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Los Zavala Gasset, una familia católica de escritores, productores de cine, ‘youtubers’ y peregrinos

José María Zavala y Paloma Gasset han sacrificado proyectos, carreras profesionales y una vida cómoda para ayudar a salvar almas. Y a este camino se han unido también sus hijos Borja e Inés. En familia se dedican de lleno y a todo gas a evangelizar desde el ámbito de la cultura, sin reservas, y confiando en la Providencia.

Por Javier Lozano / Fotografía: Dani García

La familia Zavala Gasset es un torrente que, empujado por la fuerza de una fe probada fuertemente, lleva el Evangelio a raudales. La fuente de esta fuerza surgió de la misericordia que experimentó José María, el pater familias, en una conversión fulminante, cuyos efectos arrastraron de manera inmediata a Paloma, su esposa, y como consecuencia a sus hijos, Borja e Inés. 

No son una familia al uso. Los cuatro se dedican, y además juntos, a evangelizar, ya sea a través de sus películas, libros y vídeos en YouTube, o promoviendo capillas peregrinas y organizando peregrinaciones. Vistos los frutos de su trabajo, se diría que sus días duran más de 24 horas, pues su producción es asombrosa y muy prolífica.

José María es un veterano periodista que, tras un “vuelco”  de vida “en cuestión de segundos”,decidió que toda su obra sería desde ese momento un instrumento de Dios. Son docenas de libros los que ha escrito, algunos de ellos poderosas obras que han ayudado a miles de personas, con títulos como Padre Pío (Libros Libres, 2010), Últimas noticias de Jesús (Espasa, 2023) o el más reciente, Los doce (Espasa, 2025), o su gran apuesta, la novela El Profeta (Ediciones B, 2025), que se publica en noviembre. A esta actividad literaria se ha unido su mujer Paloma y el sello editorial que la familia ha creado, Custodian Books.

Pero es en el ámbito audiovisual donde se han volcado especialmente, tanto a través del canal de YouTube, Refugio Zavala, como a través de Custodian Movies, desde donde han lanzado siete películas en siete años, entre las que figuran El misterio del Padre Pío (2018), El cielo no puede esperar (2023) o El latido del Cielo (2023), de las que ellos mismos son directores y productores. 

Pero esto no es todo. Inés, la benjamina de la familia, dirige la agencia de peregrinaciones Borch Travels.  Y por si fuera poco, los Zavala también promueven las capillas peregrinas del Padre Pío, una iniciativa que se ha extendido por varios países y que ya supera el millar. Todo sea, como comentan a Misión, “para gloria de Dios”.

¿Quién es la familia Zavala Gasset?

José María: Somos una familia normal que se dedica a evangelizar, con unos hijos maravillosos que rezan el santo Rosario diariamente, que frecuentan los sacramentos. La familia que reza unida permanece unida. Y todo empezó el 5 de agosto de 2009.

¿Qué ocurrió aquel día?

José María: Llevaba 15 años alejado de Dios sin pisar un confesionario. Ese día era la festividad de la Virgen de las Nieves y nos invitaron a Paloma y a mí a una misa en el Valle de los Caídos por el padre de un amigo nuestro que se estaba muriendo. Allí percibí en primera persona la infinita misericordia de Dios, como la última oportunidad de abrir mi corazón, y empecé a llorar. Estuve más de tres horas llorando.

¿Qué ocurrió después?

José María: Hablé con Paloma y le dije que no podíamos seguir así. Teníamos dos hijos, pero no estábamos casados a los ojos de Dios. Ella tenía su nulidad matrimonial, pero yo llevaba ya nueve años sumido en un proceso de nulidad. Vimos que teníamos que vivir como hermanos, confesarnos, ponernos en manos de un director espiritual y cambiar de vida. Y así lo hicimos.

¿Cuánto tiempo pasó?

José María: Nueve meses: el 5 de mayo de 2010, exactamente lo que dura un embarazo, me comunicaron mi nulidad matrimonial. Poco después, nos casamos a los ojos de Dios. A partir de ahí, el Señor me lo ha dado todo. No materialmente, sino espiritualmente. No me ha liberado del sufrimiento ni de los obstáculos, pero me ha enseñado a ser feliz en medio de todo ello. Inmediatamente después, fuimos a Roma a dar las gracias a la Virgen de las Nieves y a San Giovanni Rotondo, para hacer lo mismo con el Padre Pío. De ahí salió un libro que sigue siendo un instrumento de muchas conversiones.

Lo habéis contado ya en Misión, pero para los que no os conocen, ¿cómo fue ese este tiempo que vivisteis como hermanos?

Paloma: Lo recuerdo como la mejor época de mi vida. Gracias a la ayuda de un sacerdote, del Padre Pío y de la Virgen pudimos salir adelante. Fueron momentos duros, pero llenos de gracia. No he vuelto a vivir regalos del cielo tan grandes, gracias tan enormes. De esos momentos de castidad sacamos muchas cosas buenas.

¿Se podría decir que fue un tiempo que transformó vuestra familia?

Paloma: Dios tenía una misión para nosotros, no porque seamos estupendos ni maravillosos, sino porque necesitábamos ese cambio de vida. Ahora lo vemos con perspectiva: todo lo que nos ha pasado tiene un sentido, hasta las cruces que todos tenemos. Ese tiempo nos ayudó a ver en familia que la conversión es algo de cada día.

¿Cómo lo vivisteis vosotros, los hijos?

Borja: Recuerdo que intensificamos los sacramentos y empezamos a rezar el Santo Rosario. Y ya no solo íbamos a Misa los domingos, sino también entre semana. Para mí fue algo natural, pero es verdad que cuando te haces mayor y maduras un poco te das cuenta de la fe que tus padres te han legado, y a la que después, por ti mismo, tienes también que decir que sí.  

¿Cómo se produce esta llamada a dedicar vuestras vidas a evangelizar?

José María: Aquel 5 de agosto de 2009 tuve experiencias místicas y me sentí muy unido al Señor, que me hizo ver con una claridad meridiana que si yo me mantenía fiel a Él, me daría el ciento por uno. Hice un pacto con Jesús y le entregué mi libertad a imagen de la Virgen María, para que Él hiciera con mi vida lo que quisiera.

¿Por qué esa entrega tan radical?

José María: Simplemente por coherencia de vida. Tras la conversión, toda mi vida literaria cambió. Yo he publicado decenas de libros, pero desde aquel día publico libros que son instrumentos y que hacen bien a las personas. 

Paloma: Lo que hacemos ahora no es un trabajo, es una misión. No hay horarios. Las personas son almas que necesitan ayuda y Dios actúa a través de nosotros. O más bien, a pesar de nosotros. Que no desfallezcamos es la prueba fehaciente de que Dios  es el que lo hace. ¿Cómo se puede entender que una familia, los cuatro que ves aquí, hagan siete películas en siete años, publiquen libros, hagan peregrinaciones, tengan un canal de YouTube…? 

Es un torbellino que también ha arrastrado a los hijos…

Inés: Cada uno está creado para algo y yo veo que Dios quiere que evangelice a través de los medios que me ha dado, a través de mi familia, de las películas que hemos hecho y de las peregrinaciones, que es a lo que me dedico ahora. A veces es muy duro porque miras a otros jóvenes y ves que tú estás haciendo algo que no es lo que el mundo te ofrece. Pero estamos para hacer actos de caridad y el día de mañana tener algo que entregarle a Dios. Esto es lo que me ayuda muchas veces a seguir adelante y a decir: “Esto tiene sentido”.

¿Vosotros aportáis también el genio de vuestra generación?

Borja: Inés y yo estamos más familiarizados con lo digital y sabemos cómo transmitir y adaptar el mensaje a los tiempos de ahora y a conectar con el contenido que las personas consumen.

¿Percibís la ayuda de la Providencia?

Paloma: Totalmente. Cada mañana digo: “Dios mío, ayúdanos”. Ofrecemos el día a la Virgen y Ella hace el resto. Hay momentos duros, pero ahí es cuando me pongo a rezar a la Virgen y al Padre Pío. Tener ese hilo directo con el Cielo es súper importante. No hace falta ver el sol caer o fenómenos inexplicables, sino que lo vemos en montones de pequeñas señales que Él nos da. Lo que pasa es que nos falta fe. La tentación estará siempre ahí, porque este sector no es el más atractivo empresarialmente hablando.

José María: Nosotros literalmente nos hemos arruinado con las películas. Perdimos mucho dinero con la película de Wojtyla porque no pudimos estrenarla en cines por la pandemia. A pesar de eso seguimos adelante.

Paloma: No tenemos casa propia, y por eso vivimos de alquiler y nos hemos tenido que mudar muchas veces. Pero sabemos que estamos construyendo de otra forma. Eso nos ha ayudado a fiarnos más de Dios. Cuando emprendemos los proyectos hay mucha tentación y dificultades, pero cuando esto ocurre dices: “Esto es que va a dar mucho fruto”. Y es verdad, cuando lo dejas todo en sus manos aparece la Providencia. Si el proyecto tiene que salir, saldrá; y si no, pues no pasa nada. Por eso no vivimos preocupados por las cosas materiales.

Esta evangelización desenmascara el mal. ¿El demonio da mucha guerra?

José María: Cuando estuve con el padre Amorth en su sala de exorcismos en Roma, ya me lo advirtió:  “Prepárate, porque esto no te va a salir gratis; ármate bien con los sacramentales”. Tenemos muchos ataques del demonio, de todo tipo y condición. Él no perdona que le quites una sola alma. Empezando por la mía, que él pensaba que la tenía ganada. Cada vez que alguien te escribe y dice, “Gracias, he retornado a la Iglesia porque he leído tal libro o he visto tal película”, ya sabes que te va a atacar. 

¿Y se ha armado como el padre Amorth le pidió?

José María: Aquí tengo dinamita pura (se toca el pecho) y, aun así, hay ataques porque todo ese bien que el Señor está haciendo, el otro no lo tolera. Pero el Señor no te deja solo. Cuanto más nos ataca el demonio, más vemos la gracia. El Señor siempre está ahí. El mal se combate con el bien. Esto es así.

Los hijos también habréis sido testigos de grandes gracias, ¿como cuáles?
Inés: Muchísimas. Por ejemplo, en una peregrinación a San Giovanni Rotondo y a Asís había un matrimonio, ella estaba enferma y apenas podía andar, y el marido estaba alejado de la Iglesia. Ella acabó la peregrinación andando, y él, admirado por cómo veía a su mujer, se confesó después de 40 años y no paraba de llorar.
Borja: Recuerdo a Javier, un niño de tres añitos que llevaba hospitalizado en La Paz un año y estaba esperando un corazón. Su historia llegó a nosotros y le llevamos la primera capilla peregrina del Padre Pío. Los padres se encomendaron al Padre Pío y el niño conectó con él de una manera inexplicable para un niño de esa edad. Y justo el día  que terminó la novena llegó el corazón. Javier ahora tiene 10 años. Sus padres dieron su testimonio en la película Renacidos.

 Artículo publicado en la edición número 77 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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