La revista más leída por las familias católicas de España

Kidsfluencers

Kidfluencers: cuando el niño se convierte en un «producto comercial»

Cada vez más niños protagonizan canales de YouTube o perfiles de Instagram con la aspiración de llegar a sumar miles de seguidores. Son menores, a veces muy pequeños, cuya infancia se transforma en un escaparate digital con peajes familiares que no siempre se calculan.

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

Se les llama kidfluencers. Son niños que aparecen en redes sociales mostrando juguetes, haciendo unboxing, bailes o retos, o simplemente enseñando su vida diaria. Muchos son hijos de los llamados family influencers, padres que graban contenido familiar y que, en ocasiones sin pretenderlo, convierten a sus hijos en las estrellas involuntarias de un fenómeno que combina entretenimiento, negocio y exposición mediática.

Como todo lo que tiene que ver con las redes sociales, el auge de los kidfluencers tiene asociados muchos claroscuros. Para el psicólogo Diego Cazzola, el primero de ellos tiene que ver con la ética: “De alguna manera, estamos asistiendo a una conversión del niño en un producto comercial”. En su opinión, “es una desvalorización de la propia dignidad del niño, porque su vida, su intimidad y su desarrollo se exponen a todo el mundo a una edad que no le corresponde”. A su vez, este fenómeno está vinculado a la búsqueda de rentabilidad: “La comercialización del niño transforma la infancia en un espectáculo de consumo, y eso no es sano como sociedad”.

Un negocio rentable

Cazzola da fe de una menor que tiene tantos miles de seguidores en redes que sus posts se han convertido en un negocio familiar y ella ha acabado dejando los estudios. Casos como este suceden porque estamos ante un negocio rentable. Según datos del sector, un influencer con entre 50.000 y 100.000 seguidores puede cobrar entre 500 y 1.000 euros por una publicación patrocinada. Y las cifras se disparan si supera el millón de seguidores, llegando a varios miles de euros por un solo contenido. En los casos más extremos, que ya trascienden nuestras fronteras, se manejan cifras en torno a 20 millones de euros facturados por un solo niño influencer.

«La vida del niño se expone al mundo a una edad que no corresponde»

Sin embargo, detrás de los números hay efectos menos visibles. La presión por mantener la popularidad y el número de likes puede ser devastadora. “Si genera problemas en los adultos o adolescentes, imagínate en los niños”, advierte el psicólogo. “Lo que ocasiona eso es una autoestima frágil y dependiente de que los demás estén validando constantemente mi trabajo, un trabajo que ni siquiera debería hacer. Este peso altísimo sobre los niños acaba por disparar los índices de ansiedad y depresión”.

Igual que los estudios sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo infantil desaconsejan su abuso –y en muchos casos su uso–, lo mismo sucede con los menores creadores de contenido. “Lo que necesitan es jugar, relacionarse y aprender fuera del entorno virtual. En lugar de hacer lo que tienen que hacer, se dedican a cosas que no les corresponden”.

¿Padres o managers?

La relación con los padres también se transforma en el caso de estos niños, pues sucede un cambio de roles que altera las relaciones familiares. “Los padres tienden a pasar de cuidar al niño a convertirse en sus managers –lamenta Cazzola–, ¿y quién trae el dinero a casa, el niño o los padres? Hay una inversión de papeles clara”.
Otro riesgo grave es la exposición sexualizada de los menores en redes, pues lo que promueven los algoritmos no son sólo los inocentes vídeos de gatos. También premian los contenidos más llamativos, y en el caso de las niñas eso se traduce a menudo en una estética adulta marcadamente sexy. “Les quitamos la infancia. Les adelantamos el mundo de los adultos y luego van vestidos como no deben”, denuncia el psicólogo.

«Los padres tienen a pasar de cuidar al niño a convertirse en sus managers»

En este sentido, lo que triunfa “no son los estándares de niños, sino los de adultos. Estamos haciendo niñas que parecen maquilladas y vestidas como mujeres”. Esta presión intolerable provoca que, “si tengo mucho éxito o veo que mucha gente sigue mi contenido, eso me anima a seguir”, afirma Rocío Paños, coordinadora de Familias y Bienestar en FAD Juventud. Pero esa exposición tiene un precio: “Esos niños están muy expuestos tanto a lo positivo como a lo negativo, y pueden recibir muchas críticas que minen su autoestima o, al contrario, reforzarla de manera artificial, buscando continuamente un refuerzo positivo” que no les hace mejores personas.

Artículo publicado en la edición número 78 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

junio, julio, agosto 2026