrico, con versos de arte menor y estribillo, y que hablan del misterio del Nacimiento, como este de José Julio Cabanillas, de la Navidad de 1999:  “Pesebre/ de fiebre./ Tiritan/ estrellas:/ ojillos/ del Pillo,/ centellas./ El burro/ y el buey/ y Curro,/ pastor,/ pregunta: –¿Quién séis?/ y atranca/ la puerta/ a todo/ el que entra,/ Currillo/ –chistando– / pastor: /–Silencio…/ shis… shis…/ Que duerme/ mi Amor”.

Otra línea enlaza conla infancia y están las canciones más decorativas como de ambiente navideño, con sus nieves y sus abetos. Nada sobra, ni siquiera la dulce melancolía del paso del tiempo ni la añoranza de los seres queridos. Porque todo, a la vera de la cuna del Niño en Belén, se hace canción, alegría, dulzura y esperanza.  

Monte usted su propio christmas

Apresuradamente, se dice que la posmodernidad está acabando con la artesanía, pero también ofrece muchas oportunidades. En el campo de la edición son evidentes, gracias a la informática y a las impresoras, como demuestran decenas de exquisitas editoriales independientes. Otra posibilidad es elaborar, con un buen papel, algo de creatividad y mucho espíritu navideño, los propios christmas.

En mi casa se monta el belén para la devoción interna; y se escribe, se dibuja, se imprime, se firma y se envía un tarjetón para la devoción externa. Se puede escribir un pequeño villancico o una cita o escoger un villancico clásico, lo que queramos regalar a los amigos. Los niños de la casa hacen un dibujo o dos —otro para el colofón—, y se maqueta de manera que, doblando el folio en cuatro, quede como un tarjetón: el dibujo al frente, una página en blanco, la derecha el texto y en la contraportada un colofón. En la impresora es fácil hacer 20 o 30 christmas caseros.

A la alegría vintage de recibir en pleno siglo XXI una carta en el buzón, nuestros amigos sumarán la felicidad de la felicitación y la esperanza eterna de la Navidad. Es un pequeño detalle, pero prepararlo nos prepara para la Navidad y enviarlo nos sirve para cantar a los cuatro vientos, como los ángeles, “gloria a Dios en las alturas ¡y en su cuna!; y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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