José María Alsina y Alicia Casanova: “Cuidar a un hijo enfermo es una gran satisfacción”

José María Alsina y Alicia Casanova casi pierden a su séptima hija cuando tenía de 2 años. Casi 40 años después solo sienten agradecimiento por poder seguir cuidando a Memé, que, a pesar de tener una severa discapacidad es el alma de esta gran familia.
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Por Marta Peñalver / Fotografía: Patricia Martín

Artículo publicado en la edición número 60 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Cómo es ser padres y abuelos de una familia tan numerosa?

José María: Una familia tan grande es también muy variada, pasan muchas cosas, ¡no nos aburrimos!

¿Ha sido sacrificado?

JM: Implica grandes ocupaciones más que grandes sacrificios. 

Alicia: Y hoy seguimos disfrutando de tener una familia tan grande, ¡quizá más que antes!

¿Qué le pasó a Memé, la séptima de sus ocho hijos?

JM: Memé era una niña sana, pero con 2 años se infectó de un virus que le dañó la médula, y de un momento a otro se puso muy mal. No hablaba, le costaba respirar… Nos dijeron que se iba a morir. Su cuerpo se estaba paralizando poco a poco. Al principio no sabían cuál era el diagnóstico. Estuvimos 3 meses en la UCI y nos advirtieron de que nunca íbamos a salir de ahí porque Memé dependía de estar conectada a un respirador. Pero lentamente empezó a respirar y, aunque tenía una traqueotomía, los médicos vieron que podíamos irnos a casa.

¿Cómo fue la llegada a casa?

JM: Es cierto que nos costó asumir lo que estaba pasando, porque teníamos una niña que antes saltaba y corría y, de repente, ya no se podía mover, pero nosotros estábamos muy contentos. Los médicos nos decían que éramos demasiado optimistas, pero ya habíamos escuchado que Memé no iba a sobrevivir o que no saldríamos de la UCI… Tardamos un año en hacer la revisión para la minusvalía porque no nos hacíamos a la idea de que su condición fuera definitiva. Cuando finalmente fuimos, la médico nos dijo:  “¿Saben que estos niños no viven mucho tiempo, verdad?”.

Esa frase tan dura se la habrán dicho muchas veces, ¿no?

A: Sí. A lo largo de los años nos han seguido diciendo que iba a tener muchas dificultades y no creían que fuera a volver a respirar, pero poco a poco la situación fue mejorando.

¿Cómo fue a partir de ahí la infancia de Memé?

JM: Fue a un colegio normal y después a la universidad, y ha encontrado trabajo de lo suyo.

A: Hemos tenido mucha suerte porque encontrado mucha gente que ha hecho posible que Memé haya tenido una vida extraordinaria. En el colegio tenía una chica que le apoyaba, pero las compañeras también le ayudaban mucho. De hecho, llegó un momento en que ellas mismas dijeron:  “No hace falta que venga una persona a atender a Memé, ¡nosotras nos encargamos!”. Después, en la universidad, había un programa por el cual los compañeros se presentaban voluntarios para ayudar a jóvenes como Memé, y siempre tuvo una persona que la acompañó en sus años en la facultad. 

¿Creen que Memé es feliz?

A: Memé tiene una gran capacidad de ser feliz. Es muy trabajadora y siempre ha puesto todo el tesón para hacer las cosas que estaban a su alcance. Delante de ella, que siempre está feliz, es imposible estar triste. Ella ha sido, y es, muy feliz, y hace felices a quienes están a su alrededor. 

JM: Todo el mundo la quiere. Sus sobrinos cuando llegan van corriendo a verla porque es la alegría de nuestra familia. Tiene una sonrisa permanente.

¿Ha sido más duro cuidar y educar a Memé que a sus otros hijos?

A: Cuidarla, sí… Atenderla ha requerido mayor dedicación, y lo hemos pasado muy mal cuando Memé ha estado enferma por un resfriado, por ejemplo, y hemos temido por su vida. Pero educarla, no. Ha sido igual que educar al resto de nuestros hijos.

JM:  Todo depende de cómo afrontes la situación… Pero la recompensa es infinitamente mayor, y ahora que se han ido todos nuestros hijos de casa es un lujo tenerla a ella dándonos vida y ayudándonos en muchas cosas del día a día. Claro que las limitaciones son muchas, pero no lo vivimos así. Muchas cosas que haríamos no las hacemos y otras muchas que parecían imposibles hemos podido hacerlas.

¿Como cuáles?

A: ¡Memé ha hecho de todo! Soñaba con esquiar y la llevaron en moto de nieve por el  Valle de Arán, ha montado en un globo aerostático adaptado para ella, ha hecho rafting… 

JM: El año pasado hicimos una ruta por Francia en autocar con todos nuestros hijos y nietos para celebrar nuestras bodas de oro, y Memé hizo todas las excursiones con los demás. Fue un viaje muy bonito e intenso. 

¿Ha afectado a sus otros hijos tener una hermana dependiente?

JM: Se puede decir que Memé ha educado a sus hermanos. La vida tiene muchas limitaciones, pero en nuestra casa han sido mínimas. Ver la situación de su hermana y lo feliz que es ha sido un regalo para sus hermanos.

A: Para ellos ha sido una bendición. Todos la han cuidado mucho siempre.

¿Qué les diría a otras familias que, como la suya, tienen un hijo enfermo, un padre dependiente…?

JM: Que vivan el día a día, que siempre es soportable. No podemos estar pensando que pasará… 

A: En el día a día es como se descubre que aquello que parecía horroroso no lo es. Las dificultades no tienen por qué ser tragedias, son dificultades. Entiendo que hay situaciones muy duras, pero la cruz forma parte de la vida. Dios nos ha bendecido enormemente con nuestros hijos, y en concreto con Memé.

Un argumento muy extendido entre los defensores de la eutanasia es que el enfermo supone una gran carga para su familia… ¿qué opinan de eso? 

A: Creo que cuidar a los seres queridos enfermos, y en concreto a un hijo, es una gran satisfacción y un gran gozo. A pesar de que sea una vida sacrificada nunca lo hemos visto como una carga. Una persona enferma saca lo mejor de cada uno. Hay que convertir el cuidado en un hábito, y no pensar qué harías si no te hubiera tocado esta situación… También es cierto que Memé ha tenido un comportamiento ejemplar.

JM: Hemos tenido mucha suerte con nuestra hija. Su actitud siempre ha sido admirable.

¿Qué papel juega la fe en esto?

A: Hemos tenido siempre mucha confianza en Dios. Estamos en sus manos y todo lo que te pueda pasar no puede ser malo. Cuando Memé era pequeña fuimos a Lourdes con la esperanza de que la Virgen la podía curar. Pensábamos ir todos los años hasta que se curase. Y hemos ido casi todos los años, y Memé no se ha curado, pero el milagro es que la cruz es fuente de gozo. 

JM: Vemos la mano de Dios en todas las cosas buenas que han pasado alrededor, con su diagnóstico, con sus hermanos, con todas las personas que nos han ayudado… Cuando Memé ha estado enferma, muchísima gente ha rezado y eso ha dado sus frutos. Ella siempre ha dicho  “estoy contenta porque sé que me curaré en este mundo o en el otro”. La situación de invalidez no es eterna porque Dios nos acabará llevando a todos a la vida eterna.  

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